¿El cóctel tiene género?

by Mauri Jiménez

En una época en la que la sociedad ha detectado y denunciado algunos de los comportamientos tradicionalmente machistas, u otros menos evidentes como lo son los micromachismos, que están sutilmente arraigados en nuestro día a día, es el momento de pasar a la acción. Sin ánimo de enviar un mensaje polémico o rupturista, me parece muy importante ir cambiando, poco a poco, hábitos y términos a la hora de ir construyendo una nueva realidad social.
Voy a trasladar esta inquietud mía al mundo del bar, de la coctelería; un mundo donde estadísticamente la presencia masculina aún es muy superior a la femenina. Hablo del personal de las marcas, de los jefes de bar; hablo de bartenders, de barmaids; hablo de barbacks, de responsables de compras en grandes cadenas (de hoteles o restauración); hablo de una realidad patente que por suerte está cambiando. También podríamos hablar de las azafatas de imagen en eventos del sector, pero ese debate lo dejamos para otro día.
Esta desproporción entre hombres y mujeres ha hecho que desde siempre se haya perpetuado un lenguaje machista encubierto en el sector. Es muy difícil a veces distinguir entre la caballerosidad y la educación en estos micromachismos, pero en este debate no voy a entrar. Sí lo voy a hacer en cómo los barmans se permiten (nos permitimos) acercarse a una mujer ofreciéndole un trago diferente que al hombre. ¿Por qué cuando en una mesa han pedido un Whisky Sour y un Gin-tonic, seguramente le serviremos el whisky a él en lugar de preguntar a los clientes? Tenemos que dejar de basarnos en experiencias pasadas y en estadísticas personales, y empezar a cambiar el lenguaje y la forma de acercarnos a estos clientes. Nunca sabemos quién se va a molestar (con razón) si damos algo por hecho.

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Como hombre, ¿me he de privar de un fantástico Clover Club solo por su color? Foto: Sergi Fuster

Otra de las razones que nos lleva a estos equívocos es pensar que los perfiles de sabor que nosotros conocemos y a los que estamos acostumbrados han de funcionar para todo el mundo por igual. Cuando vemos un poco de mundo (o tenemos la suerte de tener habitualmente clientes extranjeros) nos damos cuenta de lo corto de miras que es a veces hacer este tipo de afirmaciones, tan tajantes como excluyentes. Encorsetar a un cliente por su procedencia o género es algo que, a la larga, seguro va a ir en nuestra contra.
Cuando escucho afirmaciones como “a las mujeres no les gusta el whisky”, además de echarme las manos a la cabeza, me pregunto si hay alguna reflexión detrás de quien la emite. En países donde el whisky haya sido tradicionalmente una bebida de y para caballeros, es posible que las mujeres no hayan tenido la oportunidad social de compartir este trago y, si lo han probado, ha sido lejos de las formas amables que la coctelería nos ofrece. Pero si nos topamos con una mujer escocesa, con una cultura de whisky muy arraigada, es posible que no solo le guste, sino que además sepa mucho más que tú de este fantástico destilado.

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Quién puede argumentar que este atemporal trago no puede ser disfrutado por una mujer igual que un hombre. Foto: Sergi Fuster

Lo mismo podemos decir de sabores amargos, asociados a la madurez y también a la masculinidad. Por ejemplo, si viajamos a Italia (que nos queda muy cerquita) y pedimos un buen Negroni, nos daremos cuenta de que los sabores amargos no distinguen de géneros ni de edad. Podremos observar que este tipo de bebidas forman parte de su cultura gastronómica y, por lo tanto, se vuelve a desmontar la creencia; no hay sabores más afines a hombres o a mujeres.
No voy a entrar a hablar en profundidad de la teoría Queer, pero hoy en día hablar de muñecas o coches, de enfermeras o pilotos, es entrar en un debate caduco, así que si me permitís un consejo (que yo también me aplico) vamos a dejar de utilizar el término femenino para referirnos a un cóctel que sea afrutado, dulce o de proporción alcohólica moderada. Y vamos a dejar de señalar a otro hombre y tildarlo de “mariquita” o cualquier otro improperio cuando se pide un Daiquiri de fresa o un Cosmopolitan, por poner un ejemplo. Vamos a respetar sus gustos y a preparar ese cóctel con esmero, sin que importe ni el género ni la orientación sexual de nadie.
Nuestro léxico es muy rico para definir un cóctel y no es necesario ponerle género. Tenemos la responsabilidad de cómo nos comunicamos con el cliente, y no solo porque alguien se pueda ofender, sino sobre todo porque hay que ir cambiando poco a poco la sociedad con estos pequeños detalles. Las palabras crean nuevas realidades, pero sobre todo lo hacen las actitudes.

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Mauri Jiménez
Mauri Jiménez

Barman autodidacta e inquieto que está detrás del COCKTAILSPERQUESI, catering de Coctelería.

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