10 actitudes machistas que desterrar del mundo del bar (parte I)

by Elvira Aldaz

Durante el último año, el feminismo ha ocupado muchas páginas de prensa y muchas conversaciones de bar. Por aclarar términos, el feminismo es según la RAE “el principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre” y, en ningún caso, persigue la superioridad femenina como muchos insisten en señalar. Las movilizaciones del 8 de marzo se vivieron como un punto de inflexión, aunque al día siguiente todas las participantes volvieron a la misma realidad, sin visos de cambio inmediato.
Cuando pregunté a numerosas mujeres del sector si les apetecía contarme alguna experiencia personal para ilustrar un artículo sobre micromachismos, me sorprendió la gran acogida que tuvo mi propuesta. Me dijeron que era necesario hacer visibles estas actitudes para cambiarlas y me animaron a contarlas públicamente, a ser su voz. A conseguir que los que no saben que pasan estas cosas, abran los ojos; y, que los que las protagonizan, se vean en un espejo. Me confiaron cantidad de historias y situaciones que convierten su trabajo diario en algo más triste, más desagradable y más difícil. Pero lo más relevador fue que muchas me pidieron permanecer en el anonimato, por miedo a tener problemas en el trabajo o a sufrir represalias. A todas ellas, gracias por vuestra colaboración y valentía.
En este artículo, he intentado sintetizar en 10 puntos situaciones que desgraciadamente se repetían en sus relatos y que son el día a día de una mujer tras una barra. Al contarlas, algunas se sentían resignadas, otras enfurecidas, otras frustradas, otras esperanzadas. Siendo mujer, es tarea fácil empatizar con ellas. Solo hay que ponerse en su lugar. Ojo, que aunque parezca increíble, todas las frases entrecomilladas son citas textuales de sus relatos.

  1. “Esa falda es demasiado larga”

Me contaba una barmaid que los uniformes o códigos de vestimenta que se asignan a las mujeres en algunos locales no son apropiados para trabajar tantas horas de pie o moverse rápido y, sobre todo, distan mucho de los uniformes masculinos en esos mismos locales. Es obvio que muchos empresarios ponen detrás de la barra a mujeres guapas para atraer clientes, pero obligarlas a vestirse con escotes, minifalda y tacones mientras que sus compañeros trabajan con pantalones y calzado cómodo es inadmisible. Las mujeres tenemos esto tan interiorizado que cuando las amigas de Noelia Méndez se enteraron de que en su local podía vestir como quería le dijeron: “¿Y no te dicen nada por no llevar escote?”.
Sobra decir que una mujer puede vestir todo lo sexy que quiera, si es por su propia voluntad, pero nunca aceptar que un jefe le diga: “tienes que venir más destapada a trabajar que así no atraemos clientes”, como me contaba otra conocida barmaid. Ofrecer a las mujeres que trabajan allí como un producto más de la carta es denigrante y provoca situaciones incómodas en el puesto de trabajo.

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Las mujeres no son un atractivo más del bar
  1. “Qué sabrás tú de bebidas de hombres” 

Me han llegado muchas historias en las que los clientes no querían que una mujer les sirviera un destilado o un cóctel que ellos consideraban “masculino”. Dejando a un lado el debate sobre los prejuicios de género (que le pregunten a excelentes Brand Ambassadors de whisky como Ximena Cervantes o Georgie Bell), dar por hecho que una profesional desconoce todo un segmento de bebidas por falta de testosterona sería hasta divertido si no provocara a diario situaciones muy desagradables.
Hay barmaids que han sido preguntadas socarronamente si “entendía de whisky” al ir a recomendar uno de la carta, aleccionada condescendientemente por un cliente sobre cómo servir un whisky solo o ignoradas ostensiblemente hasta que un compañero masculino se acercó a tomar la comanda. Mel Fernández incluso relata que, tras sugerirle a un señor probar un nuevo malta acorde con sus preferencias e invitarle a degustarlo en una copa de cata, recibió unos cuantos comentarios ofensivos y un contundente “este no es un trabajo para mujeres”.

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Ximena Cervantes y Yanaida Prado, dos mujeres que saben mucho
  1. “Hola guapa, ¿está tu jefe?”

Uno de los micromachismos más comunes es dar por hecho que una mujer no puede ser la jefa del local y que siempre hay un hombre por encima que sabe más. Noelia Méndez contaba que cuando su marido no estaba en el bar del que ambos son propietarios y, a pesar de sus años de experiencia, había gente que le comentaba: “¿quién va a hacer los cócteles cuando él no esté?” o “habrás aprendido alguna cosilla de ver a tu marido, ¿no?”. Varias barmaids también me contaron que, a pesar de ir vestidas con el mismo uniforme y estar detrás de la barra, muchos clientes preferían “hablar con el bartender” en vez de con ellas.
Noelia Serna, propietaria de Musutruk, está tan acostumbrada a que los comerciales pregunten por su jefe que tiene ya un gag recurrente que no falla. Cuando viene un comercial a venderle algo y pregunta por su jefe –normalmente acompañado por un “txiki”, “rubia” o “guapa”, claro que sí-, le dice que espere, va a la cocina y vuelve a salir al rato diciendo: “Hola, yo soy el jefe. Vas a tener que hacerlo muy bien a partir de ahora, porque ya has empezado bastante mal conmigo”.

  1. “Tú atiende mesas, que una chica en sala luce más”

Una compañera me contó que, a pesar de tener dos masters, experiencia y haber sido contratada como bartender, todavía no le han dejado hacer ni un cóctel en el local en el que trabaja. Prefieren que sirva copas, sea simpática con los clientes y sonría. Otra, que también prefiere dejar su nombre en el anonimato, dice que acudió a un puesto de bartender pero que prefirieron hacerle la prueba para la sala porque así “luce más” y, al saber de coctelería, “puedes explicarle los tragos a los clientes”.
En otra ocasión, la encargada de un gran evento distribuyó los roles del equipo y colocó al bartender más rápido –un hombre- en la barra de coctelería. Pero el jefe decidió modificar toda su organización para poner en esa barra a una chica con menos experiencia para “dar imagen”, lo que según la encargada, simplemente la cosificaba y sexualizaba en vez de valorar su capacidad profesional.

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La cosificación de las mujeres sigue siendo un problema en la hostelería
  1. “Va a ser horrible cuando se os sincronice a todas la regla”

Otra de las actitudes habituales es dar por hecho que varias mujeres no pueden trabajar juntas. Me han contado que a veces se veta a una mujer en los procesos de selección porque ya hay otra trabajando allí y todo el mundo sabe que “nos llevamos mal entre nosotras”. También se quejan de que se las sobreprotege, no dándoles determinados horarios o directamente no contratándolas porque una mujer tiene más riesgo de atraco o no va a saber lidiar con los clientes.
Por su parte, Yeiner Guerra aborda el tema del machismo femenino. Dice que se ha encontrado con mujeres que han menospreciado su trabajo o que al contarles comentarios machistas y de índole sexual que había tenido que aguantar en el trabajo, simplemente se han reído o la han mirado con cierto desdén. Es cierto que el machismo no es patrimonio exclusivo de los hombres. Como bien dice Yeiner, “las mujeres deberíamos apoyarnos más entre nosotras”.
Aún nos quedan por delante otras cinco actitudes machistas para desterrar de las que tenemos que hablar. Pero mejor las dejamos para otro día.

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Elvira Aldaz
Elvira Aldaz

Publicitaria y constructora en el medio digital de marcas nacionales e internacionales. He cursado el Master of Spirits y soy coeditora de la revista RUMPORTER en español.

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