Manolis Lykiardopoulos gana el Grand Prix Martini 2016 con su cóctel "Ameritino"

by Mar Calpena

Ameritino. Ése es el nombre del nuevo clásico del aperitivo que le ha valido la victoria a Manolis Lykiardopoulos la victoria en el Grand Prix Martini 2016. Un cóctel arriesgado, de aquellos que pueden gustar mucho al jurado o quedar relegados al final de la tabla. Lykiardopoulos, bartender del Odori Vermuteria de Atenas, combinó Martini Rubino, Martini Bitter, café espresso, Masticha y tónica en una bebida que según afirmó Jacob Briars, global advocacy director de Bacardí y presidente del jurado, fue elegida porque “se atreve a usar ingredientes inesperados para darnos una bebida al mismo tiempo sorprendente y deliciosa”. Briars fue quien, junto a la periodista e historiadora Anistatia Miller, el cocinero Davide Oldani así como Beppe Musso, el master blender de Martini, coronó el “Ameritino” como sucesor del “Un americano a Torino” que ganó la edición anterior. Miller comentó además que la competición había estado muy reñida.

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El Ameritino es, en palabras del jurado del Grand Prix Martini 2016, un combinado a la vez “arriesgado, sorprendente y delicioso

El “Ameritino” se imponía así al resto de los cócteles finalistas en una final celebrada en dos etapas en la emblemática Terrazza Martini de Milán.
Todo había comenzado tres días antes, o, según se mire, hace 46 años. El Grand Prix Martini, anteriormente el campeonato Paisa, volvió a la carga el año pasado después de un hiato (una edición que también tuvimos la suerte de presenciar en The Shaker and the Jigger), pero en esta ocasión modificó su formato para ampliar el número de competidores. Para la edición de 2016 se seleccionaron a tres finalistas de Italia, España, Portugal y Grecia y se invitó a tres wild cards de talla internacional.

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Los finalistas y semifinalistas de la edición 2016 del Martini Grand Prix celebran la victoria de Lykiardopoulos

Nuestros representantes en la semifinal fueron Matteo Pedico, de Collage en Barcelona, Ana Suárez Castrillón, de La leyenda del gallo, en Oviedo, y Javier García Vicuña, del Hotel San Mauro de Madrid. El día antes de la semifinal y la final, los participantes habían estado en Pessione, en la casa madre de Martini, donde pudieron conocer de primera mano las instalaciones, el proceso de fabricación, y el pasado y el futuro de la marca de la mano de Elena Delmagno, BA de Martini, además de recibir dos seminarios de formación a cargo de Bruno Vanzan (campeón del Grand Prix en 2008 y Flair International Champion) y del chef Misha Suykas. Vanzan hizo hincapié en el trabajo que requiere ganar una competición de coctelería y de su ponencia nos quedamos con dos ideas que en ocasiones hemos visto que los concursantes no aplicaban en las competiciones: hay que leerse (bien) las bases, y no hay que sobreactuar.
La ponencia de Suykas les dio mucho en qué pensar a los concursantes, porque explicó cómo maridar comida y bebida yendo mucho más allá del simple discurso de afinidad/contraste de sabores. Suykas remarcó que es imprescindible saber situar un producto geográficamente y en el momento histórico para poder trabajarlo y para conocer con qué otras culturas gastronómicas puede tener afinidad. Fue un seminario provocador y necesario, porque este año la comida ha tenido un gran protagonismo en el Grand Prix. Y es que el segundo día de competición el propio Suykas preparó diversos platos y cada concursante tuvo una hora para crear un cóctel cuyos sabores funcionaran junto a él. De esta semifinal se clasificó un representante de cada país, y todos ellos pudieron enseñar al público el cóctel que los había llevado hasta Milán en la Williams Martini Racing Terrazza de Milán. Matteo Pedico presentó su “Ginger ruby”, un cóctel que rendía homenaje a sus viajes y a los locales en los que ha trabajado.

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El jurado de esta edición del concurso de Martini contó con especialistas como Anistatia Miller, Davide Oldani y Beppe Musso, entre otros

Al día siguiente, los semifinalistas fueron a un supermercado a comprar la comida necesaria para preparar su maridaje en la final, y se pusieron manos a la obra, probando, testando y ajustando los platos a servir. Poco después, cada uno de ellos saldría a explicar su pequeña historia, a servir los cócteles y, en definitiva, a hacer lo que hacen miles de bartenders a diario: alegrarle la vida a su cliente. Un alegría para el jurado que se tradujo también la alegría de Lykiardopoulos, un ganador que se impuso con un cóctel atrevido, moderno y elegante, unos valores que quiere impulsar el Grand Prix.

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Mar Calpena
Mar Calpena

Periodista y bartender. DEU en coctelería y mixología del CETT-UB. Está a cargo del proyecto Sapiens de los cócteles de la Fundación elBulli.

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