Detrás de un buen tequila, hay un buen maestro

Don Francisco, ¡él sí que sabe!

Hay una persona sin la cual Tequila Patrón no sería Tequila Patrón. El susodicho lleva por nombre Francisco Alcaraz, y es el Maestro Destilador de la marca desde el año 1989.  Cada vez que bebes un poco del tequila que él y su equipo se esfuerzan por cuidar, estás consumiendo, de cierto modo, años de experiencia y dedicación. Como todos sabemos, uno no nace aprendido, y este señor tuvo un recorrido interesante de mucho trabajo.

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Silver, Reposado, Añejo… Todos bajo el ojo de Francisco.

Francisco Alcaraz nació en Tamazula de Gordiano, una pequeña ciudad al sur del estado de Jalisco en México. Pero no vivió mucho tiempo allí. Su padre, ingeniero químico, encontró una mejor oportunidad de trabajo en Guadalajara, a donde se mudaron Francisco y su familia. Guadalajara, para quien no lo sepa, es la capital y centro de la industria del tequila en México.
Años más tarde Francisco decidió seguir los pasos de su padre y estudió Ingeniería Química. Al graduarse, estuvo en el momento y el lugar indicados, pues justamente el gobierno mexicano había lanzado una regulación para la producción y calidad del tequila, y buscaban inspectores que tuvieran conocimientos en química. Trabajó diez años en este oficio, lo que le hizo ser un gran conocedor de los procesos de elaboración y, por supuesto, de la calidad que debe tener un buen tequila como para poder decir “esto está bien chido” (lectores mexicanos, esperamos que esta expresión esté bien utilizada).
Tan bueno era Francisco en lo que hacía, que una de las destilerías en las que realizaba inspecciones le ofreció trabajo. Así es como con treinta y pocos años, pasa a ser el encargado de El Viejito, una pequeña destilería situada en el pueblo de su mujer, Atotonilco el Alto. Allí hacía de todo un poco, lo que le permitió aprender mucho más sobre el tequila. Sin embargo, saciar las ansias de aprendizaje de este hombre parecía ser bastante complicado, y Jorge Nunez (quien fuera su jefe en aquel entonces) lo envió a aprender inglés y a trabajar en una destilería de whiskey en Estados Unidos durante unos meses. Además, también viajó para conocer los procesos de fermentación con un experto.
Al volver, Nunez fallece y El Viejito no vuelve a ser lo mismo, por lo que Francisco decide irse y empezar su propio negocio. Se le ocurrió investigar para conseguir una levadura que fuera más resistente que las que ya se empleaban en la producción del tequila. Y lo consiguió. Y vendió. Y la producción aumentó.
Gracias a su éxito, la destilería Siete Lagunas decidió contratarlo para diseñar y supervisar la construcción de un nuevo edificio. Ahora ya no solo sería experto en procesos y calidad, sino también en infraestructura. Un hombre versátil se mire por donde se mire. Una vez terminado el edificio, y después de idas y venidas, Francisco seguiría trabajando para ellos con una condición: compartir las ganancias si conseguía aumentar la exportación de tequila.

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Dale que te pego con el ágave por los Altos del Jalisco

Un día al salir del trabajo, así por una maravillosa casualidad de la vida, Francisco se encuentra con un hombre con acento inglés medio perdido buscando hablar con los jefes de Siete Lagunas. Lo lleva hasta Lucrecia, la jefa en ese momento, y llegan a un acuerdo de exportación de tequila a Estados Unidos. Seguidamente, el gringo le pregunta a Francisco si podía hacerle el mejor tequila del mundo, “pero no el de Siete Lagunas, uno diferente”. A esto él responde humildemente “no, no puedo prometer eso. Intentaré hacerlo lo mejor que pueda pero no prometo que sea el mejor del mundo”. Ahora sabe que sí lo es. Así fue como Francisco conoció a Martin Crowley. Y así fueron los comienzos de Tequila Patrón.
Para llegar a lo que es hoy, trabajaron mucho, aumentaron la producción, se separaron de Siete Lagunas, y tuvieron acuerdos y desacuerdos para aliarse con Seagram’s. Finalmente, y por como se fueron dando las cosas, acabaron trabajando de forma independiente. Un buen día Martin decidió que era el momento de depositar toda su confianza en Franciso, le dio cinco millones de dólares y le dijo “hazlo como tú sabes”. De ahí nacería la Hacienda Patrón, ubicada en Atotonilco el Alto, el mismo pueblo en el que estaba la pequeña destilería de El Viejito, en la que tanto había aprendido.

Un viaje de lujo a la Hacienda del mejor tequila del mundo.
Y así sabía hacerlo Francisco. Nada mal, ¿eh?

A partir de entonces, el Tequila Patrón no ha dejado de tener una calidad óptima. La receta, siempre la misma: 100% agave azul de los Altos de Jalisco. Ha logrado ser el tequila super premium número uno del mundo. Y no olvides que hay diferentes variedades: silver, reposado, añejo… En definitiva, un lujo.
Puedes utilizarlo en cóctels clásicos y modernos. Sácale provecho a la simplicidad y perfección del Patrón Silver en un Tommy’s Margarita; al sabor suave y aroma a madera del Patrón Reposado en un Jalisco Mule; al ahumado y aromático Patrón Añejo en un clásico Old Fashioned o en algo un poco diferente como el Augurio.
Las posibilidades son infinitas. Experimenta, prueba, comparte y aprende. Seguro que Francisco estaría orgulloso de que honres su Tequila Patrón en un buen cóctel.

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