Por tierra, mar y aire: por qué los cócteles son nuestro medio de transporte favorito

Foto: Simon Pielow

by Mar Calpena

Con la posible excepción del cine, pocos ámbitos tienen tantos lazos con la coctelería como el de los medios de transporte. Para empezar, el bar se origina en las tabernas que servían en paradas de los antiguos caminos que se recorrían en diligencia o a caballo.
Y a finales del siglo XIX y principios del XX, cuando el transporte de masas se populariza (se populariza para quién puede pagarlo, claro) y se convierte en un símbolo de estatus. Por ello, tenemos cócteles dedicados a la propia disciplina (el Aviation, que evoca los azules cielos nocturnos), inspirados en modelos de avión (aunque sea uno tan poco amable como el bombardero B-52) o creados en el bar de un aeropuerto, como es el caso del Irish Coffee. Comenta el periodista especializado en aviones y trenes Javier Ortega Figueiral que “el glamour del vuelo, tras varias décadas en las que parecía totalmente olvidado en detrimento de la clase turista, es un valor que algunas compañías están volviendo a poner en alza, porque el viajero con alto poder adquisitivo se había ido perdiendo en detrimento de la aviación privada. Ofrecerles comida personalizada, añadas especiales de vinos o, una carta de cócteles, bien sea en la sala VIP o como bebida de bienvenida en el propio avión es importante, porque un pasajero especializado se percibe como oro para la compañía”. Y claro, cada compañía maximiza, además, los cócteles que puedan tener una relación con ella. Así por ejemplo, Singapore Airlines ofrece, cómo no, Singapore Slings, de los que Ortega Figueiral dicen que son “correctos”. Lufthansa ha rescatado su tradicional Lufthansa cocktail, un RTD que viene sirviendo desde los años cincuenta. Reeditado ahora junto a una gama bastante apetecible de cócteles -algunos clásicos, otros sólo de corte clásico, como un gimlet con zumo de pera-, ya no se vende sólo en la tienda de los empleados del aeropuerto de Frankfurt, sino que puede encontrarse también por internet.

Primer vuelo con el Wright Flyer (Carolina del Norte, EEUU. 1903)

En los bares de los aeropuertos y estaciones también se han dado momentos gloriosos para la historia del cóctel. Además del ya mencionado Irish Coffee, bebida reconfortante creada en el aeropuerto de Shannon para los viajeros del intempestivo viaje en avión a América del Norte en los años cuarenta, las coctelerías son el sitio idóneo para esperar un avión o un tren. Pocas, eso sí, tan absolutamente espectaculares como el Oyster bar y el The Campbell en la estación Grand Central de Nueva York, ambos con una arquitectura que nos transporta a una era gloriosa de los viajes en tren (obligado pedir allí un XXth Century, un cóctel inspirado en el XXth Century Limited, una línea que iba de Nueva York a Chicago a bordo de un tren empujado por una fastuosa y aerodinámica locomotora art decó, y que merecería un revival más pronto que tarde, porque es delicioso).

20th Century de Commodore Vanderbilt

Ya a bordo de trenes y aviones la cosa se complica un poco. Lejos quedan aquellos gloriosos tiempos entre la llegada en el 67 del modelo 747, de dos pisos, y la crisis del petróleo en el año 73, que obligó a meter tantos pasajeros como se pudiera para rentabilizar los vuelos. Durante ese breve periodo llegó a haber aviones con una barra de bar e incluso un piano en su cubierta superior, que se utilizaba a modo de sala de ocio. Todo esto difícilmente volverá, aunque algunas aerolíneas, como Emirates, Qatar, Virgin y otras han recuperado conceptos similares en la última década. De todo aquello le queda poco al turista que viaja en clase ídem, aunque hoy en día puede optar por intentar prepararse él mismo las copas, merced a la creciente oferta de bebidas alcohólicas en los menús (muchos ejemplos de los cuales pueden leerse en el blog Alcademics) y con los trucos que sugieren libros como Road Soda de Kara Newman. Quizás el mejor remanente de esa época gloriosa se encuentre en algunos trenes. No, no en los gintónics en vaso de plástico que trasiegan los ejecutivos en el AVE, sino más bien en trenes turísticos que aún cuentan con un auténtico y clasiquísimo servicio de coche bar, como el Orient Express, los de RENFE Transcantábrico Gran Lujo y Al-Alandalus o el Rovos Rail en Sudáfrica. ¡Quién pudiera coger uno ahora mismo!

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Mar Calpena
Mar Calpena

Periodista y bartender. DEU en coctelería y mixología del CETT-UB. Está a cargo del proyecto Sapiens de los cócteles de la Fundación elBulli.

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