Baton Rouge: y por fin salió el Sol en Madrid

Muy cerquita de la plaza donde todo pasa y nada se queda, la del Oso y el Madroño, la de las tiendas de moda rápida y los palos selfie de los turistas, la de las campanadas de fin de año, ha salido el Sol.
Baton Rouge lleva desde abril de 2017 en la calle de la Victoria número 8 de Madrid consolidando el sueño de su propietario e ideólogo, Diego González. Con más de 20 años de experiencia en barras nacionales y extranjeras, González ha materializado el bar que tenía en su cabeza: “Llevaba ya tiempo con la idea de abrir un bar. En España por desgracia no existen bares tipo coctelería de manera muy habitual. En Barcelona sí, pero en Madrid no tanto. Lo que encuentras son sobre todo barras adheridas a restaurantes, con el desgaste que eso conlleva.”

Éste es el aspecto del bar con el que soñaba Diego. Foto de Jose Salto
Éste es el aspecto del bar con el que soñaba Diego.

Tras dos años que él mismo califica como “geniales” en Tatel, Diego González decidió abrir su propia coctelería: “Mi pasión es la creación de cócteles y recetas; los números son un reto pero no es lo que realmente me hace feliz”. Y así nació Baton Rouge.
Cruzar la puerta es transportarte a la Louisiana de la época dorada, un local cálido donde predominan el rojo borgoña, los ladrillos terrosos, la madera oscura y la decoración americana. Y esa calidez le va que ni pintada a talante del local. Para Diego González, el trato con el cliente lo es todo: “La restauración en inglés se llama ‘hospitality’, es decir, hospitalidad. Y eso quiere decir que tu eres un anfitrión y cada persona que entra por la puerta es tu invitado. Y si tienes eso en mente y lo estableces como un dogma que alcance a toda la gente que trabaja contigo, al final el trato es inmejorable. Y la gente te lo agradece cuando en realidad debería ser por norma”.
Cuánta razón.
Entramos, pues, en una coctelería cercana, amigable, de trato muy personalizado y con carácter americano. Y como buen bar de inspiración sobre todo americana, el whisky, el bourbon y el rye son los reyes.
Diego y su equipo harán que te sientas como en tu casa... o como en Louisiana. Foto de Jose Salto
Diego y su equipo harán que te sientas como en tu casa… o como en Louisiana.

Foto de Jose Salto


“Tenemos únicamente diecinueve ginebras; la mayor parte de los destilados son whiskys, y vendemos muchos. También tenemos rones muy especiales, así como tequilas, vodkas y mezcales con una selección muy cuidada. Y como nos visita mucho público extranjero, he optado por tener buenos brandys y vinos de jerez, porque lo lógico es que quieran probar el producto nacional cuando vienen de viaje”.
No sólo podrás elegir entre destilados de gran calidad, también hay una carta de dieciséis cócteles que se dividen en clásicos adaptados y cócteles de autor. “Los clásicos los hemos hecho nuestros, dándoles un toque de la casa pero siempre respetando la esencia de la receta. Y luego tenemos cócteles creados cien por cien por nosotros, como el gimlet con infusión de cardamomo y semilla de cilantro, que tiene una gran aceptación”. Entre los tipos de cócteles el cliente encontrará mucha variedad: “Hemos pensado en todo tipo de paladares y gustos: amargos, cítricos, florales, afrutados… ––prosigue González––, y también una gama de tragos largos amables, menos duros y muy equilibrados, para la gente que se inicia”.
Una de las cosas que sorprenden de sus clásicos es que hay cuatro que sirven ya embotellados: el Sazerac, el Negroni, el Manhattan y el Blood and Sand, este último envejecido en barrica, que es como marca de la casa.
“Soy de las personas que piensan que cuando tienes ciertos ingredientes juntos durante un tiempo se produce una sinergia entre ellos que hace que el resultado final gane”––argumenta Diego González cuando nos mostramos sorprendidos por esta característica. Para algunos de ellos usan un vermut creado a base de prueba y error que mezcla seis vermuts diferentes, algunos italianos y otros aperitivos vínicos franceses, lo que le añade mucha complejidad a estos cócteles.
Aunque parezca algo insólito, el sazerac es uno de los cócteles que más se piden en Baton Rouge. Pero no nos debería extrañar, ya que por su ubicación en el corazón de Madrid, más de la mitad del público es extranjero y de este total, la mitad son americanos. Según González, en esta zona tomada por los turistas “se necesitaba un bar así.  A mi alrededor tengo como 40 restaurantes y no hay un sitio donde beber tranquilamente”.
Pasen, vean y beban. Foto de Jose Salto.
Pasen, vean y beban.

Foto de Jose Salto.


El local incluye una carta cortita, con hamburguesas de gran calidad y dips y crudités. Y es que, una vez que entras, te sentirás tan a gustito que no querrás salir. Que apriete el hambre no puede ser una excusa para no seguir bebiendo.

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