El día que Reino Unido quiso prohibir las barmaids

by Ismael Labrador

Ansío que las mujeres tengan cada vez más protagonismo detrás de la barra. No porque tenga fantasías de ligar con alguna, sino por un tema de justicia divina. También porque creo que las mujeres tienen una sensibilidad diferente en lo que se refiere a mezclar bebidas. Y esa sensibilidad me gusta”. La frase es de Jordi Luque, redactor de El Comidista, y refleja una de las tendencias que estamos viviendo en las barras.
Cada vez son más las mujeres que participan, acceden a finales y ganan concursos de coctelería, tanto en ámbitos nacionales como internacionales. Y cada vez es más habitual entrar en un local y encontrar una barmaid dispuesta a agitar la coctelera con la mejor de sus sonrisas. Pero resulta curioso observar cómo este fenómeno se percibe de manera distinta si estás dentro o fuera del ecosistema coctelero.

No hace mucho un amigo me pidió que le llevara a una coctelería para “probar cosas nuevas, algo que no sea el típico mojito”. Tal era el concepto de cóctel que tenía (y que sigue teniendo). Al entrar en el local allí estaba la barmaid tras la barra, con su sonrisa perenne y su saludo cordial. Y mi amigo no tardó en dirigirse a ella: “¿Puedes llamar al barman? Es que me gustaría hablar con él para ver qué puede prepararme”, le dijo, sin saber que en realidad ella era el head bartender del establecimiento. De hecho son 3 barmaids las que trabajan en el local.

Y es que, aunque detrás de la barra se percibe la presencia cada vez más destacada de barmaids como algo normal, desde el otro lado sigue existiendo el prejuicio de que una mujer tras la barra es una camarera, y que en lo que a coctelería se refiere hay siempre un hombre por encima. ¿Es una cuestión de machismo o simplemente desconocimiento? ¿Por qué seguimos pensando que el de bartender es un oficio exclusivamente masculino? ¿Tendrá algo que ver el hecho de que históricamente parece que sólo ha habido hombres agitando la coctelera hasta hace relativamente poco?

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A Bar at the Folies-Bergère (cuadro pintado por Édouard Manet en 1882 con una barmaid de protagonista)

La realidad es que con las barmaids sucede lo mismo que con las mujeres científicas. No es que haya habido pocas y de escasa importancia. Es que no han gozado de la misma publicidad y notoriedad que sus colegas varones. Históricamente el reconocimiento del éxito, en cualquier profesión, se ha inclinado más hacia los cromosomas XY que hacia los XX. Y el universo de los bares no ha sido una excepción. Máxime cuando incluso algunos países han tenido leyes que restringían el trabajo de las mujeres tras la barra.

Diane Kirkby, en su libro Barmaid: A History of Women’s Work in Pubs, hace una curiosa revisión sobre la evolución del papel de la mujer como fuerza laboral en los bares australianos. Hasta bien entrado el siglo XIX, el bar era un lugar marcadamente masculino. Ninguna mujer quería entrar en él si no fuera por la necesidad más absoluta de trabajar en el empleo peor pagado y valorado del momento: camarera. Hasta la década de 1920, las numerosas asociaciones en pos de la prohibición del alcohol se ocuparon de crear la imagen de u8na camarera que atraía a los hombres a los bares para beber y gastar su dinero. Fuera del bar existía el estereotipo de que una barmaid era una especie de flautista de Hammelin que engatusaba a los hombres y les conminaba a emborracharse y a seguir un estilo de vida desordenado basado en el alcohol y la mala vida. La realidad es que dentro del bar había muchas mujeres valoradas por su capacidad para preparar bebidas, conversar con los clientes y mantener la barra limpia simultáneamente.

En algunos países esto llegó a ser cuestión de estado. En octubre de 1906, un parlamentario británico realizó una propuesta de ley para prohibir que las mujeres trabajaran en bares. El argumento principal de su petición se basaba en que era una medida de protección hacia las jóvenes camareras, que de esta forma no sufrirían el acoso de los clientes borrachos. De paso, también aseguraría que los hombres dejaran de ir a los bares, tratando así de poner freno una escalada de alcoholismo que asolaba el país. No era la primera vez que se planteaba la abolición de la figura de las barmaids. En 1902 Glasgow había aprobado una normativa municipal similar y durante toda la primera década del siglo XX el gobierno británico había recibido docenas de peticiones para regular la presencia de las mujeres tras las barras. Tal fue la situación que en 1908 la Cámara de los Comunes de Reino Unido aprobó un proyecto de ley que regulaba la concesión de licencias para servir alcohol. Entre las 40 páginas que contenía la propuesta, se incluía una cláusula (la número 20) según la cual se podía negar la renovación de una licencia en función de si el propietario del bar se comprometía a no contratar mujeres.

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Barmaids en un pub de Londres, fotografía de 1949. Foto: Dovima2010, Flickr

En aquel año de 1908 la polémica en torno al papel laboral de las barmaids generó todo un cisma a nivel político. Sin ir más lejos, Winston Churchill perdió unas elecciones como parlamentario por Manchester simplemente porque el día anterior a la votación su rival se posicionó a favor de derogar la ley que limitaba el trabajo de las barmaids. Hubo toda una campaña de partidarios y detractores en torno a la polémica cláusula 20. Hasta que finalmente quedó derogada.

Durante los años siguientes hubo barmaids que consiguieron una notable reputación, aunque quizás la más afamada de todas sea Ada Coleman, que en 1903 tomó las riendas del American Bar del Hotel Savoy y no las soltó hasta 1926. Coleman fue una de las personas más influyentes en la coctelería del siglo XX. Su reputación era tal que la noticia de su retirada del American Bar fue noticia en cinco periódicos ingleses.

Hoy, 90 años después, nadie piensa que las barmaids son demonios que atraen a los hombres a los bares para emborracharles y que dilapiden su dinero. Tampoco hay debates políticos sobre el rol laborar que puede o no desempeñar una mujer tras la barra. Y, por fortuna, cada vez son más las barmaids con talento que agitan la coctelera en las mejores barras nacionales e internacionales. Como dice Jordi Luque, “ansío que cada vez tengan más protagonismo tras la barra”.

Foto de portada: Ada Coleman, una de las personas más influyentes en coctelería del siglo XX

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Ismael Labrador
Ismael Labrador

Aprendiz de barman. Escribe sobre coctelería y destilados en su blog NO TE SUBAS A LA BARRA y en otros medios como éste.

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