Marlowe Bar: el espíritu más moderno de lo clásico

Ser el hijo de una estrella puede ser complicado. El listón te lo ponen (y te lo pones) muy alto. Puede ser una carga pesada en la espalda, pero también puede ser maravilloso si sabes sacarle partido. Marlowe Bar, de quien te hablamos hoy, lo hace muy pero que muy bien.

Está situado en el pequeño local de la calle del Rec nº 24 de Barcelona, casa del antiguo Gimlet fundado por Juanra Falces, Javier de las Muelas y Nicolás Pulido en los años 80. Hoy lo tienen en sus manos cuatro jóvenes: Marc Pinotti, Pere Falces, Adrià Sánchez y Lorenzo Miglietta.

El Gimlet era el trago preferido de Philip Marlowe…

Y de ahí el nombre de esta nueva coctelería que empezó a caminar hace casi siete meses. Si bien el detective Marlowe es un personaje creado por Raymond Chandler, afamado escritor de novela negra de los años 30, Marc nos confiesa: “aunque somos lectores todos, no somos super lectores de novela negra y no queremos que nos encasille el nombre en ‘esto un bar de novela negra’. Sí… o no. Es un bar y el nombre es el nombre. Y en este caso sí nos servía para ligarlo con lo anterior”.

El Gimlet tuvo su época dorada y se convirtió en la casa de gente de la cultura de Barcelona, librepensadores de la época, artistas, mucha gente local y del barrio, turistas que sabían a dónde iban, buenos bebedores… Pero nunca fue concebido como un negocio, nos explica Marc Pinotti, que comenzó a trabajar en el emblemático bar allá por 2008. “El local ya necesitaba un cambio de rumbo. Un giro, una adaptación, un saneamiento… estaba muy muy apalancado en la época en que fue bien esto”.

Cuando llegaron los 2000 y más tarde la crisis económica, el Gimlet empezó a caer irrevocablemente. “No nos supimos adaptar a todos los cambios super bestia que ha habido en esta ciudad en los últimos 15 años. Entonces teníamos dos opciones. La primera, como somos muy románticos, era cerrar y que quedase en el imaginario colectivo de la gente de Barcelona como ‘qué bonito fue el Gimlet y qué bien nos lo pasamos’. La segunda, hacer algo. Le propuse a Juanra que me lo quería quedar yo. Pero claro, había que sanear cosas a nivel económico y a nivel ayuntamiento. Era un proyecto muy grande y sabía que yo solo no lo podía hacer” explica Marc.

Ocho ojos ven más que dos

A los ojos de Marc, el cóctel es un canal de comunicación entre lo que hacemos, lo que queremos dar y lo que podemos recibir de la gente. Por lo tanto, lo que a mí me gusta del bar es la parte psicológica, el trato con el cliente, la atmósfera, la hospitalidad, la bienvenida, las dinámicas que se crean y lo que puedes sacar de un bar como espacio generador de ideas culturalmente y a nivel de ocio”.

Lorenzo, por su parte, que hasta ahora había trabajado en el Dry Martini by Javier de las Muelas, pone la parte más técnica y es un incansable investigador de sabores, aromas y texturas. Adrià era hasta hace poco jefe de diseño de Wallapop. Ahora ha cambiado de rumbo por completo pero, evidentemente, tiene mucho criterio en todo lo que se refiere a lo visual del Marlowe y se nota (mucho). Y además, según Marc “nos conserva en estado de criogenización para que no se nos vaya la olla”. Pere lleva ya tiempo trabajando con Marc, es el hijo de Juanra y pone la sangre. Estudia turismo al mismo tiempo y “es un chico encantador, el alumno avanzado que va aprendiendo todo el rato”.

Desde que empezaron con el proyecto hasta que Marlowe Bar se inauguró el pasado 31 de octubre transcurrió un año. Tuvieron el concepto claro: debía ser continuista de lo que ya había pero querían caminar solos. Y en eso están ahora. La misma barra, la misma luz tenue, concepto parecido… pero detrás hay una infraestructura y organización que sustentan el bar.

“Hemos mantenido un poco el espíritu: ser clásico pero con un toque canalla. No hay servilismo aquí. Tiene que ser todo elegante, muy pulcro, copa siempre congelada, decoración mínima, vajilla perfecta, un buen trato, mucho respeto… pero aquí podemos ser cercanos a la gente, podemos sentarnos con ella, nos podemos reír, no hay una pared entre ellos y nosotros. Entre semana es un poco más jazz, hay un trato un poco más personalizado y el fin de semana puedes venir aquí, y a pesar de ser tan clásica, puede estar sonando Robert Glasper o hip hop a todo volumen” cuenta Marc.

Una amplia barra para interactuar con el cliente

Ponme un cóctel

Por el momento, en Marlowe Bar puedes encontrar dos cartas. La primera, de formato fácil y entendible. Se abre como un acordeón y tiene cócteles por ambos lados. Por uno, versiones de copas que se vendían en el Gimlet. Por ejemplo, el Sol y sombra de anís y coñac es ahora una versión del Pisco sour: en lugar de anís utilizan albahaca thai que tiene notas anisadas, y en lugar de coñac, utilizan otro destilado de uva como es el pisco.

La carta está ilustrada por Montse Galbany, que llevó al papel lo que le transmitía cada cóctel a los chicos del Marlowe. Este es el Sol y sombra

Por el otro lado de la carta, están los cócteles más actuales propios del Marlowe. El Gimlet es la copa de la casa, por supuesto. Está el clásico de toda la vida, que no cambia, y el del Marlowe, que incluye un cordial que va cambiando de vez en cuando. El resto pertenecen a la “mitología” de Philip Marlowe: el Malas calles, término acuñado por Chandler en sus novelas; el Linda Loring, la primera mujer del detective; El largo adiós, primera novela del escritor; y La mirada de Marlowe, donde los bartenders juegan a ser detectives, dime quién eres y te diré qué bebes.

La segunda carta es estacional y se realiza junto a BACARDÍ. Si te acercas ahora por allí podrás disfrutar la de primavera. “Casi siempre partimos de recetas clásicas y vamos trabajando por “food pairing” encontrando notas de sabores que tienen sentido” nos explica Marc. “Para esta decidimos utilizar flores y colaboramos con un experto botánico. Nosotros sabemos hacer la mezcla, él sabe extraer las esencias”.

Los cócteles que salen de esta carta son más que curiosos y atractivos. Puedes encontrar, por ejemplo, el Caléndula, en el que utilizan la tintura de esta flor, Star of Bombay, Martini Ambrato y destilado de kombucha.

Menos es más. Chapeau a las fotografías que hacen ellos mismos de sus cócteles (puedes ver más en su cuenta de Instagram). Esta tan bonita es del Caléndula

El producto de proximidad es importante para este joven equipo. Para la carta de otoño fueron a buscar el romero al Empordà, la sal a Menorca y las alcachofas a El Prat. Esta es la filosofía que mantienen en la nueva carta que saldrá a finales de verano. “Si tú coges solo la región de Cataluña, española o mediterránea, hay tanto producto tan bien hecho… queremos poder incorporar esa artesanía que hace la gente dentro de la coctelería” nos dice Marc, que cree que esto es un gran valor añadido a los cócteles.

Y el futuro…

“Te mentiría si te digo que no queremos llegar a lo más alto pero no para estar por encima de las otras sino para demostrarnos a nosotros mismos que podemos ser únicos en nuestro sector” confiesa Marc. Y uno de los requisitos para triunfar es aprender de los errores. “Necesitamos exportar el bar fuera, porque uno de los errores que cometimos en el Gimlet fue hacerlo todo hacia adentro”.

Marlowe Bar es activo. Hay eventos, guest bartendings, música en vivo… “Es networking. Nos comunicamos con gente que nos puede aportar algo a nosotros. Hay que aprender y ampliar horizontes. Ver por qué los demás hacen las cosas que hacen. Igual así también te das cuenta de por qué las haces tú”.

“Quizás por ser jóvenes somos individualmente un poco caos pero como equipo siempre intentamos trabajar hablando y hablando. Es un brainstorming constante” concluye Marc. “Eso sí, cuando se sube el telón está todo clarísimo y nos entendemos casi sin hablar. La danza que se crea en la barra es divertida. Es un bar joven, tenemos casi siete meses y venimos de uno de cuarenta años, pero ya nos han enseñado a caminar y ahora volamos libres. Debemos el nombre y la esencia a lo que fuimos, esta gran barra a lo que fuimos, pero ahora ya no somos eso, somos Marlowe Bar, sabemos de dónde venimos y queremos ir a algún sitio. Estamos pedaleando y nuestra cabeza no para porque nos gusta esta incerteza. Hay mucho interés, hay vida”.

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