Y así fue como los licores crearon la civilización

0 25 abril, 2017 - Curiosidades

Tenemos asumida la idea de que los licores y los bares son una consecuencia de nuestra vida contemporánea. Vivimos en una civilización contemporánea cuyos horarios laborales nos permiten disfrutar de ciertas horas de ocio que podemos llenar brindando entre amigos. Pero, ¿y si en realidad fuera al revés? ¿Y si los licores, la cerveza o el Old Fashioned no fueran una consecuencia de nuestro modus vivendi, sino que es nuestro afán por disfrutar de un buen licor lo que nos ha hecho civilizados?

Algunos estudios científicos del ámbito de la arqueología, la paleontología, la biología o la sociología sugieren precisamente esto: que el homo sapiens es intrínsecamente un homo licoricus, y que ha sido la búsqueda de una forma de producción de alcohol etílico desde el neolítico la que creó la civilización. El alcohol nos hizo humanos.

Empecemos por lo primero: la biología. Hace 130 millones de años aparecieron en nuestro pequeño planeta las primera plantas con flores. Este acontecimiento desencadenó una guerra química entre las levaduras y las bacterias. Ambas se alimentaban de la concentración de azúcares que las plantas acumulaban en sus flores y frutos. Pero las primeras fueron capaces de crear mecanismos para dejar tras su paso un rastro de etanol que envenenaba a las segundas. Había nacido con ello la fermentación natural.

Para el psicólogo Robert Dudley, de la Universidad de Berkeley, nuestros primeros antepasados supieron aprovechar esta capacidad de las levaduras para fermentar los frutos como una herramienta de supervivencia. Dudley presentó en 2004 una investigación titulada El mono borracho: por qué bebemos y abusamos del alcohol. Su hipótesis viene a decir que llevamos el gusto por el alcohol en los genes. La explicación es la siguiente. La fermentación se produce de forma natural en las frutas que han alcanzado su punto óptimo de maduración. Hace entre 10 y 30 millones de años los primeros primates dependían de la fruta como fuente de alimento principal, por lo que desarrollaron una atracción hacia el etanol como forma de supervivencia. En otras palabras: las frutas que olían a etanol eran las más maduras y, por tanto, las más nutritivas. Una prueba de esta adaptación es el hecho de que hace 10 millones de años se produjo una mutación genética en uno de nuestros ancestros que nos habilitó a sintetizar al etanol 40 veces más rápido.

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Según diversos estudios, las civilizaciones urbanas surgieron como consecuencia de nuevas formas de producir más vino y cerveza.

Algunos millones de años más tarde los humanos modernos comenzaron a amar las levaduras y buscaron formas de domesticarlas. Es curioso, pero en todas las culturas, tribus y civilizaciones, tanto actuales como antiguas, se han encontrado pruebas del consumo habitual de bebidas alcohólicas. Desde las tribus perdidas del Amazonas a las sociedades urbanas desaparecidas del sudeste asiático, pasando por los aborígenes australianos. Parece que el ser humano, desde que es tal, ha tenido especial predilección por los bares.

Sigamos avanzando en la visión que tiene la paleontología del homo licoricus. Desde el surgimiento de las primeras civilizaciones, hemos creado licores a partir de casi cualquier cosa que hemos ido recolectando y cultivando. ¿Queda algún ingrediente botánico que no hayamos macerado, fermentado o destilado para elaborar cualquier tipo de alcohol?

El arado se inventó para beber cerveza

Entre los paleontólogos, sociólogos y arqueólogos hay un consenso unánime acerca de cuál fue el acontecimiento que promovió las primeras civilizaciones urbanas: la agricultura. Hasta no hace mucho tiempo se consideraba que el ser humano había desarrollado la agricultura como una forma de obtener alimento de forma regular y constante sin necesidad de desplazarse grandes cantidades de kilómetros para recolectarlo. Simplemente se domesticaba una planta, se cultivaba y se alimentaba de ella. Esto implicaba tener que estar asentado en un mismo sitio, impulsando así el urbanismo.

Desde hace unos años varios investigadores sugieren que el objetivo que buscaban los primeros urbanitas humanos no era acceder a una fuente de alimento, sino a una fuente de licor. El arqueólogo Patrick McGovern afirma que “la domesticación de las plantas fue impulsada por el deseo de tener mayores cantidades de bebidas alcohólicas”. Es decir, que no empezamos a cultivar cereales para producir pan, sino para producir cerveza. Es algo en lo que también coincide la periodista científica Karin Bojs en su libro Mi gran familia europea, donde describe la vida de los habitantes de Europa antes del surgimiento de la escritura.

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Los primeros cultivos de cereal tenían como objetivo producir cerveza.

Se han encontrado pruebas del consumo de bebidas alcohólicas en diferentes civilizaciones prehistóricas anteriores al desarrollo de la agricultura. Los primeros pobladores de lo que hoy es Chile bebían un licor hecho a partir de patatas salvajes 13.000 años antes de Cristo. En China, se han hallado vasijas con restos de vino de arroz de entre 7.000 y 8.000 años de antigüedad. Justamente coincide en el tiempo con la época en la que se realizaron los primeros cultivos de arroz en la zona. McGovern y Bojs están convencidos de que estos habitantes andaban buscando una forma de producir más licores cuando inventaron la agricultura.

Cuando beber licor era menos peligroso que beber agua

El alcohol etílico, en sus diversas formas, ha sido un ingrediente básico a lo largo de nuestra historia hasta hace relativamente poco. No debemos olvidar que la cloración del agua para hacerla potable es una invención de principios del siglo XX. Hasta entonces, acceder a una fuente de agua potable no estaba al alcance de todo el mundo y se producían numerosas infecciones y plagas por enfermedades transmitidas a través del agua, como el cólera, la disentería o la fiebre tifoidea.

Las propiedades antisépticas del etanol hacían del alcohol un excelente conservante para los alimentos. Y beber bebidas fermentadas era una alternativa más salubre que beber agua estancada repleta de patógenos. Sirva como ejemplo el cliché de los piratas borrachos de ron que ha llegado hasta nuestros días. Efectivamente, durante siglos las expediciones marinas iban cargadas con toneles de alcohol. Resultaba más seguro para evitar infecciones que llenarlos de agua que, con el paso del tiempo y el calor de a bordo, fuera cultivando patógenos y bacterias.

Hoy el alcohol y los licores forman parte de nuestro ocio. No bebemos por necesidad. Y la mejora de las técnicas de destilación y fermentación nos permiten acceder a licores cada vez más refinados y menos agresivos. Sin embargo, aunque el alcohol ha sido uno de los motores impulsores de la civilización, no debemos olvidar que cada año mata a más de 3 millones de personas y causa enfermedades hepáticas, cáncer y problemas sociales.

Ismael Labrador

Ismael Labrador

Ismael Labrador, autor de No te Subas a la Barra, es periodista y barman.

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