¿Por qué deberías dejar de usar el adjetivo "femenino" para describir un cóctel? 

by Laura Conde

Un día cualquiera en cualquier coctelería del mundo. Pides al bartender que te describa uno de los cócteles de la carta y no es extraño que te responda algo así como: “es un cóctel delicado, dulce, suave, envolvente…” (o lo que sea). Y concluya: “es muy femenino”. Vaya.

Entre un cúmulo de adjetivos puramente descriptivos encontramos otro, femenino, absolutamente subjetivo y cargado de significado, pero acostumbrados como estamos a escucharlo ya ni nos chirría. En un sector como el de la coctelería, parece haber consenso, pues, en que hay tragos femeninos, y éstos son, por algún motivo que conviene cuestionarse, siempre suaves, dulzones, fáciles, nada agresivos ni estridentes.
Esta situación se repite a diario. Ayer mismo, pocas horas antes de escribir este artículo, yo misma fui a cenar a un restaurante supuestamente cool del Raval barcelonés y, cuando nos dieron la carta de vinos, la camarera abrió la mía por la primera página y me dijo que también tenían mojito de mora. A mi acompañante masculino no le dijeron ni pío, por supuesto, como si él no fuese lo suficientemente insensato como para maridar unas almejas a la marinera con un mojito de mora, en un lugar donde precisamente los vinos de la carta eran fantásticos. Son bebidas de chicas, parece haber consensuado la profesión sin que a nadie se le haya ocurrido discurrir sobre las causas y, sobre todo, consecuencias de asociar ciertas cualidades a un género determinado de forma totalmente subjetiva.

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Un mojito. No un mojito “femenino” o “masculino”. Mojito, simplemente.

Son códigos, tampoco pasa nada, pensarán algunos. No saquemos las cosas de quicio. Y es cierto que no se acaba el mundo porque me ofrezcan un mojito de mora, basta con decir que no. O porque siempre me pongan a mí el vino rosado o el San Francisco cuando voy con un hombre a un bar. Pero claro que pasan cosas. “El principal problema es que el uso normalizado del adjetivo “femenino” en referencia a cualquier cosa que sea discreta, ligera, suave y elegante contribuye a difundir las mismas ideas estereotipadas de siempre“, afirma Anna Pacheco, periodista de Playground especializada en temas de género.
Unos prejuicios de género que, no lo olvidemos, son también nocivos para los hombres. Frente a una mujer a la que se presuponen “de forma orgánica, natural” una serie de cualidades como la discreción y la docilidad, está, por contraposición, la masculinidad heteronormativa: las bebidas supuestamente masculinas son potentes, secas, contundentes, que potencian un tipo de masculinidad y que ocasionan “que a corto plazo tanto los hombres como las mujeres se acaben decantando por una bebida en lugar de otra“, afirma Pacheco.

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Los prejuicios de género no perjudican solo a las mujeres. También encasillan a los hombres.

El feminismo coincide en que esa igualdad de género que todavía queda lejos (en nuestro sector, basta con contar el número de mujeres que encontramos tras las barras de las coctelerías y preguntarnos los motivos) pasa por “asexualizar el lenguaje“, asegura Pacheco. Basta con preguntarnos qué hay detrás de que un combinado sea catalogado como femenino. “Son conceptos que refuerzan cuál debe ser el papel de la mujer en la sociedad y que contribuyen, como un goteo, en fijar nuestro papel en ella: que te comportes en tu puesto de trabajo de forma discreta, que sientas la necesidad de vestir de una determinada manera y que, al fin, seas más sumisa, más dócil, y te pongas al servicio de los hombres“, explica la periodista.
La masculinidad aparece, sin embargo, en nuestro imaginario colectivo, algo que también se refleja en el mundo de la coctelería, asociada a conceptos como “la virilidad, la fortaleza, la fuerza, la sobreestimulación, cosa que se percibe desde en un anuncio de champú para el pelo hasta en el de una bebida de machito“. Algo que, poco a poco, de forma probablemente imperceptible y por tanto desdeñable para algunos, va calando en la sociedad e influyendo en nuestro comportamiento, nuestra manera de enfrentarnos al mundo y en la idea que tenemos de nosotros mismos.

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Que algo se adjetive como “femenino” o “masculino” es una convención cultural, nada más.

Seguramente muchos se preguntan a estas alturas del discurso si no se está dando una importancia exagerada desde el feminismo al uso del lenguaje, y si no se está sobredimensionando el poder de lo que al fin es únicamente una herramienta para comunicarnos. “Se subestima la importancia del lenguaje, cuando es con lo que convivimos y contribuye a modelar el discurso de la sociedad“, asegura Pacheco. “Obviamente, hay problemas más importantes relacionados con la lucha de género que conviene atajar, como el feminicidio o la brecha salarial, pero no podemos olvidar que en la base de esa pirámide sobre la que se va construyendo la desigualdad se encuentra el lenguaje“, afirma.
Y volviendo a la coctelería, ¿qué alternativas tenemos para dejar de usar el adjetivo “femenino”? “La idea es usar adjetivos puramente descriptivos: dulce, agrio, sinuoso, envolvente, cítrico, digestivo.., y olvidar en cualquier caso el binarismo de género“, afirma Pacheco, lo que significa empezar por pequeños gestos como dejar de presuponer que la mujer preferirá un licor de melocotón y el hombre un whisky on the rocks. Todo ello, son convenciones culturales que se han ido modelando a lo largo de los años y que no benefician, y esto es importante no olvidarlo, a nadie. Tampoco a ellos.

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LAURA CONDE
LAURA CONDE

Periodista y cofundadora del portal GASTRONOMISTAS. Escribe y habla sobre gastronomía, coctelería, estilo de vida y tendencias en diversos medios de comunicación.

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