Los 8 tragos más curiosos de la historia

¿Con huevo crudo? ¿Con semen? ¿Con un dedo humano? La historia de la coctelería ha dado lugar a tragos perfectos, magistrales, capaces de cambiar vidas, y a excentricidades legendarias como las que nos ocupan. Con semen. Dicen que aporta numerosos nutrientes y es bajo en calorías, de manera que hay diversos manuales en el mercado que recomiendan utilizarlo en la elaboración de cócteles. El más popular es, tal vez, el controvertido ‘Semenology‘, un recetario de cócteles con el semen como protagonista, una joya cuya lectura nos deja una perla tras otra: “los huevos son la menstruación de las aves, la leche es la secreción mamaria de las vacas, el semen por lo menos es fresco“. Paul ‘Fotie’ Photenhauer, autor de la criatura, asegura, además, que “como el buen vino y los quesos, el sabor del semen es complejo y dinámico”, y además de numerosas recetas nos da una serie de consejos sobre qué debe comer nuestro ‘dealer’ en función del sabor que queremos que tenga el semen.

Como véis, no es broma.
Como véis, no es broma.

Amber Moon. Si hiciésemos un ranking de los cócteles más lamentables de la historia, probablemente estaría en primera posición esta monstruosidad de bonito nombre, elaborada con huevo crudo –con la yema sin romper–, sal, pimienta, salsa inglesa, un chorrito de whisky (existen variaciones con vodka) y una pizca tabasco. Existe su versión sin alcohol, ligeramente más infame, llamada Prairie Oyster. Dicen que nació en Estados Unidos para acabar con las resacas, y probablemente lo consiguió, eliminando también con ellas las ganas de seguir viviendo del consumidor.
Con un dedo humano. Del pie. El pulgar. Un dedo de 1920 deshidratado y momificado con sal, perteneciente a un contrabandista que se lo tuvo que amputar huyendo de la justicia, que se guarda en un botecito y se añade al cóctel estrella del Sourtoe Cocktail Club (Dawson City, Canadá). Ya lo han probado 100.000 personas, y sólo una de ellas ha osado tragárselo porque la broma está sancionada con 500 dólares. ¿Que qué pasó cuando se tragaron el dedo? Que el bar lanzó una convocatoria para conseguir más y ya tiene 10 en reserva. Por cierto, de aquí Jordi Luque sacó unas cuantas lecciones.
Con pláncton. Fue el chef Ángel León, con dos estrellas Michelin por su Aponiente (El Puerto de Santa María, Cádiz) quien puso de moda este ingrediente. Su cocina marina de vanguardia ha dado la vuelta al mundo y ha llevado al chef a dirigir el restaurante BistrEau, del Hotel Mandarin Oriental (Barcelona), cuya coctelería, un lugar exquisito llamado Banker’s Bar en el que va a sorprenderte que la gente no vaya vestida con sombrero y gabardina, ofrece un gin-tonic con pláncton. Una joya de sabor intenso, marino, sutil y evocador.
En un WC. Este cóctel sólo podía ser posible en uno de esos rocambolescos locales de Las Vegas que son como una gran broma, uno de esos establecimientos donde lo raro sería, posiblemente, pedirse un sobrio Dry Martini. The Crapper, cuyo nombre lo dice todo, es una piña colada con chocolate, adornada con una barra de Snickers, que se sirve en el interior de un water en miniatura y hace estragos entre la clientela del Rock & Rita’s Bar.
Con hormigas. Una vez leído lo anterior, que alguien nos diga que se va a preparar un gin-tonic con hormigas nos va a parecer lo de menos. Aunque afirme que las hormigas se ven, que descansan en la botella y que tienen un sabor cítrico intenso y delicado. Y es que si la botella de Anty-Gin cuesta 270 €, por algo será. Y no va a ser el único producto con insectos que va a llegar a nuestras mesas: la UE acaba de aprobar una legislación sobre nueva alimentación que autoriza la entrada de insectos, entre otros productos hasta ahora desconocidos, a partir de 2017.

Anty Gin: no apto para fans de la película Antz.
Anty Gin: no apto para fans de la película Antz.

Con verdura. Empiezan a despuntar en Estados Unidos, lo que significa que probablemente lleguen en breve a nuestras coctelerías. Y es que la evolución natural de la fiebre internacional por los ‘smoothies’ era que a alguien avispado se le ocurriera echar un chorrito de licor a esos tragos verdes multivitamínicos y rejuvenecedores. De hecho, no hay que llevarse las manos a la cabeza, pues hace años que está entre nosotros mamá Bloody Mary para recordarnos que cualquier licor puede llevarse de maravilla con el tomate. Y quien dice tomate, dice aguacate, espinacas, pepinos, apios, jengibre o alcachofas.
Un vodka con leche de vaca. Atención a este self-made man londinense que decidió ampliar horizontes en su oficio de granjero y crear, además de los consabidos quesos y mantequillas, un vodka con la leche de sus vacas. ¿Cómo? Jason Barber, el padre de la criatura, separa la leche en suero y cuajada. Mientras esta última se utiliza para elaborar quesos, el suero se fermenta y se le agrega una levadura especial que convierte el azúcar de la leche en alcohol, el cual posteriormente se destila. Contra todo pronóstico, el vodka ha recibido muy buenas críticas por parte de numerosos profesionales y chefs de prestigio.

Vodka de leche de vaca. Y encima parece ser que está bien.
Vodka de leche de vaca. Y encima parece ser que está bien.

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