Narrar el aperitivo

Los italianos son unos maestros. He perdido la cuenta de las veces que, en los siete años que llevo viviendo en España, he tenido que escuchar lo del aceite de oliva que compran aquí y embotellan como suyo. En mi Bélgica nativa, se habla de los cerdos flamencos comprados por productores de prosciutto. La moraleja: los italianos son muy buenos para empaquetar guay lo ajeno y venderlo como suyo, a precio de oro.
¡Ay! ¡Si fuésemos igual de buenos, quizás España sería capaz de vender el aperitivo como suyo! Al fin y al cabo, tal y como lo expliqué en El Gran Libro del Vermut, fue probablemente el importador de Martini en Barcelona, un italiano llamado Flaminio Mezzalama, quien «inventó» la hora del vermut, imponiendo en la Ciudad Condal (y luego en toda España), el aperitivo, Torino style. Más de un siglo después, siguen los italianos al mando, mientras fuera apenas conocen las tradiciones españolas. Aquí no se empaqueta bien…

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En El Gran Libro del Vermut de François Monti puedes descubrir todo un mundo de consejos sobre este aperitivo

En las últimas semanas pude leer dos libros que dan cuenta del poder del aperitivo italiano. El primero, Spritz, fue escrito por Leslie Pariseau y Talia Baiocchi, esta última, autora de un excelente libro sobre los vinos de Jerez (que los estadounidenses defienden mucho mejor que los españoles, por cierto). Spritz es una hermosura: formato, portada, ilustraciones y textos dan unas ganas tremendas de comerse y beberse todos los platos y las bebidas comentados. Explica, en formato corto, la historia del aperitivo italiano en el siglo XIX, su auge en los años de la Dolce Vita, y su vuelta en los últimos tiempos. Las recetas, tanto de spritz como de tapas, tienden a ser fáciles de elaborar y, en el caso de las que he probado, muy buenas. El márketing nos había convencido que el spritz solo se prepara de una forma: este libro es indispensable para descubrir las variedades de este estilo de bebida.
Si Spritz propone el buen beber y el buen comer como ingredientes sin los cuales no hay buena vida, el segundo libro, The Life Negroni, propone el aperitivo como una mera función de esta buena vida. Lo hace, a mi gusto, menos interesante. Escrito por una pareja de periodistas ingleses, Leigh and Nargess Banks, presenta la historia del cóctel de marras, y tiene un capítulo sobre cada ingrediente que lo compone, y retratos de figuras importantes, de Salvatore Calabrese a Ago Perrone. A pesar de sus casi 300 páginas tiene poco texto (y no siempre cien por cien correcto); predominan las fotos. Pero es un volumen muy bonito y tiene un objetivo claro: hacerte viajar y soñar con la elegancia, el lujo y los buenos tragos. Ambas obras venden al final la misma cosa: los placeres del estilo de vida italiano.
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En el libro The Life Negroni se propone el aperitivo “como una mera función de la buena vida”

Más allá de la indudable calidad de los productos que encontramos en el corazón del aperitivo italiano, lo que demuestran estos dos libros es la importancia de la narración y del universo que se ha construido alrededor de esta práctica. No es que el aperitivo italiano sea una ilusión, muy al contrario: es sencillamente que han sabido ponerlo en valor.
Ya que España también tiene productos de gran calidad, quizás lo que falta son productores, expertos y bármanes que se conviertan en buenos narradores. No para contar mentiras, sino para explicar lo bonito y bueno que es lo que tenemos. Como lo apuntan Baiocchi y Pariseau, rebujitos y tintos de verano son primos hermanos del spritz. Aquí, nos empeñamos en considerarlos como ejemplo del mal beber. ¿Quién se atreverá a cambiar la narración?

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