El ‘cuñadismo’ del gintonic está matando al bartender

0 3 noviembre, 2016 - Consejos

¿Me pones un gin-tonic?” Ésta es, probablemente, la frase más escuchada en las barras españolas (y cada vez más en otras partes del mundo) de un tiempo a esta parte. Es, también, una nueva forma de cuñadismo, ese fenómeno tan pintoresco que consiste en unir cuatro puntos sin correlación alguna y transformarlos en una sentencia firme sobre cómo se tienen que hacer las cosas. Porque lo que a veces hay detrás del “¿me pones un gin-tonic?” no es el deseo de disfrutar de un trago refrescante, sino la necesidad de confirmar o refutar si el bartender lo hace bien, mal o regular. Y el criterio para medirlo no es el resultado final, sino arbitrariedades del tipo “no ha usado el jigger”, “no ha deslizado la tónica por la cucharilla” o “a esta ginebra lo que más le pega es el perejil y no se lo ha puesto”.

El cuñadismo del gin-tonic es una perversión de lo que viene a llamarse el perfect serve. Son tantos los esfuerzos que, desde los departamentos de marketing de las marcas, se hacen por diferenciarse de la competencia —cuando en ocasiones salen del mismo alambique de marca blanca con distinta etiqueta—, que se ha creado toda una estirpe de cuñados expertos en recomendar cómo se tiene que mezclar tal o cual ginebra.

No hay comida o cena familiar en la que no aparezca el cuñado con su capacidad para pontificar sobre cualquier cosa, ya sea política, deporte, física cuántica o, especialmente, cómo preparar el gin-tonic perfecto. “A esa ginebra lo que hay que ponerle es laurel”. “A esa otra no se te ocurra echarle piel de lima”. “Son dos semillas de cardamomo las que hay que poner en la copa, ni una más ni una menos”.

preparando-un-gin-tonic-bombay-pg

El cuñadismo gin-tonic no te perderá de vista si eres bartender

El conocimiento cuñado del gin-tonic no proviene de su experiencia como bartender, ni de su formación en escuelas de hostelería, ni de su participación en seminarios sobre destilación, ni de su desarrollado sentido del olfato para jugar con las propiedades organolépticas, ni de… Proviene simple y llanamente de la desinformación que ha provocado el perfect serve, ese ritual que las marcas de ginebra han repetido hasta la saciedad sobre cómo debe prepararse el gin-tonic perfecto.

Hasta aquí el diagnóstico. Nada del otro mundo. Otro caso de información mal canalizada. Basta con que el bartending se encargue de educar al cuñado sobre qué es, de dónde viene y por qué preparar de esta u otra forma el gin-tonic. Al fin y al cabo, que un consumidor sea víctima de una campaña de marketing es algo que sucede cada día. Para eso están los bartenders: para decirle al cuñado por qué él no recomienda ponerle perejil a la copa, para explicarle que si le sirve esa ginebra con piel de lima en lugar de con rodaja de naranja es porque quiere resaltar el carácter cítrico y ligeramente picante de uno de los ingredientes con los que se elabora y atenuar el dulzor de otro. En definitiva, el bartender es el contrapeso al cuñadismo del gin-tonic que han creado los departamentos de marketing de las marcas de ginebra.

El problema es que este cuñadismo está traspasando la frontera del cliente para instalarse en el otro lado de la barra. Es tal el boom que ha experimentado la ginebra, con más de 500 referencias en el mercado español, que algunos locales parecen haberse embarcado en una carrera por ver quién es capaz de ofrecer más referencias de gin en su carta. ¿Existe alguna capital de provincia sin un bar que tenga más de 150 ginebras?

cyclonebill-flickr

¿Perfect serve u ortodoxia? Más vale marcar la diferencia. Foto: Cyclonebill, Flickr

 

El fenómeno comienza a ser recurrente: pides un gin-tonic en uno de estos locales y lo que obtienes a cambio es el mismo perfect serve que la marca se ha encargo de difundir vía bombardeo publicitario. Cada ginebra se sirve con el correspondiente botánico que pregona la destilería. Sí, también tienen perejil. Y fresas, que últimamente parece que se ha convertido en el ingrediente favorito del cuñado del gin-tonic.

Este proceso, lejos de facilitar al cuñado de turno la posibilidad de disfrutar de su gin-tonic preparado según las indicaciones pertinentes de cada marca de ginebra, en realidad supone una muerte prematura para la creatividad del bartender, relegado a través de este efecto a la figura de un mero replicante que ejecuta una fórmula matemática desarrollada en el departamento de marketing de alguna destilería. Tantas semillas de cardamomo, tantas láminas de fresa y la cucharilla bien alta para servir la tónica.

Que el cuñado del gin-tonic no sea consciente de que el gin-tonic perfecto no existe, y que ese ente denominado perfect serve no es más que un invento, ni mejor ni peor que cualquier otro, quizás sea un daño colateral. Para el bartender el riesgo va más allá. Porque, pongámonos a pensar: si en todos los locales preparan el gin-tonic de la misma manera, siguiendo las mismas indicaciones de la marca, con los mismos botánicos y en las mismas proporciones, ¿qué hace especial entrar a tomarse un trago a ese establecimiento?

loppear-flickr

Con tantas posibilidades, ¿merece la pena encerrarse en una única elaboración?. Foto: loppear, Flickr

Seguir al pie de la letra el perfect serve elimina la esencia creativa del bartender y lo convierte en una franquicia que replica una receta estandarizada una y otra vez. La misma receta que también sigue el bartender de al lado. O la que el cuñado puede poner en práctica en el salón de su casa. Llegados a este extremo ni siquiera hará falta un bartender que sepa trabajar la ginebra. Bastará con alguien que sepa leer el perfect serve que recomienda la destilería y la replique en formato copa de balón.

¿Por qué desaprovechar las inmensas posibilidades que ofrece el catálogo de ginebras que hay en el mercado para reducirlo a una mera cuestión de A+B=C? En algunos locales hace tiempo que huyen de cuñadismos replicantes para construir sus propios gin-tonics, bien sea macerando cada ginebra para aflorarle determinadas notas, como hacen en el Bobby Gin de Barcelona, o elaborando sus propios tés aromáticos con los que aromatizar la copa una vez mezclada con la tónica.

En uno y otro caso el cuñado queda desarmado y la experiencia de tomar un gin-tonic ya no es la de sentarse frente a la barra y observar si el bartender ejecuta bien, mal o regular el perfect serve que recomienda la marca. Es una experiencia totalmente enriquecedora que abre nuevos horizontes en la forma de disfrutar de un gin-tonic. Siempre de forma única, sabiendo que sólo en ese local lo preparan así.

De ahí que a la pregunta “¿me pones un gin-tonic?” debamos empezar a responder con un “aquí lo servimos así”.

Ismael Labrador

Ismael Labrador

Ismael Labrador, autor de No te Subas a la Barra, es periodista y barman.

1 Comentario

  • rlto 3 noviembre, 2016 - 9:38 pm Contestar

    Gintonics por ahí, que parecen ensaladas

  • Deja tu comentario

    *

    Esta página web usa cookies para mejorar su navegación. Si continuas navegando entendemos que aceptas su uso. Mas información aquí.