Back door 43: pequeño gran bar

by Mar Calpena

Si el tamaño de un bar se determinara en función de sus ambiciones, el Back Door 43 de Milán debería multiplicar por doscientos sus metros cuadrados. El que probablemente sea el bar más pequeño del mundo es chiquito pero matón, y tiene más coctelería en su interior de la que nunca lograrán algunos grandes, muy grandes, establecimientos.
Cuando aún no existían los museos modernos, ricos y poderosos solían almacenar sus posesiones más raras, objetos artísticos y curiosidades científicas en “gabinetes de maravillas”, que lo mismo podían albergar algún exótico animal disecado, como una cámara oscura, como un mapa de tierras ignotas. Ésta parece haber sido la inspiración del Back Door 43, un diminuto espacio milanés cuyo nombre oí por primera vez durante la fiesta posterior al Martini Grand Prix del año pasado. Alguien me comentó que existía un bar del tamaño de un salón familiar en el que el bartender dispensaba cócteles a los transeúntes a través de una misteriosa taquilla. Y que además llevaba una máscara de V de Vendetta… La persona que me explicó todo esto lo hizo entre susurros, y desapareció a mitad del sarao para ir a tan misterioso bar. No le presté más atención al asunto y creí que algo había entendido mal.

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Bienvenidos al pequeño lugar mágico del bebercio en Milán

Un año más tarde, estoy sentada en el Mag Café, otro de los locales de los propietarios del Back Door 43 y contiguo al mismo. Están a punto de cerrar y uno de los dueños, Andrea Dracos, nos dice si queremos entrar en el Back Door, que quedará vacío en diez minutos. Mientras esperamos nuestro turno, una diminuta ventanilla se abre a la calle. Una mano aparece y, entre impaciente y juguetona, golpetea en la repisa. Dos chicas se acercan y piden un cóctel. La ventanilla vuelve a cerrarse y al cabo de unos segundos se reabre y emerge de ella un vaso de papel. El Back Door 43 ofrece cócteles para llevar (estrictamente uno por cliente, sin preguntas y sin quedarse delante de la puerta, según reza un cartel con las reglas) y cada semana los milaneses pueden beber Moscow mules, Dark and stormys, Gin tonics, Whiskey sours o dos cócteles de la casa, como el Twist of Americano y otro cóctel secreto que varía semanalmente mientras pasean por los concurridos Navigli, la antigua zona de canales de Milán. Los cócteles take away, me comentará luego Dracos por mail, son en realidad la principal fuente de ingresos del bar, más que las reservas en sí. Y la ventanilla está inspirada en los antros que vendían ginebra a través de un portezuela en el Londres del siglo XVIII. Pero para aquéllos que hayan reservado, o a los que se haya invitado a entrar, la mano les ofrecerá una llave que abre la puerta. Y nosotros estamos entre los afortunados.

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No, estos chicos no van a volar ningún Parlamento, van a volar tu paladar

Franqueado el umbral, la magia. Tres taburetes y una barra más pequeña que el escritorio desde el que estoy escribiendo este artículo. El bartender o la barmaid van a cara descubierta, pero si se quieren hacer fotos correrá a cubrírsela con la máscara del personaje de Alan Moore. “Aquí lo importante es el equipo”, nos comenta nuestra barmaid, cuyo nombre comienza –no sabemos si casualidad o no- también por V. No hay carta, sino unas fichas en las que podemos elegir destilado, temperatura, sabor y vaso… V trabaja a partir de ellas y construye mientras trabaja. Los tres cócteles que probamos las tres personas de mi grupo son muy particulares, están equilibrados y no se parecen entre sí. Tampoco tienen nombre, ni lo necesitan, ni sé si hay una carta llamémosle “invisible” detrás de la improvisación. El truco de magia surte efecto.

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¡Cuidado! Que lo tienen muy bonito

El bar es tan diminuto que algunos destilados se guardan en probetas para poder contar con una mayor selección de bebidas. Un iPad permite elegir la música a los clientes. Suena jazz –nada de estándares, ojo- y nos parece perfecto. Las paredes, de madera y con toques steampunk, enfatizan este aspecto de armario mágico del lugar, y no desentonarían como decorado de una película de Sherlock Homes. El baño, cosas de las leyes, es más grande que el propio bar y también esconde algunas sorpresas en sus estanterías que no revelaremos porque algo hay que dejar a la imaginación del lector. Las dos horas de nuestra reserva nos pasan volando. Al salir, los Navigli han quedado desiertos. El mundo que hemos dejado atrás al entrar en el Back door 43 ya no es el que nos encontramos al salir. Quién nos iba a decir que Narnia estaba en Milán.
Back Door 43. Ripa di Porta Tizinese, 43, 20143 Milano. Tel. +39 340 962 8890
Estarán en Barcelona el 24 y el 25 de octubre para el Barcelona Rum Congress haciendo un guest bartending y explicando el modelo de negocio.

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Mar Calpena
Mar Calpena

Periodista y bartender. DEU en coctelería y mixología del CETT-UB. Está a cargo del proyecto Sapiens de los cócteles de la Fundación elBulli.

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