by Roger Estrada

Prueba esto un día: ponte unos tapones en los oídos y entra en una coctelería –no tiene por qué ser la tuya– un viernes o un sábado por la noche. Bullicio en la barra, ajetreo detrás de ella, animadas conversaciones en las mesas… Pero no oyes nada. Imagina que te quitas los tapones y tus oídos solo perciben el murmullo acumulado e indescifrable de los distintos clientes y los sonidos propios de shakers agitándose,

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