Cuando el vermut era una novedad

¡Gracias Italia por el vermut!

by François Monti

Los que escribimos sobre el vermut y en particular sobre su versión española solemos presentar el siguiente relato: Martini llegó por primera vez a Madrid en el 1871 de la mano de un importador independiente, pero no es hasta 1893 que la compañía se introduce de manera definitivaa través de su representante en Barcelona, un tal signore Mezzalama — y este populariza la hora del vermut al abrir el Caffè Torino en el Paseo de Gracia en 1902. Entre la primera y la segunda fecha aparecen un par de marcas españolas. Una marca que todavía existe cuenta hoy que fue fundada en Barcelona por un italiano en los años 1870 y que hay documentos que lo prueban.

Café Torino en Barcelona (1902)

Aparte de esta última afirmación (no he sido capaz de encontrar ninguna mención de dicha marca antes de bien entrado el siglo XX), el grueso de este relato es fidedigno. Sin embargo, han sacado a la luz muchos más datos para completar nuestro entendimiento de los primeros años del vermut en España. Aquí viene mi intento de contárselos.

El vermut italiano, el que siempre ha gozado de más fama en España, no se exporta fuera de Turín hasta 1838, por lo que no sorprende tener que esperar hasta la década de los 1840 para ver aparecer los primeros anuncios de vermut, tanto en Madrid como en Barcelona. Siempre se trata de productos de importación, con un coste elevado. Por ejemplo, en una lista de precios publicada en Madrid en el 1868, el vermut (no sabemos si dulce a la italiana, o seco a la francesa) tiene el mismo precio que el mejor coñac — solo el Sauternes sale más caro… Dicho de otro modo: el vermut es, hasta 1870, una curiosidad, una cosa exótica solo al alcance de los más pudientes.

La historia del alcohol, como la de la gastronomía, suele escribirse desde un punto de vista individual. Se habla de visionarios, de genios, de emprendedores natos. Pero muchas veces los cambios importantes se deben a circunstancias económicas, científicas o políticas… El evento que lo altera todo para el vermut en España es la elección por el parlamento del rey Amadeo. De apellido Saboya, es el hijo del primer rey de la Italia unificada y un representante destacado de la familia que reina en Turín desde siglos. Seguramente, sabe de qué va el vermut… Y podemos pensar que la llegada de Martini a Madrid en el primer año del reino de Su Majestad Amadeo no debe nada al azar: algún comerciante intentó probablemente aprovecharse del tirón turinés — si lo bebe el rey, lo beberán sus súbditos, ¿no?

Amadeo de Saboya

Tampoco puede ser coincidencia que sea en estas fechas cuando aparecen publicidades de la que considero la primera marca seria de vermut español, la casa Sallés, de Barcelona. Replicando a su manera la leyenda del ‘nacimiento’ del vermut en Turín, Salvado Sallés pide audiencia al rey. Amadeo de Saboya lo recibe el 14 de marzo 1872. Al día siguiente, la prensa se pregunta si Don Amadeo ‘hizo la prueba del néctar de Baco’. Alguien en el palacio sí la hizo ya que una semana más tarde empiezan a aparecer publicidades para el vermut Sallés con la siguiente mención: «Proveedor de la Real Casa».

Amadeo se queda muy poco tiempo en el trono y perdemos la pista de Sallés alrededor de 1885, pero se trata de una década muy importante para el vermut en España. En 1873 aparece una de las primeras publicidades para Martini — «vermouth estimulante, agradable y tónico cuyo uso es ya universal». En 1879, una firma francesa anuncia sus «perfumes» para elaborar vermuts y dos años más tarde se publica lo que puede ser la primera receta detallada en aparecer en España. En 1890, por fin, la prensa aporta la indudable prueba de que un producto «ha llegado»: el gobierno impone por primera vez un impuesto sobre el vermut — o, como escriben, «el llamado vino de vermouth».

Por entonces, muchas pequeñas casas intentan seguir los pasos de Sallés, en particular en la ciudad de Reus — a día de hoy, epicentro de la producción de vermut en España. Estos elaboradores van a recibir en 1891 un ayuda importante del gobierno conservador, con la imposición de aranceles confiscatorios sobre los productos extranjeros, vermut incluido. No por nada, al año siguiente, La Vanguardia presenta el vermut como el futuro del vino español. El público, sin embargo, sigue exigiendo un vermut «de Turín». Sin sorpresa, listillos lo falsifican en las destilerías de Barcelona, hecho denunciado por las pocas personas que siguen vendiendo auténtico vermut italiano en un contexto tan malo.

Publicidad de Maritni e Rossi (1906)

Si Martini abre unas de sus primeras filiales en el extranjero en Barcelona en 1893, no es, por tanto, porque el mercado es boyante para la marca, sino todo lo contrario. Los aranceles encarecen el producto y los imitadores ganan terreno. Al abrir una fábrica en territorio español, Martini logra competir en igualdad de condiciones. Sin embargo, esto no es todo: a pesar de su creciente popularidad, el vermut sigue siendo un producto poco bebido, si se compara con otros aperitivos típicos de España. Bajo el liderazgo de Mezzalama, Martini encuentra la solución. Su representante abre dos cafés en Barcelona. El segundo, el más espectacular, es concebido por los arquitectos y artistas más vanguardistas de la época. Ponen de moda el vermut, primero en Barcelona, luego en Madrid y, por último, en las otras grandes ciudades del país (en España, hasta los años 50, el vermut es un producto urbano y burgués). Así nace, más de medio siglo después de la llegada de la bebida a España, «la hora del vermut».

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François Monti
François Monti

Periodista y escritor belga afincado en Madrid desde 2009. Escribe sobre cócteles y destilados para varios medios internacionales.

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