Historias de combinados de café

Se convirtió en la bebida de los ilustrados cuando irrumpió en el Oxford de Newton y en la de los revolucionarios en el París de la guillotina, pero en ambos casos el café se popularizó rápidamente al ser una nueva opción salubre, barata y no alcohólica que los ciudadanos podían consumir. No sabemos con exactitud el momento que alguien volcó unas gotas de aguardiente en él, pero el brebaje resultante fue una fórmula imperecedera que a día de hoy sigue cotizándose en barras de todo tipo, desde tabernas hasta coctelerías selectas.

Llegó el café... y los alteró a todos
Llegó el café… y los alteró a todos

Por todos es sabido que la capital de los cafés fue (y es) Viena, donde estos locales albergaban mucho más que bocas sedientas, pues en realidad eran cobijo de mentes hambrientas por la cultura que acudían a debatir, leer, escribir o reflexionar ante el amparo de una taza de café. No es de extrañar, por tanto, que allí se recogieran algunas de las primeras combinaciones de café y alcohol, como el Pharisäer (“fariseo”) o el Fiaker (“carruaje”), ambas con base de ron, así como otras muchas que no escatimaban en inclinar licores de frutas. El Pharisäer, por ejemplo, antes de conquistar el sofisticado Café Schwarzenberg, había nacido en una parroquia al norte de Alemania donde se celebraba un bautizo bajo la recta mirada de un pastor que predicaba la abstinencia; los feligreses aderezaron el café con unas alegres gotitas de ron, pero encima vertieron nata para tapar el posible aroma, algo que no funcionó siendo acusados de “fariseos” por el párroco.
Un fariseo anima al más pintado. Foto by Alex Kahl
Un fariseo anima al más pintado. Foto by Alex Kahl

En nuestra tierra, el chorrito etílico en el café llegó durante la época de explosión fabril, bajo la complicidad entre taberneros y obreros con prisas. Hay quien lo sitúa en la Estación de Francia, otros en el puerto y algunos en las factorías de Sants, pero todos sospechan de su influencia cubana. Esta versátil combinación también surgió en otros puntos cardinales adoptando diferentes nomenclaturas, como el “rebentat” en Baleares o el Caffè Corretto en Italia. Aunque de entre todas las históricas mezclas es posible que el “irish coffee” sea la combinación con cafeína más famosa de todo el planeta, algo a lo que parecía predestinado cuando a mediados del siglo pasado fue inventado en el bar de un aeropuerto irlandés. Eso sí, el primer Coffee Cocktail llamado como tal fue un puro trampantojo, pues el rey de reyes Jerry Thomas se inventó una mezcla de cognac, oporto, huevo y almíbar de la que resultó una textura tan similar que optó por el confuso sobrenombre.
Irish Coffee: el rey de los cócteles con café.  Foto by Chris Blakeley
Irish Coffee: el rey de los cócteles con café. Foto by Chris Blakeley

Actualmente vivimos uno de los grandes momentos del café. La cultura cafetera, liderada por baristas de todo el mundo, nos recuerda que el buen café se ha de catar sólo, sin más, para conseguir revelar sus auténticos matices, pero a la vez los barmans proponen seguir explorando sus infinitas posibilidades por medio de la mixología. Por todo ello os dejamos tres formas de reinventar vuestros granos de café, porque con un hilo de ron y un vaso de cristal ya tenemos excusa para brindar.
Espresso martini
2 partes de vodka
1 parte de licor café
1 parte de café expreso (ya frío)
½ parte Almíbar (al gusto)
Agregamos todos los ingredientes a una coctelera con hielo, agitamos vigorosamente y servimos rápido en una copa de cóctel. Decoramos depositando un par de granos de café sobre la espuma resultante.
Espresso Martini. Foto by Huw
Espresso Martini. Foto by Huw

The Beccaccino (basado en la receta del prestigioso barman Murray Stenson)
1 parte de brandy
1/2 parte de licor de hierbas
1/2 parte de amaretto
1/2 parte de whisky
1 parte de café expreso (muy frío)
Agregamos todos los ingredientes al vaso mezclador, agitamos y servimos en copa.
White Cuban (Si Lebowsky hubiera nacido en La Havana)
2 partes de ron blanco
2 de licor café
1 de leche evaporada
Vertemos el ron y el licor café en un vaso mezclador con hielos, agitamos y servimos en vaso old fashioned con abundante hielos. Agregamos la leche poco a poco para crear contrastes de color. Podemos decorar con granos de café o espolvorear un poco de chocolate.

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