Mujeres y eslavas: la identidad las hizo únicas

Hace pocos días, el pasado 21 de marzo, tuve el placer de asistir al guest bartending que Natalia García, Brand Ambassador de Bacardí y maestra de Daiquirís, organizó para acoger en el Collage del Borne barcelonés a dos barmaids, mujeres y eslavas: Lisa Molyavka y Lizzy Evdokimova.
Ya conocía a Lisa personalmente, pero no sus mezclas, en cambio no conocía a Lizzy aunque sí su delicioso Knight Cup. El caso es que la ocasión me resultaba especialmente interesante, una escena perfecta para completar un puzzle, para reunir las piezas que me faltaban de cada una de las dos invitadas.

Collage
Collage, en Barcelona. A place to be.

El guest bartending se desarrolló dentro de la etapa final de promoción que deben realizar los participantes en la Bacardí Legacy antes de acudir a la final mundial de San Francisco. Lisa está promocionando su baza, Anything Else, un beertail que yo tenía muchas ganas de echarme al gaznate. Lizzy, ganadora de la Legacy hace un par de años o tres, acompañaba a su colega bielorusa, y la barra quedaba pertrechada como un diminuto escenario del Bolshoi, donde las dos ejecutaron movimientos tan elegantes como los de las bailarinas de la Compañía Nacional Rusa.
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Lisa, elegancia bielorrusa.

Lisa y Lizzy ejecutaron movimientos elegantes y también buenísimos cócteles, que es a lo que vinieron, bebidas que me hicieron pensar en algo de lo que en alguna ocasión se ha hablado en The Shaker and the Jigger, algo tan trascendental como el compromiso que cualquier creador –por ejemplo, una barmaid o un bartender– debe asumir para saberse y exponerse a sí mismo. Para brillar con luz propia, que diría el jurado de algún show televisivo de talentos cursi.
Lizzy
Lizzy ganó la Legacy en 2013. Temblad, barmans del mundo.

A través de sus cócteles, las dos barmaids me hicieron pensar en esto tan trascendental y de perogrullo al mismo tiempo. Sus cócteles transmitían identidad. A mí en concreto me transmitieron su origen eslavo y su condición femenina, es decir, y aunque es difícil asegurarlo, si yo hubiera acudido a la barra de Collage con los ojos vendados, creo que hubiera podido adivinar que me atendían mujeres y que, además, eran eslavas.
¿Hubiera podido decirlo? Quizá no, las catas a ciegas son terribles delatoras de nuestra ignorancia e incapacidad, de la sugestión de los sentidos y del peso de la subjetividad, pero valga la exageración para señalar el motivo de este texto.
La identidad nos hace únicos.
Si uno atiende a los consejos de los gurús del marketing, sabrá que desde mediados del siglo pasado predican la importancia de ofrecer algo único, distintivo. Se trata de distinguirse de la competencia, del resto de los actores en nuestro sector de actividad profesional.
El consejo, definirse, se podría interpretar como etiquetarse, aunque el matiz lo vuelve algo más negativo. No lo es; etiquetarse, de forma reflexiva –a uno mismo– carece de la negatividad de que a uno le cuelguen el sambenito, de que le etiqueten a uno. Etiquetarte, definirte y exponerte, ayuda al consumidor. Lisa y Lizzy, a través de sus cócteles, dijeron: aquí estoy, soy así, si quieres encontrarme ya sabes dónde. Algo imposible, porque se trataba de un guest bartending y, desafortunadamente, las dos barmaids no tienen barra en Barcelona. Pero se entiende el ejemplo, ¿verdad?
En una plaza como Barcelona, donde la oferta en coctelería es tanta y tan buena, es importante dejar claro quién eres y qué pueden encontrar los clientes en tu bar. En Barcelona y en cualquier plaza, en realidad.
Mujeres y eslavas, decía al principio. En especial la parte femenina se percibía en la delicadeza proverbial de Lisa. Su Blush, por ejemplo, –Bacardí, Aperol, puré de arándanos y lima; coronados con un frost que evocaba un pica pica– era una muy venusiana mezcla de Cosmopolitan y Daiquirí, con el añadido eslavo –no lo omitió– del uso de los arándanos. Blush, el sonrojo de las mejillas, de cuando te pillan en un renuncio, de cuando te sorprenden in fraganti.
También se percibe la mano del sexo fuerte –sí, del fuerte– en su Anything Else, el cóctel que Lisa llevará a la final de la Legacy. Elaborado con Bacardí, Punk IPA, zumo de limón, sirope de miel y Campari, resulta en una tremenda sutilidad. ¿Cómo una cerveza lupulada y el amargo del Campari pueden resultar en una copa tan dulce? La única explicación que se me ocurre es la de una mano delicada.
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… y la mano delicada es la de Lisa.

Lizzy, por otro lado, descolocó a los asistentes –no fui el único sorprendido– con sus creaciones, yo creo que por el acento especialmente eslavo. Para muestra, su Twin Pix, una mezcla que sacaba lo mejor del Bacardí 8 gracias a una sabia combinación con vino de Jerez, zumo de lima y mermelada de brotes de piña. He ahí el toque, he ahí lo que me levantaría del sillón para ir a buscar ese cóctel. La eslavísima mermelada de piña verde que dejó boquiabiertos a varios parroquianos, que confería un punto dulce, amargo, a trementina y resina, a mango y mastiha. Sorprendente inclusión del pino que recuerda, por cierto, al trabajo del cocinero Miguel Ángel de la Cruz que, en su Botica de Matapozuelos, explora las posibilidades gastronómicas de los pinares que le rodean. No es el caso, Lizzy no vino de Matapozuelos, sino de Rusia, y ahí es común el uso de mermeladas de piña piñonera verde, deliciosa y única.
Por último, el segundo cóctel más eslavizante de la noche, y mi favorito, fue el Fire and Water, de Lizzy. Bacardí Carta Blanca, Cordial Firewood, Patxarán y Bitters. Un trago seco, potente, corto. Con, aparentemente, nada eslavo en su composición pero tan sólido como el Acorazado Potemkin, si se me permite, tan sólido como cabe esperar de un bar ruso, si tal género existe.
Si estas dos mujeres montaran un bar en Barcelona, yo lo tendría claro. Iría a beber un abanico de cócteles que van de lo delicado hasta lo más potente, como en tantos otros lugares, pero que destacan por su carácter femenino y un origen que hay que buscar más allá de los Urales.
¿Parece anecdótico? No lo es. Piénsalo. ¿Qué va a buscar un cliente a tu bar? ¿Cuál es tu historia? Porque la tienes, ¿verdad?
Deberías.

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