Bartenders y jubilación: cuando llega el momento de colgar la coctelera

Foto: Depositphotos

by Ismael Labrador

Con los bartenders sucede algo parecido a lo que ocurre con los futbolistas de élite. Para ambos, dedicar cada fin de semana a su oficio no es una responsabilidad laboral, sino el ejercicio de una pasión. Y ambos deben asumir que, por mucho que lo pretendan, no van a poder ejercer el trabajo que tanto les gusta para siempre. En el caso de los deportistas esto suele suceder en algún momento entre los 33 y los 40 años, cuando el cuerpo ya no ofrece un rendimiento competitivo para la elite profesional y se ven obligados a colgar las botas. La carrera de un bartender es más larga, pero su final también es más abrupto, porque ocurre que el oficio de preparar cócteles detrás de la barra es al mismo tiempo un trabajo y un hobby, y acabado el primero se limita también el segundo.

¿Qué sucede cuando un barman cuelga la coctelera para regresar a la vida civil? ¿Cómo es ese primer fin de semana en el que ya no tiene que abrir el local a las 6 de la tarde ni marcharse a las 5 de la madrugada, después de haber estado más de 40 años tras la barra? “Jamás nos retiramos. Si te ha gustado tu oficio, no te retiras sin más. Lo que cambia es el paradigma de dejar de ser un barman activo hacia la clientela a ser un barman pasivo”. Así lo ve Manel Tirvió, quien en 2016 colgó la coctelera tras haberse pasado 50 años sirviendo cócteles en Tirsa, el local que su padre abrió en 1960 en Hospitalet de Llobregat. “Sigo haciendo cócteles, pero ahora los hago de manera privada, para mis amigos. Y disfruto descubriendo bares y locales como cliente. Por ejemplo, tengo planificado un viaje a Londres, al que iré con unos amigos que eran clientes de Tirsa, para ver algunos bares como el Savoy”.

Manel Tirvió con su libro ‘Orbis Tabernae

¿Cuándo debe jubilarse un bartender?

En España la edad de jubilación se sitúa entre los 65 y los 67 años. Naturalmente, no se trata de una imposición y algunos bartenders, como sucede en otras profesiones, deciden prolongar su vida laboral detrás de la barra más allá de este límite. Tenemos el caso de Joaquín Fernández, preparando cócteles en la Coctelería Dickens de San Sebastián con más de 70 años. Sin embargo, la realidad es que, aunque se quiera, no siempre se puede seguir ejerciendo el oficio más allá de la edad de jubilación. ¿Cómo saber que ha llegado el momento de colgar la coctelera? Al igual que sucede con los futbolistas, la primera señal es escuchar al propio cuerpo. Trabajar tras la barra exige un cierto esfuerzo físico: cargar las cámaras, estirarse para alcanzar las botellas de los estantes, agacharse a coger los mixers, recorrer la barra de punta a punta para atender clientes… Cada día, en horario de tarde-noche durante 20, 30, 40 años… Si el cuerpo ya no responde como debería para prestar un servicio eficiente, quizás ha llegado la hora de plantearse la despedida.

Pero no siempre es el cuerpo quien fuerza una retirada antes de lo previsto. En el caso de Manel Tirvió fue un cambio administrativo, en concreto el cambio de la Ley de Arrendamientos Urbanos de 2013, que obligaba a negociar un nuevo contrato de alquiler de su establecimiento para actualizar su precio. “Yo podía haber seguido 3 ó 4 años más, pero el cambio de alquiler y contrato del local me pilló con 64 años. Le ofrecí a mi equipo el traspaso del negocio, pero dijeron que no, así que eché el cierre después de haber pasado los últimos 50 años trabajando de tarde-noche. ¡Desde los 14 años tras la barra!”.

Cómo despedirse de los clientes

Colgar la coctelera no sólo supone despedirse del local donde has preparado miles de cócteles. También es el turno de despedirse de los clientes a los que has servido esos tragos a lo largo de los años. “Cuando decides jubilarte te sabe mal y te preocupa qué va a pasar con los clientes, porque a los que son más habituales les coges cariño e incluso tienes amistad con algunos. De hecho, el viaje a Londres que voy a hacer para conocer algunos bares lo voy a hacer con una pareja que eran clientes regulares de Tirsa”, comenta Manel. La hospitalidad es una de las cualidades que diferencian al buen barman del excelente, y ciertamente un local que pierde a su alma mater corre el riesgo de perder su cultura de anfitrión. En el caso de que la retirada no suponga el cierre del establecimiento, sino que mantenga su actividad, una práctica recomendable es hablar con los clientes habituales para presentarles a quien cogerá el relevo.

¿Qué sucede si la retirada del bartender va acompañada también del cierre del local? Según Manel Tirvió “lo mejor es recomendarles otros bares donde pueden ir, hablarles de ellos e incluso tomar algo con ellos en estos sitios. Al igual que tú, como barman, tienes que asumir que la vida continúa y que retirarse es un paso natural, el cliente también tiene que entenderlo. Yo suelo ir a bares y a veces me encuentro con los que eran mis clientes regulares. Me alegra verles allí”.

Retirarse no significa dejar de disfrutar de la coctelería. Foto: Marc Babin

Ser bartender sin estar detrás de la barra

Volvamos a la comparativa entre bartenders y futbolistas del inicio de este artículo. Una de las enfermedades más frecuentes entre ex jugadores profesionales es la denominada depresión del futbolista. Llega pocos meses después de la retirada. Desde los 6 años ha pasado casi todos los fines de semana jugando al fútbol y, de pronto, se encuentra con que los fines de semana ya no tiene ningún campo al que ir a jugar un partido. ¿Qué sucede con el bartender que ya no tiene ninguna barra a la que acudir los sábados para servir cócteles? Manel Tirvió recomienda “ir a bares y asumir que sigues siendo barman, pero desde otra perspectiva. Mi recomendación es no dejar de pensar en el oficio, seguirlo de forma pasiva, como cliente, estar al día de lo que está pasando, leer libros… No es difícil si aceptas que ha llegado tu hora de retirarse y que lugar ya no está detrás de la barra, sino como cliente”.

Uno de los cambios más significativos cuando se cuelga la coctelera y se pasa a la vida civil, es la adaptación a los horarios convencionales de sueño y descanso. Un barman pasa la mayor parte de su vida durmiendo de día y trabajando de noche. “Poco a poco vas acostumbrándote al cambio. Cuando me retiré, al principio me era imposible irme a la cama antes de las 2 de madrugada, pero a medida que pasa el tiempo te acostumbras a no estar despierto por las noches”.

También cambia la forma de ver la coctelería. “Cuando vas a un bar como cliente después de tantos años trabajando detrás de la barra, cambia tu percepción. Ahora, por ejemplo, me fijo en si el barman tiene la estantería ordenada, si yo decoraría ese cóctel de otra forma… Y también descubres cosas. Este mundo laboral va muy deprisa y ahora ves nuevos productos y técnicas que no veías cuando trabajabas. Por eso la mejor recomendación que puedo hacer es que no se deje de pensar en el oficio y que se acepte que todo cambia y que retirarse es ley de vida”.

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Ismael Labrador
Ismael Labrador

Aprendiz de barman. Escribe sobre coctelería y destilados en su blog NO TE SUBAS A LA BARRA y en otros medios como éste.

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