Cosas que molestan a los clientes de sus bartenders

by François Monti

Al igual que los tan de moda artículos que denuncian los malos hábitos de los clientes están, al fondo, pensados para que se sientan mejor los clientes que no hacen lo denunciado, este artículo está pensado para hacerse sentir mejor a los bármanes que no hacen lo que sigue. ¡Que nadie se ofenda, oye!

El gran Charles Schumann dijo alguna vez que “el cliente más importante es el que has perdido”. Es una gran verdad. ¿Pero por qué uno pierde un cliente? La clientela del bar no suele saber mucho del producto y de su modo de preparación. Pero sabe (o piensa) que puede pedir más o menos lo que le da la gana. Por tanto, un cliente no se pierde por no saber balancear un sour (enfermedad bastante común en los bares patrios) sino por factores que no necesariamente tienen que ver con lo que lleva la copa.

Concretamente, clientes y bármanes ‘malos’ comparten muchos comportamientos. El saludar al entrar en el local es uno de ellos. Sorprende constatar cuánta gente se queja de que no le dieron la bienvenida a su llegada, no se les acercó nadie del personal o tuvieron que pedir la carta después de unos minutos de espera. Del mismo modo que el barman se queja de los clientes que no entienden que un cóctel lleva su tiempo de preparación, el cliente se queja de los bármanes que piensan que 15 minutos de espera es normal.

Los buenos modales tienen que venir de ambas partes: clientes y bármanes. Foto: Kate Townsend

Cuando llega por fin la carta, arrancan otro tipo de problemas. Entre los clientes que algo saben de coctelería, una de las mayores frustraciones son los clásicos maltratados. Si pide un Dry Martini, lo mínimo es preguntar como lo prefiere. Si pide un Daiquiri, no se le puede servir uno, por bueno que sea, con bitters de chocolate. O uno removido en lugar de agitado. El cliente que no sabe, por su parte, se queja, en ciertos lugares, de la prepotencia del barman incapaz de explicarle el trago en términos sencillos. Otro caso recurrente es el barman más obsesionado con vender el cóctel que le enorgullece en lugar de servir al cliente lo que le apetece de verdad.

A la hora del servicio, surgen otras molestias. Es bien conocido dentro del gremio el problema del cliente que quiere menos hielo porque piensa que así tendrá más alcohol. Pero como bebedor no hay nada más molesto que una copa con demasiado hielo. Imaginaos, por ejemplo, un Negroni que llena una vaso a los 2/3 pero con hielo que sobresale del recipiente. Para evitar el muy desagradable contacto (es la bebida que quieren fría, no su nariz), clientes se ven obligados a sacar el hielo ellos mismos. Un problema similar causan algunas decoraciones estrambóticas que manchan los dedos o impiden el acceso limpio a la bebida.

Ojo con las decoraciones incómodas para el cliente. Foto: Ash Edmonds

Más allá de la copa en sí, también está cómo se entrega. Una de las quejas más comunes es que se presupone que la bebida fuerte va para el chico. Históricamente, el buen camarero memorizaba lo que pedía cada comensal. Un arte perdido. Del mismo modo, la costumbre de dar la cuenta al chico sin que importe quién la haya pedido sigue muy arraigada. Parece que de los dos lados de la barra el machismo sigue siendo demasiado común.

Una última observación antes de terminar este recorrido que hubiese podido ser más largo (mejor no os cuento la anécdota del barman que se corta las uñas al lado del hielo, ¿verdad?). Habituales apartes, hay un tipo de cliente que suele recibir un trato denostado: el de la industria. La diferencia puede ser abismal. Me acuerdo de un bar de Barcelona donde me di exactamente cuenta del momento en el que el barman fue avisado por su jefe de que yo estaba en el bar. De repente, se puso muy majo. O de este bar parisino donde después de un trato inexistente nos invitaron a un whisky japonés al ver el nombre de la tarjeta de crédito de uno del grupo. ¿Y qué decir de la política del Artesian que consistía en regar a golpe de champagne gratis las gargantas de los bármanes de visita? Está muy bien tratar dpm a los clientes especiales. Pero los clientes ‘normales’ no son imbéciles; se dan cuenta. Mucho cuidado, señores y señoras, en no pasaros.

Siempre existe el tonto del tripadvisor, el machista de la barra y el imbécil que se cree gracioso. Pero por lo general, con una sonrisa, mano derecha y algo de don de gentes, el barman suele ganarse al cliente. Antes de ponerse demasiado exigente con él, algunos bármanes deberían levantar el listón para ellos mismos.

François Monti
François Monti

Periodista y escritor belga afincado en Madrid desde 2009. Escribe sobre cócteles y destilados para varios medios internacionales.

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