¿Hasta dónde innovar en cristalería?

La coctelería tiene unas reglas de uso de la cristalería a priori estrictas. Pero… ¿hasta dónde hay que seguirlas? ¿Es un sacrilegio que te condena al infierno variar el uso de cristalería en los cócteles o, por el contrario, está bien buscar la originalidad y saltarse ciertas convenciones? De las conversaciones con nuestros expertos hemos sacado tres conclusiones. Puedes adaptarlas… o no.
Los clásicos, ni tocarlos.
Cuando se creó un cóctel, se creó con un sentido––Yanaida Prado es categórica––. Por supuesto que se puede evolucionar, pero hay cosas que no se tocan. Un Dry Martini no se puede servir con hielo pilé en un vaso largo. Se ha de ser respetuoso”. Miguel Pérez está de acuerdo, pero con matices: “Yo creo que sólo lo ortodoxo, los cócteles clásicos hechos con la receta tradicional, han de mantener su propio cristal. Si los has cambiado un poco, en cambio, ¿por qué no cambiar también el vaso?”

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¿Los clásicos no se tocan?

No se puede cambiar así porque sí.
Marc Álvarez es un hombre con un gran sentido racional de las acciones. Y lo tiene claro: “Todos los cambios de algo estrictamente preestablecido tienen que venir justificadas por una razón técnica de peso que mejoré notablemente el resultado final. Si no, es simplemente un show off”. Alberto Pizarro opina algo parecido: “Los cócteles clásicos están más ceñidos a lo estricto, pero en la creación se permite la innovación de la norma. Eso sí, tiene que estar muy justificada”.
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Innovación es bueno, ¿pero y si es sólo hype?

Si cambias, hazlo a lo grande.
“Hace ya tiempo que las reglas estrictas de la coctelería se abrieron y comenzó el debate ––prosigue Pizarro––. El punto de inflexión en la forma de servirlos fue cuando la transparencia dejó de ser un imperativo y se empezó a explorar el servicio opaco. A mi me abrió la mente ver, en 2009, un coctel en una copa opaca. En España, hasta hace cuatro años no era habitual usar copas o vasos opacos y ahora, en cambio, es habitual. Eso sí, la forma está siempre supeditada a la cantidad y al uso o no de hielo”. Miguel cree que “se debe variar y buscar la originalidad. Estamos en el siglo XXI y hay que dar siempre una vuelta de técnica; no me desagrada la idea de que se saque de contexto el cristal o las presentaciones”. Jordi Baqués también está por la labor de innovar “Mientras se conserve las particularidades para las que realmente se hizo un coctel en esa copa, ¿por qué no un diseño distinto con la misma funcionalidad?”
Ya lo sabes, todo cambia y todo se mantiene… filosofía de barra.

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