Y van 85…

by Adal Márquez

Este año no es un año como cualquier otro… este año tiene algo de mágico y especial para todos  los amantes del buen vivir, para los conocedores de la historia, para todos los bartenders del mundo entero y sobre todo para los “boadita”, esa maravillosa familia de clientes asiduos al bar que iluminó e ilumina el Raval y toda Barcelona desde 1933: Boadas Cocktails.

Este año se cumplen 85 años desde que abrió sus puertas por primera vez, bajo la ilusionada mirada de Miguel Boadas, el pequeño triángulo esotérico de los elixires, el auténtico arranque de “Canaletas”, el prodigio inmortal de madera que cultiva sonrisas y alegra el camino en la vertiginosa ciudad, el oasis de “Las Ramblas”… ¿o acaso no tenéis todos alguna historia que contar? ¿no habéis probado todos el sabor del tiempo ausente y el espacio perenne? Pues ese y no otro es su hechizo más potente, cruzar sus puertas y notar que todo sigue igual, el Boadas y tú mismo, notar cómo el tiempo se disipa y la prisa huye del espíritu para comulgar con un Dry Martini o un Manhattan apoyados en la vieja barra que tanto gustaba a Joan Miró o a Vázquez Montalbán.

Los primeros escanciados que tuvo Boadas

Historias de amor, risas cómplices, anécdotas y frases ocurrentes, acaloradas conversaciones y, a veces, alguna voz más alta que otra… 85 años compartiendo el pulso de Barcelona con la cascada interminable de clientes, unos fieles, otros simplemente de paso… 85 años, como decía la canción, viendo pasar el mundo. Pues el mundo entero pasa ante la barra, algo desgastada a fuerza de copas, para deleitarnos con sus historias; médicos, abogados, empresarios, artistas, barrenderos, cocineros y políticos, payeses y extranjeros, todos tienen cabida en Boadas, sólo deben llevar respeto al prójimo con ellos (y no traer chancletas de playa o camisas sin mangas).

Y van 85…y algunos miembros del equipo han visto ya la mitad de esos años pasar delante de sus ojos, sabios a fuerza de trabajo. Han visto más de una revolución y algún intento de golpe de estado, más de una aria han oído ya y algún que otro discurso acalorado que no lleva a ninguna parte. Accidentes, incendios, atentados y guerras civiles, idas y venidas de repúblicas y gobiernos, el hombre pisando la luna, el wifi (que aún nos resistimos a poner en un intento de forzar conversaciones), las modas…¡ah, las modas! ¡Qué lejos estamos hoy de esas vestimentas que lucen orgullosos los clientes que beben gallardos en el cuadro de Opisso que preside la contrabarra de Boadas! ¿Qué le queda por ver al viejo triángulo de oro?

Estas paredes han visto y oído mucho. ¡Mucho!

Le queda mucho, mucho aún para decir y mucho para hacer, Boadas es joven, pese a sus 85 años, más joven y atrevido que nunca…

Podría contaros cosas increíbles que, solo con recordarlas, hacen que asomen lágrimas a mis ojos.

Recuerdo una bella mujer, entrada en años, que rompió a llorar al cruzar la puerta. Atónito, traté de calmarla interesándome por su afección. Me contó que aquí había conocido hacía más de 50 años a su marido y que, cada año, por su aniversario, siempre habían venido a brindar. Este año venía sola y la mujer, inconsolable, pese al llanto, pidió dos copas, una para ella y otra para su ausente marido. Con una sonrisa me pidió el calendario de Boadas (ese que hacemos cada año), yo, corrí a prepararle no sólo el calendario, también posavasos, tarjetas, todo lo que tenía y que podía ser un hermoso recuerdo, ella, encantada y sonriente (algo más alegre ahora) lo cogió todo, me dedicó otra sonrisa, quiso pagar (por supuesto no se lo permití) y me dijo, antes veníamos muy a menudo, pero ahora…¡hasta el año que viene!

Así lucían las puertas de Boadas años atrás

– En otra línea más alegre, no puedo olvidar, entre muchas anécdotas, la de un cliente, bastante serio y de profesión aún más seria que me contaba: “recuerdo hace algunos años cuando iba yo a comer caviar iraní mientras fumábamos opio…” -como os podréis imaginar en este momento se me abrieron de par en par los ojos y le dije, disculpe, creo que se ha equivocado, a dicho usted ¿opio? ¿de verdad? ¿he oído bien?  A lo que él, con una risotada, al ver mi cara de estupor me espetó: “¡Claro, Adal! ¡El opio es muy bueno, si no se abusa!” Como os podréis imaginar me quedé de piedra, riendo, y alucinando con la grandeza de cliente y barra.

Podría seguir páginas y páginas llenas de anécdotas y curiosidades pero siendo casi todos los lectores bartenders, seguro que tenéis mil y una también.

A título personal podría tratar de explicaros lo que se siente al trabajar en un pequeño museo de la historia de la coctelería, rodeado de clientes que son una familia, “los boaditas”, pero una familia de lo más heterogénea y cargada de una grandeza que se vuelve inefable. El pequeño oasis, lo es, pero de verdad…me viene a la cabeza una frase egipcia “quién bebe agua del Nilo nunca aplacará su sed en otra agua”, algo así sucede en Boadas, quien bebe su historia y llega a comprender su espíritu, nunca conseguirá sentirse igual en otro bar. Yo no podría ni imaginarme trabajando en algún otro lugar.

El Boadas es ese lugar que te arranca una sonrisa al entrar, o simplemente al recordarlo. No puede existir un amante de la coctelería que no conozca este lugar vivo y cambiante. Muchas veces lo hacemos mal, somos humanos, pero el Boadas también lo es… incluso si alguien arruina tu experiencia en alguna visita, vuelves una y otra vez, pasando los años, vuelves y vuelves. Tiene algo de hipnótico este triángulo, algo casi sagrado y místico. No en vano tuvo ya su Sacerdotisa de Blanca Sonrisa Lunar, que durante años fue faro y guía de la misma coctelería nacional.

Y van 85… y el corazón se nos encoge a todos los que amamos los buenos cócteles al recordar una y mil historias acaecidas bajo ese torrente de aire acondicionado, característico ya en el bar. Este año será un año para recordar, sobre todo para mí, pues tengo el privilegio de vivirlo desde dentro, tengo la inmensa suerte de ver cómo este mismo mes de agosto estamos instalando una nueva estación de trabajo, cómo restauramos la barra comprensiva que tantas historias conoce, este mes acometemos los cambios necesarios para afrontar el futuro con orgullo y con la alegría que merece Boadas.

María Dolores en pleno servicio

Será un año que recordaré toda la vida, han sido cuatro años ya casi (se cumplirán en septiembre), en el que hemos luchado mucho, nos hemos esforzado por mejorar e insuflar nuevo aire a las viejas velas de la hermosa nave. No son nada en la historia del bar, pero son mucho en mi historia personal, jamás soñé en poder estar hoy aquí, nunca creí que entraría a formar parte, junto a mis compañeros y a Miguel y María Dolores, de la historia del gran Boadas Cocktails.

Todo se lo debo a Jerónimo, que supo ver en mí, un amor por mi profesión que ni siquiera yo conocía, que supo infectarme con ese veneno que tiene Boadas y que afecta a tantas y tantas personas atravesando décadas y décadas ya. Y aquí estamos ahora, preparando el 85 aniversario de nuestro (de todos)  queridísimo Boadas, y yo, preocupado ya en qué haremos para celebrar el 100, pero por ahora… ¡ya van 85!

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