Lecciones del cóctel más asqueroso del mundo

Se prepara con 3 centilitros de cualquier destilado y un pulgar humano deshidratado. Sí, lo has leído bien. Un dedo humano. Imagino que le irá muy bien un scotch yodado. Y, bromas a parte, estoy seguro de que es el coctel más asqueroso del mundo.
Pero, algo tiene. Atentos a las cifras.
En sus 41 años de historia, más de 100.000 personas de todo el mundo han viajado a Dawson City para inscribirse como miembros del Sourdough Saloon, único establecimiento del mundo que sirve esta bebida caníbal. Alguien dirá que 100.000 visitantes en 41 años no es muchísimo, pero estamos hablando de un lugar que a nadie le queda de paso. Dawson City, con 1.300 habitantes, se encuentra a 500 kilómetros del círculo polar, en el noroeste del Canadá. Es, como dirían en las Lonely Planet, un destino off the beaten track.

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Dawson City, no es precisamente la próxima metrópoli que visitarás. Foto de Michael Edwards.

Pues bien, una vez el cliente ha llegado al Sourdough Saloon, si quiere probar esta delicatessen debe buscar al Captain River Rat, pagar por el trago, declamar el Juramento del Pulgar, contemplar cómo el pulgar es depositado en su bebida y beber la mandanga. En caso que un cliente ingiriera el pulgar, deberá pagar una multa de 500$. Cosa que ha pasado ya diez veces, la última en agosto de 2013, cuando la multa ascendió a 2.500€.
Y ahora que la frikada está servida y las almas más sensibles ya se han retirado, pensemos.
Un bar en el fin del mundo con 100.000 socios. Un chupito que puede llegar a costar 2.500$. Más de 23.000 referencias en Google apuntando hacia ti.
Como idea de negocio, no está mal, ¿verdad? ¿No te gustaría algo así para tu bar? Si la respuesta es afirmativa, sigue leyendo, porque trataremos de ilustrar 4 lecciones que podemos aprender del Sourtoe Cocktail.
Storytelling: es el término inglés para referirse a la historia que cuenta cualquier cosa. Ya sea una serie de televisión, una empresa o una bebida. En las semifinales de la Bacardí Legacy Cocktail Competition la historia que presentan los participantes puede sumar hasta 10 puntos de un total de 120. No es baladí que la historia del Sourtoe se remonte a 1920, cuando una tormenta de nieve sorprendió a Otto y Louie Linken, hermanos y contrabandistas de ron, durante una de sus entregas. El bueno de Louie, intentando controlar su trineo de perros, resbaló sobre el hielo y se machacó el pulgar, pero los hermanos siguieron su travesía por miedo a ser sorprendidos por la policía fronteriza. El dedo, obviamente, se congeló y su hermano Otto tuvo que amputarlo con una hacha para evitar la gangrena. Para inmortalizar el suceso, los hermanos Linken preservaron el pulgar en una botella de aquella remesa que, años más tarde, encontró el capitán Dick Stevenson mientras limpiaba una cabaña abandonada. De ahí a montar un club sólo hubo un paso. Existen libros y cursos para aprender a dominar el storytelling.
Dawson City, no es precisamente la próxima metrópoli que visitarás. Foto de Michael Edwards.
Contar historias, algo tan antiguo como efectivo.

Exclusivo: sólo los miembros de un club pueden probar el Sourtoe. Y sólo cuando el pulgar está disponible (no será fácil encontrar donantes). La mayoría de las veces, ser exclusivo no es una cuestión de precio, sino de experiencia. ¿Por qué triunfan los speakeasy? Entrar es, supuestamente, difícil; y en el interior se vive una experiencia reservada a los “pocos” que saben la contraseña que abre sus puertas. Lo tienen muy claro, por ejemplo, en el Mutis de Jordi Baqués, club privado. Otro ejemplo, son los magníficos cócteles aperitivos que el CETT preparó para la fiesta de presentación de este blog: servidos en botellines de refresco para conferirles cierta imagen de clandestinidad, ofrecían también una imagen exclusiva.
Ritual: relacionado con el punto anterior, los rituales son un punto a favor de cualquier producto. Hablamos de rituales de consumo. En este caso, el cliente que llegue al Sourdough Saloon debe encontrar al capitán River Rat y después hacer un juramento. Los clientes obtienen un carnet y un certificado. Salvando las distancias, la sal y el limón del tequila también podrían considerarse un ritual. Y cualquier brindis especial (más elaborado que el “p’ arriba, p’ abajo, p’al centro y p’ adentro”, por favor). Probablemente, el consumo de absenta no tendría el mismo encanto sin toda la ceremonia del azucarillo flambeado. Los rituales son clave, dan unicidad, y forman parte de la experiencia que antes comentábamos.
El ritual de la absenta. Foto de Pablo Matamoros.
El ritual de la absenta. Foto de Pablo Matamoros.

Customizable: parece una obviedad, pero que el cliente pueda hacerse una experiencia a medida es clave. En el caso del Sourtoe, el cliente puede elegir cualquier destilado (aunque se recomienda un licor con miel a base de whisky canadiense, el Yukon Jack). De algo así se dieron cuenta los cocineros de alta cocina contemporánea y una parte importante de la experiencia de sus comensales es completar el plato en la mesa. También hay ejemplos en la coctelería molecular. Esas pipetas que sirven para que el cliente termine su cóctel de forma rápida, sencilla y divertida, son una muestra.
El comensal completaba el plato en la mesa de elBulli oliendo el aroma de romero. Foto de Joselu Blanco.
El comensal completaba el plato en la mesa de elBulli oliendo el aroma de romero. Foto de Joselu Blanco.

La próxima vez que te pongas a crear un cóctel, piénsalo. ¿Tiene una buena historia detrás? ¿Ofrece una experiencia a mi cliente? ¿Se puede vestir con algún ritual? ¿El cliente puede interactuar con él? Estaremos de acuerdo que lo principal en un cóctel, son su sabor y presencia pero, todo suma. ¿O acaso imaginas que el Sourtoe Cocktail tiene buen aspecto y sabor?

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