La Catedral y sus manías. (El viejo gruñón de madera)

0 1 diciembre, 2017 - LUGARES

Me gusta escribir este artículo, porque en estas líneas intentaré explicar el porqué de muchas de esas cosas que en Boadas Cocktails “se hacen diferente”.

Hay ciertos locales en el mundo, ciertos lugares cargados de un aura casi mágica, casi viva. Hay paredes que parecen recoger del aire; el eco de las risas, la fuerza de los besos y el exquisito sabor de la elegancia en el servicio. Estos bares/iglesias son capaces de transportar a quien cruza sus puertas a un lugar totalmente diferente, quizás no era el lugar que buscabas , quizás no era el ambiente que anhelabas, pero al cruzar sus puertas te sientes transformado y transportado. Hay lugares en el mundo que parecen hablar con el viajero, parecen contarle una historia muy larga, de casi 85 años ya, cargada de versos comestibles y prosas alcohólicas. Un lugar donde tras cruzar el umbral, nadie queda indiferente…

84 años. Es ya casi un viejecito nuestro pequeño triángulo sacro de ahumadas paredes de cedro; un viejecito gruñón que arrastra sus manías con el paso de los años. ¿Queréis conocer algunas y la historia que llevan con ellas?

Foto: Boadas Cocktails.

Don Miguel Boadas, haciendo magia. Foto: Boadas Cocktails.

Por ejemplo, el Daquiri. Nosotros lo hacemos con limón (no lima), ron dorado, azúcar, licor de marraschino, hielo roto y una cereza. Como podéis ver, se aleja bastante de la receta original… ¿por qué hacerlo así entonces? Es una historia que viene de muy atrás: Miguel Boadas se hizo buen amigo de Ernest Hemingway durante su época como bartender de la archiconocida La Floridita. Tras abrir el local en Barcelona, trasladaron esa amistad a las paredes del Boadas cuando Hemingway venía a visitar a su amigo.

Fue él quien le dijo a Miguel que para hacer un mojito utilizase limones y no limas (que las aborrecía ya a fuerza de tanto tomarlas en Cuba); que le pusiese mucho más ron y menos azúcar (era diabético, el escritor), y que le añadiese unos buenos trozos de hielo gordos. Así y no de otra forma es como el viejo Boadas Cocktails aprendió en su juventud a hacer los mojitos (para agradar al gran amigo de su creador) y desde entonces, hace ya muchísimos años, en nuestro pequeño y mítico bar, los mojitos se hacen como manda la tradición no escrita.

Algo similar pasó con el Daiquirí: ya sabemos que Ernest era diabético, y quería licor de marraschino en lugar de azúcar; también una ingente cantidad de ron, y además le decía a Miguel que le pusiese mucho hielo roto en la copa, que así recordaba Cuba. Es por eso que si deseáis que en el Boadas os sirvan un Daquiri clásico deberéis explicárselo al barman, porque el clásico en Boadas, ¡es el que tomaba Hemingway!

He loves Boadas. Foto: Adal Márquez.

He loves Boadas. Foto: Adal Márquez.

Por mencionar alguno más os contaré la historia del Cosmopolitan, pues cuando este cóctel llegó a Barcelona lo hizo con antelación de las limas, y de hecho fue Jose Antonio Femenía , uno de los más antiguos barman de la casa, y una leyenda aún en activo, que por aquel entonces (algo más joven), compró la primera lima que entró en Barcelona. Le costó 100 pesetas una sola, ¡en aquel entonces! (y menuda bronca le cayó por el despilfarro, recuerda). ¿Cómo hacían entonces, sin lima, el Cosmopolitan? Muy fácil: sustituían la lima por Lime Roses, y en lugar de decorar con rodaja de lima, decoraban con cereza y piel de naranja (que era lo que había y abundaba por aquel entonces). Y así sigue hoy en día, no os sorprendáis si veis un Cosmo con piel de naranja en Boadas, porque ya más que tradición es leyenda (y ahora sí que le ponemos lima natural, pero también un toque de lime roses para nunca olvidar lo hermoso de los orígenes).

Para terminar podemos mencionar los cócteles cortos que según “la ley” han de ser refrescados y que en Boadas Cocktails son escanciados (con la técnica Boadas, eso siempre). Hay quien dice que con mayor o menor acierto, hay quien reniega de un Dry Martini escanciado y, casi ofendido, defiende la utilización del vaso y el barspoon… pero nosotros siempre seguiremos igual, fieles a la técnica creada por el fundador y extendida por doquier. Lo que sí os puedo asegurar es una cosa, cuando has tomado unos cuantos Dry, algún Negroni o un Viejo Amigo, por citar algunos, tu paladar se acostumbra a ese “aire”, a ese “affair” que rodea cada centímetro de la piel de madera pulida del viejo gruñón al que tanto amamos, a esa delicadeza ruda y sincera que emana de esas copitas de 7 cl que parecen pequeñas pero consiguen su fin postrer.

Foto: Boadas Cocktails.

1933: entonces empezó todo. Foto: Boadas Cocktails.

Boadas Cocktails cumple en 2018 ochenta y cinco años. Está mayor, pero emana más fuerza que nunca; tiene dolores propios de su edad, pero nunca deja de caminar hacia delante y, sobre todo, se hace querer con sus manías y sus achaques, consigue siempre hacerte sonreír si le das oportunidad y un poco de cariño, siempre está cuando lo necesitas (como un verdadero abuelo), y nunca, nunca, nunca podrá traicionarte. Es un bar honesto, sencillo y humano. Un abuelo al que amar sin reparo.

Dejaremos la historia de otros de nuestros emblemáticos cócteles y sus preciosas historias para otra ocasión. Por ejemplo el Joan Miró o cómo Jerónimo Vaquero, nuestro faro en Boadas, inventó un cóctel para un famoso jugador de fútbol. Prometo que lo explicaré muy pronto.

¡Salud y nos vemos en La Catedral!

Foto cabecera: Adal Márquez.

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