Scotch Corner: el largo adiós

by Roger Estrada

“Como decía aquella canción: ‘Tú llegaste a mí cuando ya me voy’. Esta es la maravillosa respuesta, el elegante ‘zasca’ que me suelta Jaume Castro cuando le comento mi sorpresa ante el poco rastro digital de su coctelería Scotch Corner teniendo en cuenta la solera que ésta desprende, con su decoración espontáneamente retro –esto es, no surgida de la mente de un avispado interiorista– y su canónica carta de cócteles. Y tiene toda la razón, ¿por qué carajo debería importarle eso a alguien que cuenta con un aval tangible, no de likes virtuales, como es el de una clientela forjada día a día –noche a noche, copa a copa– durante sus más de cuarenta años al pie del cañón? Porque Scotch Corner es la gran obra de un pionero como quedan pocos cuya trayectoria se inició a principios de los sesenta de la mano de uno de los grandes de la coctelería nacional…

Jaume Castro
Jaume Castro, 40 años en solitario al frente de Scotch Corner. Un pionero.

“En 1963 entré a trabajar en el Ideal Cocktail Bar de la mano de Josep María Gotarda, a quien había conocido durante mi estancia en la discoteca de la Cala Gogó, en Platja d’Aro. Yo me formé a pie de barra, practicando día a día y escuchando a la clientela, que solía darme pistas de lo que se cocía en otros locales; piensa que en esa época no había apenas libros sobre coctelería ni éramos tantos los que nos dedicábamos a esto. Nuestra guía de referencia era la International Bartenders Association –fundada en 1951 en el salón del Grand Hotel en Torquay, Inglaterra, n.d.r.–, que establecía un listado oficial de cócteles para su elaboración en locales y concursos”.

Scotch Corner 3
Si le comentas que lo retro está de moda, Jaume te cita una canción de Roberto Carlos.

Me apetece un cóctel, así que le pido la carta para pegarle un vistazo y así decidirme. Solícitamente me entrega dos hojas plastificadas con una relación de cócteles agrupados según el alcohol de base, al tiempo que me comenta que él prefiere “preguntarle al cliente qué le gusta para poder ofrecerle una gama que encaje en sus preferencias”. OK, ¿algo fresco y con bourbon? Un Horse Neck: bourbon, angostura, ginger ale y zest de limón, servido en vaso highball. Empezamos bien.
¿Cuándo te decidiste a dar el salto y emprender tu propio negocio?
Hace 40 años trabajaba como encargado del Skating Club cuando me ofrecieron el traspaso de este local, que por aquel entonces era un bar-cafetería. Estuve dos años gestionando ambos negocios, pero era agotador y decidí centrar todos mis esfuerzos aquí con la idea de transformarlo en una coctelería. Fue un proceso laborioso; pasé muchas, muchas noches aquí solo dándole vueltas a mi idea, porque estaba decidido a llevarla adelante. En esta zona solo el Hotel Princesa Sofía ofrecía un servicio de coctelería, pero solo hasta la una de la madrugada y, a mi entender y aunque esté mal que yo lo diga, con un nivel solamente correcto.

“Más que carta yo prefiero preguntarle al cliente qué le gusta para poder ofrecerle una gama que encaje en sus preferencias
“Más que carta yo prefiero preguntarle al cliente qué le gusta para poder ofrecerle una gama que encaje en sus preferencias”

Es una tarde de verano entre semana y solo hay un par de clientes en la terraza. Uno, habitual, se pide su clásico Acapulco –zumo de piña, zumo de naranja, ron añejo, triple sec y granadina–; el otro opta por una caña. “Me debo a mi clientela y si alguien me pide una cerveza yo tengo que poder satisfacerle. Con todo, no es un producto que tenga a la vista y solo trabajo con tres marcas; nunca he querido que esto se convirtiera en un club cervecero, no me interesa ese tipo de público. Aquí vienen hasta tres generaciones de una misma familia; los clientes de toda la vida se van muriendo, claro, ¡pero yo no tengo la culpa, ojo! En cualquier caso, es agradable ver qué hay relevo.”
Cuando le pregunto a Jaume si se precisan dotes de psicólogo para saber gestionar una coctelería y su clientela, me lanza otra demoledora sentencia: “Ni esto es una consulta ni yo un terapeuta. Prefiero marcar distancias, no implicarme para no buscarme líos. Y, por supuesto, no hablar ni de futbol, ni de política ni de religión.” Con todo, por su ubicación a escasos diez minutos andando del Camp Nou, el Scotch Corner es punto de encuentro post match de los culés de paladar fino. Aunque Jaume matiza: “Cuando el Barça gana siempre hay ambiente, pero no entiendo por qué no lo hay cuando se pierde. ¡Tómate una copa y lo verás todo diferente, hombre!”. ¿Y el cuadro médico del Hospital Universitario Dexeus, situado justo enfrente, también se deja caer por aquí? La confidencialidad bárman – cliente le impide revelar sus días de visita. Touché.
Se está fresquísimo aquí pero se me ha sequado el gaznate. ¿Segunda ronda? No, mejor un sucinto, infalible Old Fashioned. Puñetero, le pregunto por el boom del gin-tonic, pues me interesa el punto de vista de alguien que en este negocio seguro ha visto de todo. “Fue un fenómeno que nos cogió por sorpresa a los de la vieja escuela, como un servidor o mi amigo Pablo Casas, dueño de la coctelería Pablo’s –que en 2011 pasó a manos del bárman Eduard Arquer bajo el nombre de Gin Fizz, n.d.r.– Recuerdo que hacíamos conjuntamente el pedido de tónicas y pasamos de gastar apenas dos cajas a siete él y catorce yo. Como con todas las cosas que se ponen de moda, yo notaba aquí mucho la presión del grupo; es decir, venían tres amigos a tomar algo y si dos pedían gin-tonic el tercero en cierta manera se veía empujado a ello para no quedar fuera de onda.”
Hace casi diez años que Jaume tendría que haberse jubilado, pero como a tantos otros hombres de su generación –tipos que se han partido la espalda para sacar adelante a su familia hipotecando ese ‘tiempo libre’ que para ellos nunca existió– se le hace extraño pensar en un futuro en el que ya no vaya a pasar por debajo de ese toldo algo maltrecho –“¿para qué voy a cambiarlo a estas alturas?”– que recibe a la clientela del Scotch Corner.

Si le comentas que lo retro está de moda, Jaume te cita una canción de Roberto Carlos.
Si le comentas que lo retro está de moda, Jaume te cita una canción de Roberto Carlos.

¿Ninguno de sus hijos se anima a seguir con el negocio?
Espero que no, esto es muy sacrificado. La noche en el bar desgasta mucho, no se lo recomendaría a nadie…
Reviso las fotos que le hecho a Jaime en un parón de la entrevista mientras a través del equipo de música de Scotch Corner suena Kill To Get Crimson, un disco de Mark Knopfler de 2007. Apacible, sin estridencias, de lento calado; la sosegada madurez de un hacedor de canciones que no tiene ya que demostrarle nada a nadie. Brindo por eso.
Scotch Corner. Calle Sabino Arana, 8, Barcelona. Tel. 933 39 30 09. Horario: de lunes a sábado, de 18 a 2.30h.

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Roger Estrada
Roger Estrada

Colaborador de la revista musical RUTA 66. Jefe de redacción de Playboy España y co-director del documental “IN-EDIT. GET WHAT YOU WANT“. Más en WWW.ROGERESTRADA.NET

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