Viva la vita

by Miguel Pérez

Cuando oí que Martini recuperaba uno de los concursos más emblemáticos de la coctelería no me lo pensé ni un segundo: yo tenía que estar ahí. Hablar de Martini Grand Prix no es hablar de una simple competición, es hablar de dedicación, de trabajo, de comunidad… de todos los grandes bartenders que nos antecedieron e hicieron de nuestro oficio un homenaje al cliente, su atención al detalle, la copa perfecta y el servicio impecable.
Pero sobre todo un alto y sonoro canto a la Vida. Porque hablar de Martini es hablar de la historia del vermouth y su significado: disfrutar de los pequeños placeres del día a día, de los amigos, de la familia…
Cuando busqué la inspiración para hacer mi cocktail no tuve que pensar mucho, porque lo tenía claro.
Para mí el aperitivo es uno de los más hermosos recuerdos de mi infancia: la familia reunida (ya sea en un bar, en casa o en el campo) tapas, conversaciones inacabables entorno a una pequeña botella de color rojizo y mis padres riendo con su vaso en la mano mientras nosotros correteábamos entorno a la mesa.
¡La felicidad simple, la de la alegría compartida!
Desde un principio sabía que no me podía perder en fórmulas complejas, no salirme del objetivo: esto es un aperitivo. Sencillo, amargo y refrescante, tenía que ser  a la vez un homenaje a la historia del vermotuh y a la marca en sí.
3N4A0395
Por eso escogí Martini Rosso, su expresión más icónica, no podía ser otra.
Y por ello escogí el agua de salvia, con sus toques amargos y sutilmente picantes,  para rebajar la carga alcohólica.
La salvia es una hierba característica de la cocina italiana y además es un componente indispensable en los remedios de botica que enlazan directamente con el origen medicinal del vermouth.
Ahí tenía mi pequeño homenaje a Italia, su vermouth y a Martini, que también quedaba representado en un bitter inspirado en las hierbas endémicas de la región en que se fabrica: Pessione.
La nota ligeramente dulce (no podía olvidar que debía ser un aperitivo), vino de la mano del Curaçao, elaborado con naranjas amargas, un producto que respetaba mi concepto y que además armonizaba maravillosamente con el Martini Rosso.
Y ahora debía buscar el golpe de efecto: ¿cómo presentarlo?
Por más que pensaba en cristalería y vajilla mi mente siempre volvía a las botellitas pequeñas de mi infancia y entonces dije ¿por qué no?
Carbonatarlo antes de introducirlo en ellas vino  a mi cabeza casi de inmediato. Le proporcionaba el toque vibrante, dinámico y alegre que buscaba.
Quería un aperitivo divertido que reflejara el carácter mediterráneo, abierto, espontáneo y natural, ese amor por la vida al aire libre que tanto nos gusta a españoles e italianos.
Y me alegro de haberlo hecho así. No porque ganara, sino porque cada minuto de la competición fue para mí un momento perfecto: unos compañeros estupendos, un marco incomparable y una tarde de comunión estupenda entre todos los asistentes al evento.
Solo espero que tanto ellos como yo salieran esa tarde pensando:
¡Qué demonios!… ¡VIVA LA VITA!

10
Miguel Pérez

Bartender, consultor y formador

¡ Comparte !
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter