Perspectiva feminista: cuatro barmaids hablan sobre machismo, logros y el largo camino por recorrer.

 


Hace unos días, la actriz inglesa Helen Mirren nos brindó algunas perlas de sabiduría en un discurso en la Universidad de Tulane. “He entendido el feminismo no es una ideas abstracta sino algo necesario si realmente nosotros (y por nosotros me refiereo a vosotros, chicos) caminamos hacia adelante y no hacia atrás, hacia la ignorancia y los terribles celos. Así que me declaro feminista y os animo a todos a serlo”.
Toda la lógica del mundo si desterramos de una vez la extendida y peligrosa idea de que el feminismo es algo radical. Nada más lejos de la realidad. Feminismo es estar al lado de nuestras madres, novias, esposas, hijas, hermanas. Es apoyar un colectivo que sistemáticamente es vejado, vulnerado y maltratado. Feminismo no es lo contrario a machismo. Feminismo es la respuesta.
Y me diréis, ¿qué pinta todo esto en un blog de coctelería? Bueno, como en todos los sectores de la sociedad patriarcal, el bar es un lugar donde se dan a diario micromachismos y macromachismos. En un sector altamente copado por hombres, la presencia femenina tras la barra aún es muy minoritaria. Pero haberlas, haylas. Ahí están, enfrentándose muchas veces a los prejuicios y las sistemáticas situaciones enquistadas en una sociedad claramente machista. Hoy damos la voz a cuatro valientes barmaids que nos hablan desde su experiencia personal. Ojalá sus palabras nos hagan pensar y reflexionar y reafirmar nuestro compromiso (el de todos y todas las personas que trabajamos en los bares) con una sociedad más justa y más feliz.
Empezamos por algo muy de perogrullo pero que realmente es la base de todo. ¿Qué es una barmaid? Sarah Mendes, finalista portuguesa en la presente edición de la Bacardi Legacy Cocktail Competition 2017, cree que “aún tenemos una perspectiva muy errónea de lo que es una barmaid. Solemos identificar a la chica detrás de la barra de la discoteca sirviendo ‘ron con cola’ o ‘vodka con zumo de naranja’, de buen ver y ya está. Pero te sorprendería saber cuántas de estas chicas empezaron trabajando en un bar para desarrollar sus capacidades como mixólogas, ya que son capaces de ver que hay un lugar en el mercado para ellas”.
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Hemos crecido en un modelo de sociedad más patriarcal que por supuesto influye en nuestra forma de percibir el machismo“, Loreta Toska.

Las barmaid que van ocupando espacios de relevancia tienen una misión más importante aún que crear y servir copas.
Selba Guersenzvaig,  bartender en el recién inaugurado Macera de Barcelona y estudiante de Humanidades Modernas y Contemporáneas, cree que su presencia tras la barra forma parte de “un movimiento mayor que componemos todas nosotras. Asimismo, la visibilización y respeto de la mujer se fundamenta desde lo que se alza en conjunto: hombres y mujeres, tanto dentro como fuera de la barra”.
La cultura coctelera, como sabemos, tiene un origen anglosajón. Trasladada a países de cultura latina como el nuestro puede tergiversar aún más el rol de la mujer tras la barra. Loreta Toska, griega de adopción y flamante finalista de la Bacardi Legacy Cocktail Competition,  considera que “hemos crecido en un modelo de sociedad más patriarcal que por supuesto influye en nuestra forma de percibir el machismo”. Este tipo de comportamientos se pueden apreciar en algo tan cotidiano como el trato diferencial hacia la mujer tras la barra por parte de un jefe hombre. La misma Loreta afirma que “por desgracia” sí que ha notado un trato diferente y asegura que “nosotras tenemos que demostrar un poco más que los hombres”.
Miriam Campa, jefa de barra de El Maravillas de Barcelona, también asegura que “inevitablemente en mayor o menor grado he notado alguna vez un trato diferente”. Selba agradece que la generación de bartenders con la que se ha encontrado no responde a estos estereotipos y son claramente feministas, pero la cosa cambia con el trato de algunos superiores: “Potenciado por el ambiente nocturno y el consumo excesivo de alcohol, lamentablemente he tenido lidiar con superiores que me han faltado el respeto mediante insinuaciones sexuales y comentarios o gestos fuera de lugar, cuando mi respuesta era claramente negativa. Después de años y con la suerte de tener en la actualidad un superior bien feminista, he aprendido a tratar con ello, pero en su momento me encontré en la horrible situación de preocuparme por mantener mi puesto laboral por responder a estos gestos”. Un escenario que muchas mujeres encuentran a diario en su lugar de trabajo.
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En comparación con compañeros masculinos, nuestra evolución en mi opinión, es más lenta para llegar a puestos más elevados y de más o igual responsabilidad“, Míriam Campa.

Las suspicacias también se dan en otros ámbitos como en una competición de alto nivel, como la Bacardi Legacy Cocktail Competition. Sarah Mendes afirma que “mientras hubo gente que me apoyó y me animó a participar, otros dudaron de mi y dijeron que no sería capaz de hacerlo, ya que es muy duro con tan sólo dos semanas de ensayos para una mujer (sic)”. Es un tema complejo. Para Selba: “En el caso de los concursos, y solo considerando mi experiencia personal, es que aunque sí me he encontrado con una discriminación positiva para participar en ellos (invitaciones e insistencias para participar), nunca me he  encontrado con una discriminación positiva en los resultados. En otras palabras, sí que se me ha motivado y facilitado el participar en ellas, pero mi condición de mujer nunca ha influido en el ganar o no”.
La discriminación en el trabajo tras la barra puede ser de doble vía, como le pasó a Selba, pero no se trata de una discriminación positiva sino del estigma que aún está muy extendido de que tras la barra debe haber una mujer atractiva: “Me viene a la mente, por ejemplo, una anécdota de hace algún tiempo: se me había asignado la tarea de elegir el equipo de barra para un evento importante, y estipular el puesto de cada bartender. Elegí el head bartender considerando únicamente las capacidades profesionales y su potencial trato con el cliente, pero finalmente mi jefe decidió cambiarlo porque el chico que yo había señalado ‘era bueno pero no tan agradable a la vista como la chica’ (permítaseme recalcar que la chica no estaba capacitada profesionalmente y sus prioridades eran superficiales)”. Un ejemplo claro, como ella tan bien describe, de la “objetificación de la mujer, donde es más importante su sexualización que su función y capacidad profesional, pero desgraciadamente este hecho está presente en gran variedad de aspectos de la sociedad”.
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Si dudas de la capacidad de una mujer en la barra, en realidad dudas de la capacidad de la mujer en cualquier otro sector“, Sarah Mendes.

Claramente estos comportamientos forman parte de un tema estructural y enquistado. Si nos referimos al ámbito estricto de la coctelería, además, son definitorios, tal y como explica Sarah, de que “no tienen ni idea de historia de coctelería y de que existió alguien como Ada Coleman, que fue jefa de barra del Hotel Savoy de Londres y que además inventó el hanky panky. Vale, no hubo muchas, pero existieron”. En realidad, volvemos al quid de la cuestión, como apunta Sarah: “Si dudas de la capacidad de una mujer en la barra, en realidad dudas de la capacidad de la mujer en cualquier otro sector. Pero sí, aún existen muchos hombres que creen que deberíamos estar lavando vasos”.
Estar de cara al público y en un bar es un combo para catalizar comportamientos machistas. “Algunos piensan que tienen derecho a flirtear porque somos ‘frágiles e inocentes’. Pero ocurre pocas veces; si trabajas en un lugar con estrictas normas de comportamiento para los clientes no suele ocurrir”, comenta Sarah.
¿Lo tienen las mujeres más difícil para llegar alto en este sector? Loreta, por ejemplo, cree que en las competiciones no especialmente, ya que es igual de duro para hombres y mujeres, pero que sí que encuentra dificultades en este aspecto en su rutina del día a día. Miriam Campa cree que “a comparación con compañeros masculinos, nuestra evolución bajo mi opinión, es más lenta para llegar a puestos más elevados y de más o igual responsabilidad”.
Las cosas, afortunadamente, van cambiando poco a poco. Los clientes se van acostumbrando a ver mujeres tras la barra y destierran prejuicios: “Algunos se quedan realmente sorprendidos de la calidad de las bebidas que creamos y preparamos. Yo misma estoy muy solicitada cuando se trata de buscar perfección en sabor, olor y textura”, nos cuenta Sarah. Miriam también ve una evolución positiva en este aspecto: “Actualmente bajo mis experiencias ya no tanto, pero sí todavía noto ciertos reparos con hombres de cierta edad”. “He vivido reacciones negativas en el pasado —añade Loreta— pero puedo asegurar que han sido muy minoritarias”.
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Lamentablemente he tenido lidiar con superiores que me han faltado el respeto mediante insinuaciones sexuales y comentarios o gestos fuera de lugar. Actualmente tengo la suerte de tener un superior bien feminista“, Selba Guersenzvaig.

¿Y los colegas hombres? ¿Cómo es el trato diario? En general la respuesta también es positiva, pero siempre con matices. Loreta, por ejemplo, cree que “una vez demuestras que vales, ya no es un problema”. Para Sarah las suspicacias también se dan al principio: “Las cosas pequeñas como cambiar el bidón de cerveza o limpiar la barra creen que no somos capaces de hacerlo porque somos mujeres. Este tipo de pensamientos está muy interiorizado”.
Lo que está claro es que la diferencia, si es que existe, suma. Hombres y mujeres, ¿funcionamos de forma diferente a la hora de crear un cóctel? Sara comenta que “las mujeres tienen un 50% más de células olfativas, es una razón biológica y científica, por lo que el sentido del olfato está más presente. También creo que en general nos centramos más en el aspecto visual de un cóctel que un hombre. Pero yo creo que hay de todo. Hacer cócteles es un arte; usas tu creatividad y todos tus sentidos para crear algo nuevo y eso forma parte de la naturaleza humana en general, seas del sexo que seas”. Para Miriam, “somos diferentes, eso es evidente, y ahí está la esencia y la magia de la coctelería o en cualquier otro ámbito”. Selba difiere sobre la diferencia, al menos la estrictamente biológica: “Creo que en la capacidad de distinciones organolépticas el género no es algo a tener en cuenta. Estos atributos se presentan de manera diferente por algo innato, trayectoria, experiencia y formación, nunca directamente desde la fracción de hombre/mujer”. Lo mismo opina Loreta, que cree que “cada persona tiene diferentes habilidades pero no residen en el factor específico de ser hombre o mujer”.
Son cuatro opiniones, pero son también cuatro ejemplos. Al fin y al cabo las experiencias definen las sociedades. Ellas han hablado sin tapujos y dejan frases que deben hacernos reflexionar a todos y todas. Eso sí, no perderemos nunca la perspectiva que da Sarah y que hace que adoremos esta profesión: “No importa si eres hombre o mujer, lo que importa es compartir la misma pasión y tener la oportunidad de formar parte de una gran familia. Y respetarnos unos a otros porque ponemos pasión en lo que hacemos”.
Y si es así, el futuro también será femenino.

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