¿Y un poquito de diversión?

En 50 Best Bars nunca han aparecido demasiados bares españoles. ¿Es un escándalo?
Está claro que la lista, como cualquier otra, obedece a la subjetividad de sus organizadores. Pero si es así, ¿por qué nos pica tanto cada año la mínima representación nacional?
Lo dicho, debe ser un escándalo.
Hace ya un tiempo, leí la opinión escandalizada de alguien que ha viajado y ha visto muchos más bares que yo. Venía a decir que no entendía el criterio de la lista, que allende los mares se premiaban bares mucho menos pulcros, mucho menos elegantes, mucho menos sobrios que los de aquí.
No digo yo que no tenga razón. Al fin y al cabo, este alguien es alguien a quien respeto, con un criterio intachable. Pero su punto de vista en este tema es cuestionable.
Como cliente de coctelerías, creo que en España se está pecando en exceso de lugares muy pulcros, elegantes y sobrios. Los empresarios de la coctelería apuestan por estos valores, muy loables, pero muchos olvidan un factor que puede hacer pasar todos los mencionados a un segundo plano: la diversión.

Reconozcámoslo. Algunos bares son... aburridos.
Reconozcámoslo. Algunos bares son… aburridos.

Como cliente de coctelerías, me gusta divertirme, y en muchos bares pasa por delante el buen hacer coctelero a la diversión del cliente. En algunos, incluso, se transmite cierta gravedad al cliente en lo que se refiere al trabajo del bartender y a la actividad de beber.
En algunos, los destilados son joyas que requieren sesudas explicaciones, el cliente tiene que ir con la carta de clásicos aprendida para no meter la pata y las conversaciones no pueden ser muy altas porque el clima no acompaña. Hay un montón de bares así, muy profesionales pero tremendamente aburridos.
Sin embargo, en alguno de esos bares que aparecen en el top de la lista, quizá menos pulcros, los clientes se divierten. Los bartenders dan espectáculo, los clientes van a beber con amigos, y a reír y a ligar. Tal vez no sean templos ni catedrales pero son… divertidos.
¿Y si es lo que nos falta? Menos seriedad, menos jazz a medio volumen, menos ínfulas y más cachondeo.
Al fin y al cabo, la clientela acude a beber en un 99’9% de las ocasiones. Y eso no incluye clases de historia de los destilados, sino clases prácticas de diversión.
 
 

Entradas relacionadas

¡ Comparte !
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter