Milagro navideño

by François Monti

Estas son fechas para milagros navideños. La mayoría de las veces, disfrutamos de este tópico delante de nuestra pantalla, ya que Hollywood se hizo hace décadas con el papel de mayor proveedor de milagros en nuestras vidas. Este año, sin embargo, no tengo que dejarme convencer por algunas de estas películas. No, mi propio milagro de Navidad lo encontré en la vida real: me tomé un cóctel de Chicote. Sí, señor.
Tengo que aclarar dos cosas ya que mi formulación deja la puerta abierta a muchas interpretaciones. No, no estoy diciendo que me han preparado una receta de Chicote – esto no tiene nada de especial, ya que cualquiera puede hacerlo y que, además, no suelen ser muy buenos. Tampoco estoy hablando de un cóctel embotellado industrial – los que conocen el recorrido profesional del ilustre Chicote saben que cócteles embotellados por una empresa jerezana llevaron su nombre. No, para entender lo que digo, hay que leer mi frase del modo más literal posible: yo he bebido un cóctel preparado por la mano de Pedro Chicote. Teniendo en cuenta que el hombre murió (¡un 24 de diciembre!) hace casi 39 años, la cosa tiene su aquel…
La historia, tal y como la he podido reconstruir a posteriori, es la siguiente: si Pedro Chicote no regalaba nunca botellas de su peculiar museo (excepto al Fleming de la penicilina), parece que, a veces, homenajeaba a amigos y visitantes con un cóctel de elaboración propia, embotellado al momento para su posterior disfrute. Contaba para la cosa con bonitas etiquetas donde aparecía una caricatura suya y un espacio en blanco para rellenar a máquina el nombre de la fórmula.
Curiosamente, esto no lo he encontrado mencionado en ninguno de los cuantiosos artículos que se dedicaron a Chicote en más de medio siglo de fama, pero el dato es cierto ya que me presentaron hace poco el líquido sacado de una de esas botellas, preparado por Chicote hace más de cincuenta años. La historia es la siguiente: un tal Doctor Mataix trató a Chicote, y como agradecimiento, este le dedicó un trago, el ‘Dr. Mataix Cock-Tail’. Lo embotelló y se lo regaló. El médico nunca abrió la botella. Un buen día del 2016, con el barman y el médico ya fallecidos, me llegó un mensaje de Magel Monroy, joven barman de un céntrico hotel madrileño. Resultaba que estuvo hablando de Chicote con su segundo de cocina y éste le dijo que su abuelo era médico… Me imagino que ya habéis adivinado el nombre de ese médico…

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El recuerdo de quien cuida de verdad a su cliente, perdura“, afirma François Monti

El segundo de cocina aceptó deshacerse de una muestra del liquido encerrado durante décadas – muchísimas gracias a él. Y es así como pude catar un cóctel preparado por Chicote. Simbólicamente, elegimos realizar la cata en el Ritz de Madrid, donde Perico empezó sus andanzas en el mundo de las mezclas hace justo un siglo. Fue un momento lleno de emoción, para mí por lo menos.
¿Pero qué llevaba la receta? No teníamos ni idea antes de catarla, y no tenemos mucho más ahora. Seguramente, llevaba vermut u otro tipo de vino aromatizado y algún licor de naranja (o algún amargo con sabor a naranja, quién sabe…). El toque de oxidación nos llevó a pensar en Jerez o brandy, pero igual se explica por el paso de los años. En cualquier caso, y a pesar del medio siglo, se trata de un magnífico trago, con sabores fundidos y muy integrados. Me cuesta creerlo, pero es muy superior a cualquier receta de Chicote reproducida hoy en día a partir de sus recetarios. Muchas veces, el arte no está en la receta sino en la ejecución, digo yo.
Al fin y al cabo, mi milagro navideño se queda en mera anécdota. No tendría esta relevancia para quien no tiene interés en la historia de su oficio. Sin embargo, creo que sirve para subrayar dos cosas. El oficio del barman no es el de un cirujano, no tiene la misma importancia, pero el recuerdo de quien cuida de verdad a su cliente perdura. Todos los gestos cuentan y Chicote era un maestro de los gestos. ¿Cuáles son los tuyos? Por otra parte, y de manera supongo que más indirecta, la anécdota vuelve a destacar la importancia del tiempo. Ya lo comenté, no me gustan mucho las recetas de Chicote. Pero ésta, con 50 años, era excepcional (será quizás más por la historia que por el trago, dirán los escépticos, aunque no sea una época para los escépticos). La propia carrera de Chicote se forjó durante décadas. Hoy, ¿por qué no somos capaces de crear cultura, de ‘hacer’ industria en este país? Entre otras cosas, por las prisas. Lo que ayuda a educar al público no es cambiar de local cada 6 meses, lanzar proyectos, crear expectativas y abandonar la nave a las tres semanas, o hacerse brand ambassador después de dos años haciendo de barman. Pon un poco de Chicote (o de Boadas, Gaviria, Sanfeliu…) en tu vida. Deja al tiempo hacer su trabajo.

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François Monti
François Monti

Periodista y escritor belga afincado en Madrid desde 2009. Escribe sobre cócteles y destilados para varios medios internacionales.

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