Marcel

by Javier de las Muelas

Una de las mejores posibilidades de mi trabajo a partir de la cultura del bar, del cocktail, es que me permite estar en contacto con personas de diferentes orígenes, con vidas e identidades singulares. muchos de ellos entrarían en la categoría de famosos: músicos, periodistas, escritores, artistas…; pero luego hay también aquellos oficiantes, más anónimos, pero no menos interesantes (en muchas ocasiones lo son más) que a través de sus trabajos van más allá de su actividad laboral, estando muy implicados en el día a día sociocultural de sus ciudades, de sus poblaciones, que tienen el respeto y cariño de sus conciudadanos, que crean sentimientos que transmiten, con los que nos arropan, con los que envolvemos a todos aquellos que acuden a nuestros espacios ya sean bares, restaurantes, hoteles, tiendas, despachos… y donde nos une a todos la voluntad de satisfacer, cuidando de las personas de un modo muy especial, de atender con eficacia y eficiencia a nuestros clientes, a nuestros feligreses y siempre con la sonrisa puesta. Son personajes que con su historia, con sus maneras, contribuyen a dar valor, identidad a los lugares donde viven.
Este es el caso de Marcel Montlleó. Más que peluquero, Marcel es un masajeador de almas, cálido conversador y cariñoso en los afectos, lleno de soluciones con alma y ausentador de problemas; va mucho más allá de crear con su sabiduría de oficiante, con sus manos, corazón y tijeras: cortes y peinados. Es un gran cuidador y espoleta detonante de muchas acciones geniales que han tenido y tienen que ver desde hace muchos años en Barcelona. Es por ello que deseo rendir tributo, homenaje a través de su figura a todos aquellos que nos hacen agradable el día a día de lo cotidiano.

Marcel, este artículo es para ti.
Marcel, este artículo es para ti.

Marcel nace en Reus (Tarragona), donde sus abuelos tienen una pastelería-panadería; a los 6 meses sus padres, buscando oportunidades para el futuro de su hijo, se trasladan a vivir a Barcelona. Regentan pescaderías en el mercado de La Boquería, donde sirven a Pinotxo y Casa Leopoldo, dos de los restaurantes referentes de la ciudad condal. Vive en el cruce de Princesa-Montcada, muy cerca del Borne. A los 12 años empieza a trabajar mientras estudia -después de insistir una y otra vez al propietario-, en la pastelería Brunells, junto a su casa; uno de los grandes establecimientos de la época y abanderado del universo del dulce; allí debuta colocando plumas en las monas de pascua, sirviendo helados, neules (barquillos) y rellenando cestas de navidad. Un día, el flechazo de cupido llama a su puerta, queda prendado de una bonita peluquera que trabaja allí cerca a la que ayuda para que finalice antes sus tareas y así poder disfrutar de su compañía. Así es como nuestro Marcel se estrena en el arte de la peluquería; coloca rulos, lava melenas y es tanta su bondad en ese arte que inicia su ascensión.
Con 15 años ya se convierte en cortador en el salón de Pierre Franco Marcocci. Luego trabaja en Dora, llegando por fin a Pallarés, un grande, en Plaza Gala Placidia, donde en velada del Liceo, verbenas o fin de año crea hasta 25 moños por jornada -moños pasteleros, plagados de bucles y lionesas de cabello-. Y siempre en lo más alto su referente Vidal Sassoon, peluquero inglés, genio del arte de los cortes geométricos, inspirado su trabajo en el movimiento Bauhaus.
A los 18 años, y ya como encargado se responsabiliza de Mayfair, una pelu montada por niñas bien de Barcelona junto a la sala de fiestas Las Vegas, un clásico en la noche barcelonesa de la época. Aquí vive la maravillosa época de la Gauche Divine. Reina el espíritu de Tuset Street. La Cova del Drac, Anahuac, Flash-Flasch, Stork son algunos de los bares y restaurantes donde recalan sus gentes: Romy, Teresa Gimpera, Leopoldo Pomés, los Tusquets, Joan Manel Serrat, Jaime Camino, Carmen Caballero y un largo etcétera de personajes a cual de ellos con más ganas de comerse la vida y donde reina Oriol Regás creador de espacios que van más allá del concepto de discotecas como Bocaccio, Maddox, Palladium, Revolution, del festival de flamenco de Palamós junto a Antonio Gades, del restaurante Via Veneto y años más tarde de Up&Down, Oriol fue maestro de la cultura del servicio bañada en genialidad creativa. Locales míticos, donde ellos beben raffs o cubatas y ellas San Franciscos sin alcohol y Leche de Pantera las más atrevidas. Años donde la creatividad camina unida a la música, al disfrute, a la belleza que acompaña a la juventud, donde todo está por conquistar y es conquistable. Y donde la noche está para vivirla con intensidad 10.
Marcel, tras su paso por Odine en Capitán Arenas, un multicentro singular de moderna estética, (peluquería, boutique de bolsos, juguetería), abre por fin su propio salón en Sabino de Arana, calle hogar donde se encuentran grandes de la publicidad como Carlos Rolando y MMLB (la primera gran, reconocida y premiada internacionalmente agencia española). En Sabino permanece veinte años, para después trasladarse al Bulevard Rosa de Paseo de Gracia. Años más tarde adquiere la peluquería de un genial Enrique Zaragoza en el entresuelo de la calle Valencia donde hoy en día oficia. Sentarse en uno de sus sillones, escuchar la chispa de sus inteligentes comentarios se agradece, sus palabras son un mantra que nos relaja y donde nuestras neuronas descansan acunadas.
Alguno de vosotros puede pensar qué tienen que ver estos comentarios con un blog dedicado al cocktail, a los drinks, a los bares. Para mí, todo. Nos une la cultura del servicio, la pasión por atender a los demás, la pasión por la vida. Además Marcel oficia unos excelsos martinis y daiquiris.
Marcel, un renacentista. Brindo por ti, brindo por todos aquellos a los que representas. Brindo por tus más de 50 años de afectos. ¡¡¡Muchas gracias!!!
Sabiendo que es atípico quiero también añadir un segundo artículo, en este caso es un escrito publicado hace tiempo en Gastronomía Alternativa, dedicado a otro personaje (este más público) para mí también muy querido: José Luis Garci. El director evoca a la vez el arte de la coctelería y el del celuloide.

Jose Luis Garci en el Dry Martini
José Luis Garci en el Dry Martini By Javier de las Muelas at the Gran Meliá Fénix

Estos pasados días de Navidad he vuelto a leer por cuarta o quinta vez “Beber de cine“, fantástica obra escrita hace ya tiempo por el oscarizado director de cine José Luis Garci. Es un libro memorable y de lectura obligada para todos aquellos que tenemos los bares como punto de referencia en nuestras vidas. En él, José Luis Garci nos dice que la coctelería es arte, religión, inspiración, disciplina, vocación y ritmos aunque no necesariamente en este orden.
En su introducción hay un apunte que es un brindis de homenaje a Casablanca, la película en la que más se bebe y se fuma a lo largo de la nada sobria historia del cine. “–¿Profesión?”–preguntaba el mayor Strasser en mitad del humo del Café Américain, –“Borracho”–respondía Bogart exagerando lo justo.

Casablanca; una película tan clásica como un buen cóctel.
Casablanca; una película tan clásica como un buen cóctel.

José Luis Garci nos adentra en el mundo de los cócteles y del cine cuidando de sus fórmulas –que coinciden con las mías- y, sobre todo, hablándonos de sus bares. Como bien dice, beber no es emborracharse. Contemplar la vida a través de una copa requiere carnet. El carnet de bebedor deja bien claro que no hay que ingerir más de tres Gin Fizz o un par de Negronis y ni uno más. Si rebasas el tope aparece el lado oscuro de tu carácter.
Uno tiene que conocer su límite. No se trata, por lo tanto, de imitar a Maggie Smith en “California Suite, donde Michael Caine –se debe visitar su restaurante Lagan’s en Londres–, le decía: –“Cariño, ya te lo has bebido todo en este estado; ¿por qué no lo intentas en Nevada?”
José Luis Garci nos apunta en el libro los 10 cócteles que, para él, cambiaron el mundo. Para mí, también:
Bloody Mary. El mejor antídoto contra la resaca. Como él apunta: la purga del pecado. Uno debe tener muy en cuenta que el mejor momento para preparar un buen Bloody Mary nunca es tu mejor momento.
Caipirinha: Es como una catarata de fuego verde, una bebida alegre pero peligrosa por su gran poder de seducción. Son los ojos de Ava Gardner.
Daiquirí: Coincido con él en lo desolado que quedó al probar aquellas pócimas irreverentes, preparadas con batidoras eléctricas para turistas floreados, no siempre norteamericanos y muchas veces españoles, que acuden como peregrinos al Floridita. Probé los mejores en la barra redonda del antiguo Hilton, llamado Havana Libre cuando lo conocí, hace ya unos años. La barra redonda del Nick Havanna era un homenaje a esa Cuba.
Dry Martini: ¡Qué decir del rey! Para Garci es una bala de plata que, en vez de matarte como al hombre lobo, reaviva tu corazón y, además, es la biblia de los cócteles. Un acontecimiento en la historia de la cultura. Y para mí, un estilo de vida. Coincidimos de nuevo. Dos personalidades del cine español explican la manera de prepararlo: Luis Buñuel y Alfredo Landa, íntimo amigo suyo.

Dry Martini. Para De las Muelas, el rey.
Dry Martini. Para De las Muelas, el rey.

Gimlet: Nos traslada a mundos donde cobran vida fotógrafos de trajes cruzados que retratan cuerpos sin vida tendidos en cuartos de baño. El gimlet, como escribe José Luis Garci, es a los cócteles lo que la voz en off a las películas de cine negro. Te permite vislumbrar el deseo, la violencia, el odio, la belleza, el rencor, el arte, la vida, la muerte y esa anestesia llamada amor. Mi origen como oficiante está en el Gimlet.
Gin Fizz: El cóctel ideal para tomar a la una de la tarde, casi como si se tratara del desayuno. Los predilectos de Garci son los del bar del Hotel Palace de Madrid. Todavía recuerdo, a finales de los 70, la coctelera en forma de cañón que estaba en la barra del bar del Palace, el antiguo, el que yo conocí, con su sillón de cuero en forma de lágrima. El barman me comentaba que durante el 23-F, el cañón cambiaba de dirección constantemente sin saber muy bien en qué posición detenerse. Años más tarde, al ver que ya no estaba en el nuevo bar, pregunté por él y me dijeron que unos tipos lo habían robado durante una final de fútbol.
Como dice Garci, los gin fizz no susurran cosas de un tiempo pasado que descubren qué parte de lo moderno siempre viene de antiguo. El gin fizz hay que tomarlo en ayunas o casi. Gin fizz es lo que bebían en Las Vegas de los años 50 Sinatra, Martin, Davis y el resto de La cuadrilla de los once; Cole, Crosby y otros genios.
Manhattan: Garci nos recomienda que lo mejor es tomar un manhattan en Manhattan. Es el combinado urbano por excelencia. Cada trago nos aproxima a lo que hemos visto en cientos de películas.
Margarita: Con este cóctel relata sus encuentros con el director de cine Luis Alcoriza. Nos acerca a las montañas de Sierra Madre, donde los Huston, padre e hijo, Bogart y Tim Holt merodearon en busca del oro de los perdedores. La mejor receta para combatir la melancolía y el mal de amores.

Dewar's 12 Manhattan
Manhattan. Pídelo en Manhattan algún día.

Negroni: Es un cóctel de terraza, sol y periódicos. A ser posible, debe tomarse en Roma, en una trattoria de la plaza Navona. Antes de beber hay que levantar la copa al sol para que sus rayos incendien esa granada líquida que se balancea entre el hielo;  un mar rojo de icebergs y música de Nino Rota. Así es para Garci. A mí me gusta frío, sin hielo y con una piel de naranja.
Whisky Sour: Garci cuenta que Bill Faulkner lo puso de moda en Hollywood de los años 40 del siglo pasado. Cuando éste inició a su amigo Nunnally Johnson en el secreto del cóctel, la borrachera duró tres semanas. Acabaron en un albergue de parados. Y en un Festival de Venecia, a finales de la década de los 60, vio a Luchino Visconti y a Helmut Berger beberse media docena de whisky sour.
Y aún tiene tiempo Garci de hablarnos de un combinado sin alcohol que él llama adolescente: el famoso y maltratado San Francisco.
Espero que disfruten este libro como yo. Para mí es una joya, lleno de vida, sabiduría y clase.
Y para acabar, el diálogo de “Un ladrón en la alcoba“, de Ernest Lubitsch, con el que Garci empieza su libro:
Tiene que ser una maravillosa cena para dos. Quizá no probemos bocado, pero ha de ser maravilloso.
Entendido, barón.
Y, camarero…
¿Sí, barón? 
¿Ve esa luna? 
Perfectamente, barón.
Quiero esa luna en las copas.
Sí, barón. La luna en las copas.

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Javier de las Muelas

Creador de uno de los mayores proyectos de coctelería, presente en tres continentes (América, Asia y Auropa) en más de 20 establecimientos.

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