Cosas que molestan a los bartenders de sus clientes

by Laura Conde

¿El cliente siempre tiene la razón? Pues parece ser que no siempre, y que en ocasiones hasta el más modélico de ellos incurre en errores que ponen los pelos de punta a los bartenders. Como estos.   

Tocarlo todo
A Dani Sempere, brand ambassador de Moët Hennessy, no hay nada que le ponga más nervioso que esos clientes que “se creen que están en su casa y se toman demasiadas confianzas, como tocar todos los productos, bitters, goteros y esencias”. Sempere cuenta que le ha ocurrido varias veces que algún cliente “se permite meter el dedo en la fondue de chocolate, y encima presume de ello con sus acompañantes, sin ser consciente de que al equipo le toca lavar toda la fondue por la gracia de uno. Es de lo más irritante”, afirma. Opina lo mismo David González López: “La parte que más me gusta de mi trabajo es que el cliente se quede a ver cómo preparo el cóctel, sobre todo cuando se interesa por él y hablamos, pero a veces llega un momento en que empieza a coger el jigger o la coctelera, que son mis herramientas de trabajo. ¡Yo no voy al banco a hacer cualquier gestión y le cojo al empleado el boli o la grapadora, ¿por qué a nosotros sí?”, se pregunta. 

No atreverse a innovar
Juan Carlos Martínez, a quien encontramos tras la barra de The Doping Club Barcelona, más que molestarse se extraña de la poca querencia a la innovación de la clientela local frente al público extranjero. “Me sorprende que cueste tanto valorar el trabajo de los bartenders y que el porcentaje de público dispuesto a dejarse aconsejar y a innovar sea tan escaso si lo comparamos con los clientes extranjeros, que suelen ser más abiertos e intrépidos”, explica. Coincide con él Héctor Talens, brand ambassador de Monin, a quien le apena “cuando un cliente no se deja aconsejar, porque nosotros los bartenders queremos hacer que vivan una experiencia a través de un cóctel”. 

A ver cómo le explicas que esto no es un mojito. Photo by Roman Kraft on Unsplash

Hacer caso omiso a la hora del cierre
Al bartender de la coctelería Kubos Lalín (Pontevedra), Xaime Rodríguez, le molesta “cuando llega la hora del cierre y los clientes pasan de todo, como si el tema no fuera con ellos”. De hecho, en ocasiones ocurre que “tú estás allí con las persianas a medio bajar y todas las luces encendidas y la clientela sigue con sus conversaciones profundas, de manera que no sabes cómo invitarles a irse sin perder la sonrisa”. 

Pedir en varias tandas
Es cierto que en ocasiones cuando el bartender llega a la mesa los clientes aún no tienen claro qué van a pedir y necesitan un rato más para acabar de decidirlo. Pero también lo es que cuando una misma mesa va pidiendo en varias veces de forma desordenada “hacen perder un montón de tiempo al personal”, que generalmente no va sobrado de recursos en las coctelerías de hoy en día, explica Rodríguez. 

Así me gusta, la comanda toda a la vez. Photo by Helena Yankovska on Unsplash.

Chistar al camarero
Chistar al bartender para que acuda a la mesa es una fea costumbre que pone bastante nervioso a Roger Paulino, de Mixology Five (Palma de Mallorca). “Es una falta de respeto hacia los profesionales que hacen su trabajo tras las barras”, dice. 

‘Cárgamelo un poquito más’
Es otra de las perlas que ponen de los nervios a Paulino. “Te piden un gin-tonic y te dicen que lo cargues un ‘poquito’ más. Ese diminutivo demuestra que no piensan pagar por ese plus”, y, añadiríamos, que no tienen demasiado respeto a la receta original. 

El maldito móvil
Sergio Salvatierra, bartender de Tango Porteño (Buenos Aires), no puede evitar hablar con cierta nostalgia de aquellos tiempos en los que no existían los móviles, y los clientes y bartenders departían sobre la vida en ese entorno siempre envolvente e íntimo que es la barra de una coctelería. “Hoy en día, la tecnología nos está quitando el protagonismo en la barra. Antes el cliente venía a charlar con nosotros, nos confiaba sus penas y alegrías, nos sentíamos un poco sus psicólogos. Ahora llegan mirando el móvil y en ocasiones ni siquiera responden a nuestro saludo de bienvenida, porque siguen inmersos en su burbuja cibernética”, afirma. 

¿Están conversando entre ellos? Photo by Jacob Ufkes on Unsplash.

Querer tener siempre razón
Porque no, la razón no es siempre algo subjetivo, la razón es la razón, y en ocasiones la tiene el cliente mientras que en otras la tiene el bartender. Así lo explica Salvatierra, que recuerda que en una ocasión “me pidieron un mojito, un cóctel que aprendí a hacer en Cuba y con el que me siento muy seguro, y el cliente lo devolvió diciendo que eso no era un mojito. Para él, un mojito era uno de esos combinados ya preparados, de muy baja calidad, y no hubo manera ni de hacerle entender que eso que él quería no era ni de lejos un mojito y mucho menos invitarle a probar uno bien hecho”. Por ello, asegura Salvatierra, “hay que educar al cliente, aunque a veces no es suficiente”. 

No saludar
Para Franco Battezzatti, bar manager de Bela Lugosi Bar Club, en Córdoba (Argentina), “el personal del bar suele recibir a la clientela con una sonrisa y un saludo, y espera recibir lo mismo”. Como espera recibir también “críticas constructivas de su trabajo”, no solo elogios o –lo habitual– indiferencia. 

Pedir una cerveza o un vino
Bebidas la mar de ricas, pero que se pueden tomar en cualquier lugar, según Battezzatti. Esta máxima se podría aplicar a los clásicos mojitos de frutas, cócteles que se encuentran en cualquier establecimiento, de manera que cuando nuestros pasos nos llevan a una coctelería de autor siempre es recomendable “confiar en el bartender y descubrir nuevos sabores y aromas”. Fiarse del bartender es, de hecho, para Battezzatti, fundamental a la hora de sacar el mayor partido de cada visita a una coctelería. “Cada día intentamos generar una nueva experiencia con cada trago, por tanto es importante escuchar al bartender sobre cuál es la inspiración del cóctel, y entender así mejor qué es lo que estamos tomando y por qué no es conveniente modificar la receta”. 

Ser maleducado con el personal
Para Raimondo Palomba, de Atelier Cocktail Bar, en Playa del Inglés (Las Palmas), el cliente (casi) siempre tiene la razón. Le molesta especialmente que el gremio se queje habitualmente “de que el cliente no tiene ni idea” cuando en su opinión es precisamente el bartender el que debe esforzarse en explicar su trabajo, y para ello lo primero que tiene que hacer es “bajar de ese pedestal en que se sitúan algunos”.

A algunos clientes, el alcohol los vuelve un pelín maleducados. Photo-by-frankie-cordoba-on-Unsplash.

Dicho esto, lo único que le resulta intolerable es la falta de respeto hacia el equipo del local, algo que sucede más habitualmente de lo que creemos, ya que todavía hay quien no sabe medir la cantidad de alcohol que consume. “Desde insultos racistas a machistas. Todavía existe, por desgracia, la creencia de que el camarero es aquél contra quien el cliente puede desfogarse a su antojo”, concluye Palomba. 

Foto de portada: Photo by Luca Bravo on Unsplash

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LAURA CONDE
LAURA CONDE

Periodista y cofundadora del portal GASTRONOMISTAS. Escribe y habla sobre gastronomía, coctelería, estilo de vida y tendencias en diversos medios de comunicación.

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