Historia de este cóctel: el Dry Martini

Tienes sed, ¿verdad?

Alrededor de las cosas importantes de esta vida existen especulaciones: la receta de la Coca Cola, la creación del universo, el color de aquel vestido azul-negro o blanco-dorado (era blanco y dorado, por cierto), la expresión de la Gioconda, la llegada del hombre a la luna y la creación del Dry Martini.
“Ponme un dry, Martini”. Parece que así le pedían allá por 1910 un cóctel seco al jefe de barra del Hotel Knickerbocker de Nueva York, que se llamaba, precisamente, Sr. Martini. Y este señor les servía ginebra con vermut seco. Por su popularidad al final el cóctel acabó tomando su nombre. Esta es una de las teorías. Sin embargo se desmorona rápidamente, pues la primera receta publicada bajo el nombre “Dry Martini” aparece en el libro American Bar de Frank Newman de 1904. Y, evidentemente, se hacían Dry Martinis antes de esto en EEUU.

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La ciudad que vio nacer al Dry Martini

Luego tenemos, como en la vida misma, la teoría de la evolución (pero esta no la pensó Darwin). Se dice que todo comenzó con el Manhattan, que como buenos bartenders sabéis que lleva whiskey, vermut rojo y amargo de angostura. Más tarde vino el Martínez. En The Modern Bartender’s Guide (1884) vienen a decir que es básicamente lo mismo que el Manhattan pero con ginebra, en vez de whiskey (también hay varias teorías sobre el Martínez, pero esas las dejamos para otro día). Después viene el Martini y posteriormente este digievoluciona en Dry Martini.
Toda esta metamorfosis se debe en parte a la tendencia de hacer los cócteles cada vez más secos en Estados Unidos. Durante los años 1890, se eliminaron y se sustituyeron elementos de algunas recetas. Por ejemplo, desaparecen el sirope de azúcar y los licores con que se hacía el Manhattan. El Old Tom Gin del Martini se sustituye por el London Dry. Se empiezan a elaborar más tragos con vermut seco. Y culmina esta moda el Dry Martini, que elimina todos los licores y el azúcar de sus predecesores.
Por último están los que creen que el Dry Martini nació por necesidad. En 1867 entra el Martini de los italianos Alessandro Martini y Luigi Rossi a Estados Unidos. Aprovecharon el auge del cóctel que llevaba el mismo nombre y lanzaron el eslógan “It’s not a Martini unless you use Martini vermouth” (no es un Martini, si no usas el vermut Martini).
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A tope con el Martini

El cóctel no tardó en hacerse popular y se ha convertido en un símbolo entre personajes y famosos. Ernest Hemingway puso en boca del protagonista de su obra Adiós a las armas, refiriéndose al Dry Martini, que “Nunca había probado algo tan fresco y limpio. Me hacía sentir civilizado”. Winston Churchill lo prefería con muy muy muy poco vermut, casi que la ginebra lo viera desde lejos y ya. Y James Bond, como todos sabemos, lo quería “shaken, not stirred” (agitado, no mezclado).
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Mis personajes, a mi imagen y semejanza. Jijijiji.

Y así como última curiosidad… El Hotel Knickenbocker cuenta hoy con una ‘Martini suite’ en su planta número 15 con unas espectaculares vistas a Times Square. Cualquiera se toma ahí un Dry Martini a gusto especulando sobre sus orígenes, ¿eh?

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