Tres historias de vinos y cócteles

El origen de muchos de los cócteles están rodeados de nebulosas historias y anécdotas. Sobre algunos de ellos, el origen es incierto y sobre otros se arrebatan el lugar exacto de dónde nacieron. Por si esto fuera poco, los ingredientes y proporciones han ido cambiando según el lugar de elaboración, los establecimientos y barmans, dando lugar a creaciones similares pero no exactamente iguales.
Sobre los cócteles a base de vino, (y no sólo hablamos de tintos, blancos o rosados, pues vino también es el cava, champagne, generosos y muchos más), existen curiosas historias vinculadas a momentos históricos, personajes locales y tradiciones regionales. Como ejemplo, estos tres cócteles de vino blanco, espumoso y vino tinto de origen francés, italiano y chileno.
Kir
Es uno de los aperitivos más tradicionales de Francia. Todo un clásico y muy sencillo de elaborar pues solamente se utilizan dos ingredientes: crema de cassis y vino blanco servido directamente en copa de vino.
El cóctel nació en Borgoña, y más exactamente en Dijon. Su primer nombre fue blanc cassis y parece ser que lo elaboró un camarero de nombre Faivre. Su idea fue combinar dos productos locales: vino blanco seco y cassis. A partir de ahí, el aperitivo empezó a servirse en las recepciones oficiales y a extenderse su popularidad.

Félix Kir da nombre a este aperitivo. Foto: Tim Lucas.
Félix Kir da nombre a este aperitivo. Foto: Tim Lucas.

El nombre de Kir se adoptó en el año 1951 en honor de Félix Kir, canónigo y alcalde de la ciudad, que promocionaba así los dos productos más arraigados en su región. Un año que coincide con la patente de la empresa inventora del crème cassis, Lejay Lagoute, quien registró Kir® en el año 1952. Algunos años después aparecería el mismo cóctel en su versión con champagne, añadiendo al nombre la palabra Royale.
Originalmente, el cóctel se elaboraba con vino de Aligoté, variedad de uva blanca tradicional de Borgoña. Hoy en día se utilizan otras uvas blancas, como la Chardonnay. Sin duda, esta región francesa es donde se elaboran los más grandes vinos blancos de mundo, cuya longevidad y calidad pocos alcanzan.
Para elaborar un Kir, solo tienes que echar un poco de crema de cassis en una copa, añadir vino blanco y revolver suavemente. Fácil, rápido y elegante.
Bellini
Sirviendo en una copa tipo flauta 1/3 de zumo de melocotón y 2/3 de cava, champagne o prosecco frío obtendremos el famoso Bellini. Un cóctel basado originalamente en la tradición italiana de macerar melocotones frescos de temporada con vino. Giuseppe Cipriani fue el creador de esta bebida en el Harry’s Bar de Venecia en 1945, un pequeño local situado en el Gran Canal (calle Vallaresso 1323), cerca de la Plaza de San Marcos y que aún hoy se puede visitar.
Según cuentan, mezcló el jugo de melocotones frescos con un prosecco -espumoso italiano-, gustó mucho a los clientes y como era el año de la exposición antológica de “Giambellino” Bellini, lo llamó así en su honor. Cipriani dedico su cóctel al pintor veneciano del siglo XV también por la característica tonalidad rosada de la bebida, similar al color que el artista utilizada en sus pinturas. Cuentan también que Giuseppe prestó dinero a un estadounidense de nombre Harry Pickering, cliente suyo en el Hotel Europa, para poder regresar a su país. Años después, y para compensarle, volvió a Venecia y abrió en sociedad el que sería Harry´s Bar. El resto ya es historia. Ernest Hemingway, Orson Welles, F. Scott Fitzgerald o Dorothy Parker pusieron de moda el local, fama que aún perdura hoy en día. Por cierto, también se le atribuye a Cipriani la creación del carpaccio, unas finas láminas de solomillo crudo de buey que elaboró especialmente para la condesa Amalia Nani di Mocenigo, a quien el médico le había impuesto una dieta con carnes no cocinadas.
El Bellini debe su nombre al famoso pintor. Foto: Crazybobbles.
El Bellini debe su nombre al famoso pintor. Foto: Crazybobbles.

Vaina chilena
Es uno de los cócteles de vino más populares en Chile. Generalmente se toma como aperitivo antes de la cena. Sus ingredientes principales son vino, coñac y licor de cacao, además de una yema de huevo, azúcar y canela en polvo.
El origen de este cóctel es muy curioso, puesto que su nombre se debe a Andrés Bello, jurista, poeta, académico y ensayista nacido en Venezuela en el año 1781. Que una bebida se dedique a un humanista no es habitual. Andrés Bello llegó a Chile después de vivir durante veinte años en Londres. Fue el primer rector de la Universidad de Chile, senador, redactor del Código Civil, participó en el Movimiento Literario de 1842 y obtuvo la nacionalidad chilena otorgada por el Congreso Nacional. Hoy en día existe una universidad privada en Santiago de Chile que lleva su nombre.
Dicen que Andrés Bello era cliente habitual del un club en la capital chilena donde servían un aperitivo sin nombre específico y que él acostumbraba a beberlo. Así que el modo de perdirlo era por “vaina”, una palabra que viene a significar “cosa”, como algo indefinido. Y así fue cómo empezó a llamarse al cóctel.
La vaina chilena se prepara en una coctelera con hielo donde se baten todos los ingredientes y se sirve colado en una copa. Se adorna con canela en polvo. El cóctel se elabora con 50 cc vino añejo, 30 cc coñac, 30 cc licor de cacao, 2 cucharaditas de azúcar y 1 yema de huevo. Existen variantes a esta fórmula, con vino y vermouth blanco, con coñac y vino de jerez.

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