Ana María Martínez: la sonrisa que triunfa en México

Quién le iba a decir a Ana María Martínez, cuando de pequeña contemplaba el inmenso océano atlántico desde su pueblo natal (Porto do Son, en A Coruña), que al otro lado de ese mar, muy lejos, la esperarían años más tarde con los brazos abiertos. Con sólo 26 años, esta joven barmaid está actualmente haciendo el Leadership Development Program que tiene la compañía Fairmont (sí, sí, la propietaria del mítico Savoy) para formar a gerentes y trabaja como Asistente de gerente en Fairmont Mayakoba, Riviera Maya, México.
¿Cómo se llega desde una cafetería de Galicia a hacer prácticas en el Savoy de Londres y a gestionar un hotel de la Riviera Maya?

En esta choza trabaja Ana María
En esta choza trabaja Ana María

En el caso de Ana María, le explotó un cóctel con 17 años. Tal cual. Estaba en la cafetería de sus padres y quiso probar a realizar su primer cóctel. No salió bien, cierto, pero eso no la amedrentó; al contrario, siguió con su empeño y, tras estudiar restauración, pasar por centros especializados en coctelería y diplomarse como gestora hotelera, fue a parar al Garoa, en Santiago de Compostela, donde, según ellase elaboran los mejores cócteles de la ciudad”. Ese local, definitivamente, fue el que la marcó, donde creció y aprendió. Y allí la dejaron crear sin trabas. Luego todo fue rodado: acabó en su adorado Savoy, el sueño que acariciaba desde adolescente, y la compañía Fairmont la propuso para llegar el programa de desarrollo de liderazgo en México.
Mezcal y tequila, playa y creatividad.
La idea de conocer a fondo el tequila, el mezcal, la cultura maya y, por qué no decirlo, la idea de trabajar en algo parecido al paraíso en la tierra, sedujo a Ana María de inmediato. En la Riviera Maya ejerce día tras día su pasión: estar en contacto con la gente y, sobre todo, dar rienda suelta a su creatividad elaborando una bebida sin marcarse ningún techo o límite. Y es que Ana María no descansa: ¡todo lo que ve con los ojos le da ideas para elaborar un cóctel!
Sin duda, un lugar inspirador.
Sin duda, un lugar inspirador.

España y el mundo
Para Ana María, España es un ejemplo a seguir en muchos países, también en Lationamérica: “Ya se puede empezar a ver bares en México elaborando los Gin & Tonics en copa balón con sus botánicos”. Sin embargo, hay diferencias claras; sobre todo en lo que se refiere a los ingredientes y estilos: “Una de las diferencias son los productos y materiales, aquí se encuentran frutas locas muy difícil de encontrar en España y por lo contrario aquí es difícil conseguir algunos espirituosos”.
Mujeres al poder
Joven y talentosa, Ana María es la demostración de que la coctelería está dejando de ser territorio masculino: “Cada vez hay más mujeres y la barra deja de ser cosa de hombres. A las que nos dedicamos realmente a esto por fin se nos toma en serio ya que estamos capacitadas y ponemos todo nuestro interés”.
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Irse y volver
De momento Ana María es feliz en el Caribe y sabe que éste es su momento de viajar, vivir experiencias, aprender… pero algún día volverá a España. El suyo no es un caso de emigración forzada: sus ganas de viajar y conocer otras culturas la han llevado a vivir fuera; una consecución lógica de sus inquietudes. Sin embargo, todo su futuro lo vislumbra dedicándose a la coctelería y todo lo relacionado con ella. Y quizás, algún día, volverá y montará un local propio.
La estaremos esperando.


Una mirada más a fondo.
IMG_20140813_070647Siempre sonríe porque adora su trabajo
No tiene un cóctel favorito; le gustan tantos que siempre dependerá del momento y la ocasión.
Asegura que en el mundo de la coctelería hay que aprender y formarse todos los días.
La persona que más le ha marcado en su trayectoria es Manuel Garcia Santiso, su primer profesor en el CIF Compostela.
Apoya más la teoría del tequila y el mezcal que del vodka en cuanto a tendencia futura.
Su consejo para alguien que quiera meterse a fondo en la coctelería profesional es que empiece por lo básico, la coctelería clásica y que aparte del esfuerzo y la dedicación no olvide nunca la humildad… y una gran sonrisa.
 

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