El factor humano

by Alberto Pizarro

Punto 1: Circuitos demasiados refrigerados.
No cabe duda de que a más de un empresario de esta industria le encantaría echar el lazo a uno de esos artilugios que ya comienzan a popularizarse en las ferias del sector y otros sectores. Aparecieron como novedad acaparando los flashes y abarrotando los Megabytes de dispositivos móviles de informadores dispuestos a compartir el nuevo hallazgo en el mundo del entretenimiento. OMG!
Me refiero a esos, no tan nuevos, artefactos, capaces de preparar de un chispazo suculentas mezclas de líquidos mediante un sistema de brazos articulados, dirigidos no por un humano, sino por un programa determinado que incluye numerosas combinaciones posibles, ¡un robot-coctelero, vaya!
A sus creaciones prefiero llamarlas, simplemente, bebidas. Y dejémoslo en eso, en bebidas, porque elevar a la categoría de cocktail a una de esas pociones surgidas de un engendro repleto de chips, supondría la tarea de extenderlo a todo aquello que nos es dispensado a través de cualquier máquina expendedora, aun viniendo ésta pintada de rojo y blanco. Da igual si el resultado es mezclado al momento o a kilómetros de distancia y presentado en lata de 33cl. Sin calor humano, posibilidad de error o éxito desmesurado, charla amena, mirada de confidencia, sentirse como en casa, un saludo amistoso o una sonrisa, sin nada de eso, no existe el cocktail…y lo de menos será si hay o no americana blanca o piercing en la ceja.

detalle 1
Donde esté el factor humano, que se quiten todas las máquinas

Punto 2: Juegos de bar en Nightjar.
Una noche de tantas, usurpé como cliente una de las barras más teatrales de este mundo coctelero. Fue un acto perpetrado con nocturnidad, alevosía y en soledad. Me encontraba ante uno de los mejores profesionales del sector; sin embargo, lo que marcó mi noche tuvo lugar junto a mí, del otro lado de la barra. Fue la conversación mantenida con un extraño, una de aquellas personas que sabes y deseas no volver a cruzarte, pero que, por lo revelador de su conversación, cambiará tu forma de comportarte en adelante. A veces no se trata de formular el mejor discurso, sino las preguntas certeras, y en esta ocasión fui invitado a cuestionarme hasta el alma, y es que… ¿cada cuánto alguien te pregunta en que animal te gustaría reencarnarte? No importa el color de la ropa interior con que salimos de casa, la noche que menos pensábamos podemos descubrirnos.
Sirva este ejemplo, vivido en carne propia, para ilustrar la trascendencia que una conversación bien nutrida puede representar en el trascurso de una noche sin importancia. En cualquiera de nuestros bares, extraños y conocidos cruzan palabras, a veces por primera vez, otras no, como preliminares de un cuerpo a cuerpo o con la frialdad propia de los negocios. No importa el idioma, el tono o el mensaje, siempre ejerceremos de facilitadores de la comunicación en nuestros bares, aunque ello implique ceder la palabra, callar y no opinar, e incluso suavizar el, no siempre bienvenido y casi siempre gratuito, atronador sonido de nuestro recién entrenado japanese-hard-shake. –Schhhhhhhhhhhh, ¡Aquí hay gente intentado hablar!

facilitador
Bartender = facilitador de la comunicación.

Punto 3: Definiendo este blog.
No esperéis encontrar en esta sección aportes con forma de receta, técnica o descripción de ingredientes si no es para ejemplificar el abordaje humano de nuestra profesión. Nos encontramos en el momento de definir nuestro espacio en el s XXI, cercanos, sin duda, a otras ramas de la gastronomía, pero corriendo el riesgo de perder por el camino varios siglos de recorrido. El marco actual nos permite compartir nuestros avances con nuestros iguales en tiempo de vértigo, pero hagamos que trascienda también aquello que no se muestra en el interior de una copa de cocktail. En el futuro nadie recordará el sabor de nuestras recetas, pero las noches pasadas con nosotros pueden ser eternas. Os invito a descubrir el factor humano que trasforma grandes copas, en veladas de leyenda.

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Alberto Pizarro

Bar Manager de Bobby Gin.

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