Cócteles de postre: a nadie le amarga un dulce

by Mar Calpena

Creo que no existe categoría de cócteles más denostada que la de los combinados de postre (con la posible excepción de los “frozen” de colores lisérgicos). Demasiado dulces para la barra de un bar y demasiado alcohólicos para la mesa de un restaurante, parece que nunca hay un momento bueno para pedirlos. Sin embargo, si se supone que se están difuminando las fronteras entre un tipo y otro de establecimientos, que cada vez aparecen más menús maridados y más cócteles que emplean técnicas de cocina, ¿por qué no darles una segunda oportunidad a los cócteles de postre?
En la categoría de combinados de sobremesa suelen aparecer el café y la nata como protagonistas o secundarios; sin embargo, los cítricos son otra gran opción porque resultan digestivos y refrescantes (como bien sabe cualquiera que haya acabado una comilona con un sorbete de limón o de Marc de Cava), y también la menta, aunque no es un ingrediente que guste a todo el mundo. Sea como sea, suelen ser tragos cortos pensados para alargarse, y, quizás, para tomarse con cuchara. Lo mejor de los cócteles que llevan nata es que la proporción básica no suele variar entre unos y otros, puesto que muchos llevan dos partes de lácteo, por una de destilado y una de licor o endulzante. Esta simplicidad permite jugar con otros licores, jarabes o siropes que nos permitirán alejarnos de los ricos pero ya muy transitados combos de café, cacao y brandy. En los últimos tiempos hemos tenido ocasión de probar cócteles que simulaban tartas de queso, pastel de manzana o créme brulée. ¿Por qué no atreverse, pues, con licores de frutas o frutos secos, vainilla, especies o naranja? Éstos son algunos clásicos que han merecido su status consagrado, y algunos menos consagrados que pueden ser un buen punto de partida para tu creatividad.
Grasshopper
El Grasshopper (que en inglés significa “saltamontes”) es verde. Muy, pero que muy verde, como la crema de menta que es su ingrediente principal, que combinada con licor de cacao viene a ser algo así como la versión líquida del After Eight.

grasshopper
“No es fácil ser verde”, como diría Kermit.

Stinger
El Stinger da miedo de buenas a primeras. Brandy y menta. A priori suena fatal, pero contra todo pronóstico pocas recetas resultan tan refrescantes y deliciosas para terminar una comida (disclaimer: es uno de mis cócteles favoritos y a lo mejor no soy muy imparcial). Si la crema de menta que se emplea no es blanca, sino verde como la del Grasshopper, pasa a llamarse Green Hornet. Sus años de esplendor fueron los de la postguerra, pero sigue tan sofisticado y seductor como entonces.
Brandy Alexander
Coñac, crema de cacao y nata. Vale, sí, el Brandy Alexander nunca será un cóctel light, pero nunca las calorías supieron tan deliciosas. Gary Regan, citando al historiador Barry Popik, dice que su origen está en el restaurante de marisco Rector’s, de Nueva York, y que es anterior a la Prohibición.
White Russian
Se dice, se cuenta, se rumorea que alguien logró escribir sobre el White Russian sin mencionar a El Gran Lebowski. La película de los Coen transmitió los encantos de esta bebida de la era disco a una nueva generación, pero ello tampoco ha hecho que su popularidad se dispare. Nata, licor de café y vodka. El carajillo de los campeones.

Montaña rusa, ensaladilla y rusa y White Russian. Sólo a esto último le llaman así en Rusia... suponemos.
Montaña rusa, ensaladilla y rusa y White Russian. Sólo a esto último le llaman así en Rusia… suponemos.

Espresso Martini
Café, vodka y licor de café, pero más que eso. Un clásico de los ochenta –una época no exactamente fecunda para la coctelería- fue creado por uno de los popes de la coctelería inglesa, Dick Bradsell, en su Soho Brasserie. Parte de su encanto reside en crear, sólo a base de mezclar, una capa superior de espuma que se logra mezclando directamente café caliente en una coctelera con mucho hielo.

Espresso Martini. Utiliza un buen café, ¿eh?
Espresso Martini. Utiliza un buen café, ¿eh?

Sgroppino
Sorbete de limón, prosecco y un toque de vodka. El Sgroppino nace de Venecia (un lugar de rancio abolengo coctelero) y es un broche de oro perfecto para una comida algo pesada.
Café Irlandés
Otro primo hermano, esta vez celta, del carajillo, que se supone que nació para reconfortar a los pasajeros que llegaban destemplados en los años cuarenta al aeropuerto de Limerick (el antecedente del de Shannon).

El carajillo celta.
El carajillo celta.

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Mar Calpena
Mar Calpena

Periodista y bartender. DEU en coctelería y mixología del CETT-UB. Está a cargo del proyecto Sapiens de los cócteles de la Fundación elBulli.

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