María Dolores Boadas 1935 – 2017

By Mar Calpena

El sábado pasado moría en Barcelona María Dolores Boadas. El historiador David Wondrich la homenajeó en un tweet definiéndola como parte de la “realeza del cóctel”, y es imposible soslayar que llevaba en su ADN lo que llamó “el veneno obsesivo” del bar.

Había nacido casi encima del pequeño local de la calle Tallers que su padre, Miguel Boadas, había abierto tan solo dos años atrás después de dar sus primeros pasos en su país de crianza, Cuba. Pero si Miquel Boadas contó con el inmenso mérito de ser uno de los grandes pioneros de la coctelería urbi et orbe, a María Dolores le tocó un papel más complicado, que saldó con brillantez. Cuando hoy en día es habitual que la vida media de los locales dure menos que el hielo pilé, Boadas hija no quiso vivir de la renta de los 34 años que estuvo su padre al frente del negocio. Le tocó jugar en una plaza difícil: la Barcelona provinciana de 1967 no era el mejor entorno para una disciplina, la coctelería, que tampoco vivía su mejor momento. No siempre era fácil encontrar ingredientes (algo hoy tan frecuente como los orange bitters era complicado de encontrar hace apenas diez años) pero logró crear un ambiente que el periodista Manuel Vázquez Montalbán describía así en un artículo de 1990: “Estar en Can Boadas con una copa en la mano es como estar escondido bajo una mesa camilla cuando se tienen cinco años y acabas de descubrir que la estructura del mundo es excesiva, que nunca estará hecha a tu medida”.

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María Dolores Boadas, pura realeza coctelera

Y tampoco, por mucha aristocracia del cóctel que uno sea, debió ser sencillo sentirse única en un universo que era y sigue siendo muy masculino (a la vista está la foto del homenaje que se le rindió en la edición de 2015 de Fibar. En el escenario, sólo otra mujer entre los que escanciaban). Estos días se ha escrito mucho sobre su condición de mujer detrás de la barra (barmaid o bartender, por favor; desterremos de una vez ese frankenstein de palabra que es “barwoman”), y es tan inevitable como injusto tener que recurrir a otros nombres pioneros, como el de Ada Coleman, para hablar de ella, como si paternalistamente se tuviera que crear una división separada para las profesionales de la barra, o hablar impepinablemente de sus relaciones personales. Bien sabido es que Maria Dolores Boadas se casó con un cliente del bar convertido luego en cómplice profesional y personal, José Luis Maruenda. Este tipo de datos biográficos ayudan a contextualizar pero no son la explicación última de una figura que entendió muy bien qué era un bar. Como decía ayer la gente del equipo de Boadas, contactados por The Shaker And The Jigger, “ella fue la primera que entendió que las personas pasamos, pero Boadas es eterno. Y con esa idea trabajamos, para que Boadas sea eterno”.
Reacciones a la muerte de María Dolores Boadas:
Para mí Dolors fue, es y será mi fuente de inspiración a nivel profesional, la primera vez que tuve oportunidad de verla oficiando fue en el 2001 detrás de la barra del Boadas y creo sinceramente que me enamoró la manera como orquestaba todo y a todos desde detrás de la barra con un simple gesto, mirada o palabra. Desde que la vi supe reconocer que era una mujer de fuerte carácter pero con una genial sensibilidad para con el público, una embajadora ideal de su casa Boadas. Para mí se fue una parte importante de la historia de esta ciudad y del mundo del Bar a nivel mundial ya que no habrá nunca otra como ella y todos y cada uno de los que hemos intentado, practicado, enseñado y/o disfrutado de la técnica del escanciado se lo debemos a ella y a su padre. ¡Gracias jefa!” – Yanaida Prado, Dry Martini
¿Qué te puedo contar de ella? Yo la conocí por primera vez como mucha gente en los libros de Manuel Vázquez Montalbán y creo recordar que en concreto, por Los mares del sur. Años después empecé a trabajar en Amarcord y allí se hablaba de Boadas como un lugar mítico en la ciudad donde se practicaba la técnica del tiro y aprovechando –yo tenía 17 o 18 años- con unos amigos fuimos a tomar un cóctel al Boadas. Alguna vez más fui por la mañana, que era cuando estaba ella sola. Se ocupaba de hacer la hora del aperitivo y tenía una serie de clientes fijos muy propios de aquella época y del lugar. Recuerdo que llegué allí jovencito y pedí un cóctel de champán o algo así y repartían algo como trozos de fuet o algún embutido que algún cliente había traído para compartir con el resto. Me debió ver cara de hambriento, porque me puso un platito para mí. Son esos detalles de hospitalidad que te hacen sentir parte de un bar. Si tengo que destacar algo de ella después de trabajar allí era el sentido que tenía de la hospitalidad, del trabajo, el profundo respeto que sentía a su padre y a su marido, y que aplicaba a la práctica las cosas que su marido, que era un intelectual del cóctel, podía decir a nivel teórico. Y sobre todo, ha sido una persona muy trabajadora y lo ha demostrado prácticamente hasta los setenta y tantos estando a pie de barra, lavando vasos, atendiendo a los clientes, cosa que intuyo que aprendió de su padre. Cuando un cliente entraba por la puerta intuía su personalidad y sabía hacer que todo el mundo se fuera encantado y hacerlos sentir en un lugar distinto. No toleraba voces ni determinados comportamientos, y con los años y teniendo yo ahora local te das cuenta de que ese rigor no es tan exagerado. Era muy detallista. Se crecía detrás de la barra” – Juanjo González – Caribbean club

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Mar Calpena
Mar Calpena

Periodista y bartender. DEU en coctelería y mixología del CETT-UB. Está a cargo del proyecto Sapiens de los cócteles de la Fundación elBulli.

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