Historias de Pasapoga

by François Monti

Una de las salas míticas del siglo XX español fue el Pasapoga, en la Gran Vía de Madrid. Se podría decir que su historia nos cuenta algo de España y de su evolución: abierta como sala de fiesta más chic (o aristocrática, como se decía en aquel entonces) en la inmediata posguerra (en 1942, “el año del hambre”), contaba dentro de su parroquia la ‘elite’ de régimen – la visitó la mujer del Caudillo, dicen – antes de convertirse en lugar de visita obligada para el famoseo internacional cuando Fraga quiso dar un lavado de cara a la dictadura. Con la democracia, fue lugar de alterne rancio y, luego, en su última época, una discoteca gay – este epílogo tiene algo de justicia poética…

No seré yo el que escriba la historia berlangania de esta aventura. Pero sí quiero utilizar las líneas que siguen para un tema de relevancia menor, excepto para los aficionados al buen beber. La sala Pasapoga llegó a ser un lugar importante en un momento crucial de la historia coctelera de este país. Me acordé de esto hace poco cuando un amigo estadounidense compartió en Twitter una foto de la barra del Pasapoga; la había encontrado en un libro de su colección, Cien Cocktails, publicado por Jacinto Sanfeliu en 1943.

Jacinto Sanfeliu Brucart

Antes de hablar de Sanfeliu, algún comentario sobre la Gran Vía: desde el primer día, el Broadway madrileño estuvo vinculado a la modernidad. Lo que viene a decir a la cultura americana: billar, cines, grandes almacenes y, por supuesto, cócteles. Chicote no fue el primero: casi una década antes de que él abriese su bar, ya encontramos Pidoux, el primer auténtico bar americano de la ciudad, y el Cock, cuando éste estaba instalado a la altura de Callao. Además, la mayoría de los cines y teatros de Gran Vía contaban con su barra de cócteles. Era por ejemplo el caso del Edifico Carrión, el de la publicidad Schweppes.

El cóctel era la bebida cosmopolita, tomada tanto por cierta burguesía con cultura internacional como por la versión castiza de las flappers. Por tanto, no nos puede sorprender que a los falangistas más intransigentes las bebidas mezcladas no les molaran nada. Al acabar la guerra, empieza una campaña contra todo lo que huele a cultura extranjera. En prensa se publica una carta destinada a Chicote que dice: “Nos desagrada el cóctel. Precisamente nuestro Movimiento hizo trizas la gran coctelera política y social que padecíamos. Nos molesta todo lo que es mezcla y mixtura”. Por esta razón – y no por otra – el primer libro que publica Chicote después de la contienda se llama ‘Vinos españoles y sus mezclas’ – tocaba parecer promocionar el producto local, aunque el contenido era similar a obras anteriores.

Lo que es llamativo es que Pasapoga contratara a alguien de la talla de Jacinto Sanfeliu. Ex barman del Palace y del Ritz, era en 1942 la figura más importante del bar español, detrás de Chicote y Boadas. Claramente, la austeridad españolista de las camisas azules no complacía a todo el mundo. Muchos jerarcas del régimen querían recuperar los lujos de antes de la guerra,  en una época en la que muchos españoles pasaban hambre – una María Antonieta ibérica hubiese podido decir “¿No tienen de comer? Que tomen un Gin Fizz”.

Sanfeliu no se quedó mucho tiempo en Pasapoga. Los cócteles aguantaron unos cuantos años, como aguantaron en Chicote. Pero poco a poco los cines y los teatros perdieron sus bares y sus ‘sesiones vermut’. El creciente desarrollo comercial los expulsó de la Gran Vía. A partir de los años 50, Sanfeliu llevó su arte de la mezcla a su propio local, el Balmoral, donde acudía una parroquia variopinta, muy madrileña – generales, condes, duquesas y… Loquillo. Murió en el 1994 y el local echó el cierre en 2005. Pocos bármanes de hoy saben de Sanfeliu. Es una pena: su historia y la de sus contemporáneos nos cuentan el cóctel a través sus horas gloriosas y también problemáticas, cosa muy útil en nuestra época donde parece ir viento en popa. Último comentario antes de dejarles volver a sus vidas muy excitantes: ni la guerra ni el franquismo (ni el hambre) pudo con el cóctel pero H&M, sí: si queréis ver el lugar donde Sanfeliu agitaba la noche madrileña, tan solo tenéis que bajar al sótano de la tienda de la cadena sueca en Gran Vía, 37.

El edificio que vivió el Pasapoga en la Gran Vía de Madrid

Para más detalles sobre la sala Pasapoga, leer este enlace

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François Monti
François Monti

Periodista y escritor belga afincado en Madrid desde 2009. Escribe sobre cócteles y destilados para varios medios internacionales.

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