El garrafón son los padres

0 27 junio, 2017 - DESTILADOS Y LICORES

Ha llegado el momento de dejar claro que esa imagen entre sórdida y cinematográfica de un puñado de tipos de mal vivir elaborando destilados ilegales en talleres clandestinos, una fotografía que habita en nuestro imaginario colectivo cuando escuchamos la palabra garrafón, es pura ficción. El garrafón, tal y como muchos lo hemos imaginado en alguna mañana de resaca apoteósica, hace tiempo que dejó de existir.

Esto no significa que no se infiltren licores que rozan la legalidad en numerosos establecimientos, y que día a día no se sigan confiscando destilados a patadas. Pero no tienen nada que ver con esos bidones de alcohol casi puro que imaginamos liquidando una a una nuestras neuronas en muchos antros de mala muerte a los que la vida nos ha llevado en más de una ocasión.

Pero empecemos por el principio, ¿qué entendemos por garrafón? La nutricionista y somelier Clara Antúnez nos lo explica de forma gráfica: “cuando se destila un licor mediante un alambique, este se divide en tres zonas: la cabeza, el cuerpo y las colas. La parte servible es la del cuerpo, y el resto se descarta. Entendemos por garrafón ese licor procedente de cabeza y colas, que no solo es más perjudicial para salud, sino que su sabor es peor y suele dejar unas resacas escandalosas”, asegura.

5747149329_81455925ae_b-2

No, las destilerías no venden los sobrantes para fabricar garrafón.

Lo que no es cierto es que las grandes destilerías vendan los sobrantes de cabeza y colas a otras más pequeñas, que a su vez no solo los reintroducen en el mercado, sino que además nos intentan colar como licores premium. “Por fortuna, todo eso es un mito”, asegura Pilar Jiménez, jefa de la unidad de técnicas instrumentales y contaminantes del Laboratorio de Salud Pública, dependiente del Instituto de Salud Pública de la Comunidad de Madrid.

Como también lo es que se introduzca agua en los licores. “Es cierto que durante una época esta práctica se daba, pero hace años que no nos ha llegado ninguna muestra al laboratorio de destilados rebajados con agua”, afirma Jiménez, la cual, no obstante, recuerda algún caso escandaloso en el pasado. “Una marca de whisky muy conocida fue falsificada mediante una mezcla de agua y colorante, un líquido que ni olía ni sabía a whisky”, una práctica que se ha ido erradicando, según Jiménez, a causa de diversos factores. En primer lugar, el consumidor tiene mucha más cultura coctelera y el paladar mucho más curtido, “de manera que si le dan un licor malo en un local no va a volver jamás”. En segundo lugar, “no nos engañemos: una copa ronda los 10 € en casi cualquier establecimiento: el empresario no necesita usar garrafón para rentabilizarla”.

Entonces, si todas esos tipos encapuchados que imaginábamos introduciendo garrafas de madrugada en las trastiendas cochambrosas no existen en realidad, la pregunta es inapelable: ¿por qué demonios tenemos esas resacas? Antúnez es concluyente: “el malestar después de beber alcohol depende de múltiples factores, desde lo que hayamos cenado a cómo nos encontremos anímicamente, si hemos ido al baño o nuestro nivel de estrés”, por no hablar de las cantidades de alcohol que estamos consumiendo. “La cantidad recomendada para un combinado es de unos 5 cl de destilado, y muchas veces nos están sirviendo mucho más sin que nos demos cuenta. Así, un día te tomas tres cócteles y tienes mucho más malestar al día siguiente que en otras ocasiones, pero no es porque hayas tomado licor de garrafón, sino porque has ingerido sin saberlo mucho más alcohol que otras veces”.

bar-606594_1920

Si tienes resacas monumentales, prueba a beber menos la próxima vez.

El garrafón no existe, pues, pero eso no significa que no se den prácticas ilegales en el mundo de los destilados. “La incidencia de casos en los que se sustituye un destilado por otro de calidad B es ínfima, mucho menor del 1 %. El garrafón grosero ya no existe, ese que se sitúa fuera de la red legal y que no reúne las condiciones sanitarias”, explica Jiménez. “Como mucho lo que se ha detectado son licores sin etiquetado, que no facilitan toda la información para el consumidor, en general procedentes de destilerías pequeñas. Otros licores se decomisan por problemas de tipo fiscal, ya que tratan de colarse por canales B para evitar la presión de Hacienda. Y otros que, con el objetivo de evadir impuestos, contienen un grado alcohólico real inferior al que declara la botella”. Pequeños fraudes, picaresca de estar por casa, que raramente se traduce en “destilados que incumplen las normas sanitarias” y contienen niveles tóxicos de metanol y otras sustancias.

Afortunadamente, las bebidas que se están decomisando no suponen ningún tipo de riesgo sanitario. Ya ninguna empresa se arriesga a cometer delitos contra la salud pública que con toda probabilidad se van a destapar y les van a acabar saliendo muy caros”, afirma la científica. Lo que no significa bajo ningún concepto que nos relajemos a la hora de beber, pues pese a que el garrafón no existe y eso nos congratule, las resacas sí.

Laura perfil 150

Laura Conde

Laura Conde es editora jefe de Vice y escribe sobre gastronomía y tendencias en su blog Gastronomistas.

No hay comentarios

Esta página web usa cookies para mejorar su navegación. Si continuas navegando entendemos que aceptas su uso. Mas información aquí.