Rilke Bar: poesía coctelera

El poeta austrohúngaro (hoy sería checo) Rainer Maria Rilke, pasó la mayor parte de su vida en París, pero si hubiera visitado Barcelona se hubiera sentido como en casa en este local situado en una majestuosa finca del modernismo catalán, coetáneo a él, rodeado de molduras, muebles de caoba y vitrinas decimonónicas. Ya te puedes hacer una idea de la elegancia y el refinamiento de este restaurante y coctelería que, para más “inri”, se halla en el piso principal del edificio, y que se accede por una preciosa escalinata.
No hará falta que te pongas la levita ni el bombín, ni que escuches a Debussy. Acércate a Rilke simplemente para admirar la belleza de sus salas y la poesía de sus cócteles. Creado mano a mano por el grupo La Confitería (bares) y Kafka, (restaurantes), Rilke es fruto del poder de la arquitectura. Tal y como nos cuenta uno de sus socios, Lito Baldovinos, “Todo lo marcó estas columnas, y esta belleza. Ante algo así, lo único que piensas es que ahora no puedes fallar, debes estar a la altura”.

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Ojalá este fuera el salón de tu casa, ¿verdad?

Para conseguirlo pusieron al mando de los fogones a Rafa Peña (Gresca) como asesor y Jaime Tejedor como jefe de cocina, y tras la barra a Juan Serrano, de la escuela 41º de Albert Adrià y Marc Àlvarez. Serrano, que además de la vanguardia creativa de los Adrià trabajó en Dry Martini donde consolidó su respeto y admiración por la coctelería clásica, ha encontrado en Rilke un espacio perfecto para dar rienda suelta a su estilo, una perfecta combinación de elegancia y ruptura. La barra de Rilke te sorprende nada más entrar: tiene todo el protagonismo de la sala de acceso y junto con ella, una espectacular colección de botellas y destilados. Esa sala no es la única donde podrás sentarte a disfrutar de una buena copa; Rilke cuenta con estancias más privadas que pueden también alquilarse para eventos, como una sala de whiskys, con botellas que son auténticas joyas, la sala de los puros o la que ellos llaman “sala privada trash” (con puerta privada y todo) para que veas que el refinamiento puede coexistir con la innovación e incluso con música de dj.
El Rilke bar es una extensión natural del restaurante, en esta conjunción gastronomía-bebida con la que los creadores del local se sienten tan cómodos. Junto con los cócteles de Serrano, los clientes pueden disfrutar de tapas y platillos de calidad (ostras excelentes, croquetas de cocido, nem de tartar de atún…) en una apuesta por consolidar el afterwork más allá de la cerveza con los colegas de la oficina. Pero si lo tuyo es coctelear tras la cena, no te preocupes que las puertas del Rilke bar están abiertas hasta las 2 entre semana y hasta las 3 los fines de semana.

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Imagina aquí tus noches de verano

La carta contiene originales catas de whiskys (japoneses, scotchs…) y unos 15 cócteles creativos. “Quisimos comenzar con una selección no muy extensa de cocteles creativos donde el cliente tenga opciones variadas con cada destilado pero sin marearse” ––aclara Juan Serrano. Aún así, matiza que “cada vez que presentamos la carta a un cliente enfatizamos en que preparamos cualquiera de los clásicos“. Y es que para Juan, la identidad de su coctelería es la creatividad con presentaciones y técnicas modernas pero desde el profundo respeto y uso de la coctelería clásica. Así, destacan algunos twist de clásicos como el Babel Negroni, que incluye una mayor cantidad de aperitivos y se deja estacionar en cristal, a lo “Tony Conigliaro”, lo que hace que los sabores se ensamblen mucho mejor; o el Bonaparte (un Old Fashioned de mantequilla tostada). También llaman la atención cócteles frescos y ligeros como el Sostres,  con base de Gin Fizz,  albahaca fresca, italicus (aperitivo de bergamota) y soda de manzana verde, o el Indiano; un margarita de piña tostada acompañada de chocolate salado. Son ejemplos del interés por la gastronomía de Serrano, que considera que “hoy en día barra y cocina están totalmente entrelazadas y se enriquecen una a la otra”. Lo dice un hombre que, diez años atrás, estudió cada receta de el Bulli, de la primera a la última, con el fin de conocer todo lo que era posible hacer.

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Así luce el cóctel Sostres

Para Juan, esta forma de crear cócteles es una consecuencia lógica de los tiempos actuales. “No tengo duda que si los bartenders clásicos vivieran hoy aprovecharían las herramientas que tenemos al alcance, simplemente no se usaban antes porque no había, la complejidad y simpleza siempre estuvo presente desde el nacimiento del cóctel” ––afirma rotundo. Y añade: “Mira los bitters, concentrados de decenas de ingredientes que con una gota aportan “magia” a nuestro destilado. Y lo mismo un vermut; en la simpleza de un cóctel de dos o tres ingredientes, como un Manhattan, hay una profunda complejidad detrás. Y hoy podemos jugar mucho más con eso”.

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Admira la belleza del Labelle

Esta forma de entender la coctelería se puede comprobar en otros cócteles de Rilke como el Fractal, consecuencia de la reacción de dos líquidos a diferentes densidades y temperaturas , y en el que el cliente se puede echar la cantidad de miel endulzante que desee.
La carta lleva cuatro meses y medio de vida pero Serrano ya piensa en renovarla, aunque poco a poco: “Siempre estamos trabajando ideas nuevas y presentándolas de forma espontánea por fuera del menú para probar como funcionan. Queremos que Rilke sea un local en movimiento es decir que siempre evolucione y tenga contenido nuevo, que no sea estático”.
De momento muévete tú y acércate a Rilke para sentirte aristócrata a precios de burgués y, de paso, dejarte seducir por la “modernidad con sentido” de Juan Serrano.

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