by Laura Conde

Desde que en algún momento de la Historia a alguien se le ocurrió añadir gaseosa a un Vega Sicilia podríamos decir que no, que no hay nada prohibido en un cóctel. Ni en un plato. Ni en la vida misma. Porque al fin cada paladar es un mundo, y todos tenemos nuestras filias y fobias que hacen que pueda resultarnos maravilloso algo que tal vez desafía al más elemental sentido común.

by Laura Conde

Toda coctelería tiene una historia, del mismo modo que toda carta de cócteles es el reflejo de la personalidad de su bartender. Es decir, cada establecimiento esconde, ya sea de forma buscada o espontánea, una historia de naming. Entendemos por naming el proceso creativo mediante el cual se idea el nombre de una marca, una especie de envoltorio que refleja su identidad, su manera de mostrarse al mundo. Esto, aplicado a la coctelería, significa que puedes gastarte un dineral en sofás Chester y destilados premium y llamar a tu local Bar Paquito, o puedes entender que cada cosa que nombres en tu local –desde el establecimiento en sí hasta los cócteles– van a hablar de quién eres y de cómo quieres que te vean los demás.