The Deuce: por el lado salvaje de la vida.

by Mar Calpena

Si eres de los que al llegar a casa al cerrar el bar se pone una serie, te recomendamos The Deuce (HBO), lo nuevo de David Simon (el creador de The Wire). Entre sus muchos atractivos cuenta con un protagonista barman, en el decadente Nueva York (y sus decadentes bares) de los años setenta.
Antes que nada: intentaremos hacer pocos spoilers, pero haberlos, los habrá.
Aunque The Deuce se ha publicitado justamente como un retrato coral sobre la prostitución callejera y los inicios de la industria del porno en los alrededores de Times Square en los setenta (o, como leí en el FB de alguien, algo así como si el Walk on the wild side de Lou Reed se convirtiera en una serie de televisión), lo cierto es que uno de sus protagonistas, Vince Martino (James Franco), es un barman, y que muchas de las historias se desarrollan entorno al bar de éste reflejan una etapa poco abordada en la historia de la coctelería y los bares. Porque mucho se ha escrito sobre Jerry Thomas, sobre la Prohibición y sobre la Segunda Edad Dorada, pero se ha abordado poco o nada la época menos brillante de los bares, y en particular, de la decadencia de aquéllos establecimientos donde no acudía la gente pudiente y respetable.

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No es fácil luchar contra el sexismo cuando te obligan a trabajar disfrazada de secretaria del 1,2,3. Foto: HBO.

Y eso es lo que es el Hi-Hat —basado en un bar que existió en la realidad—, el antro que dirige Vince Martino tras regentar la barra de un restaurante coreano. El Hi-Hat, que acoge a todo tipo de aves nocturnas, era un antiguo local gay –cerrado porque en el NY de los setenta una revuelta en un bar que había sido speakeasy durante la Ley Seca, el Stonewall, apenas había dado un primer paso en reivindicar los derechos de los LGTB, y era deporte de riesgo acudir a este tipos de bares— se reinventa como punto de reunión de chulos, putas, clientes y policías. Pero como le dice Martino a su jefe de barra, Paul (el único remanente de la etapa anterior del Hi Hat), “todo el mundo tiene derecho a tener un lugar donde evadirse”.
Una convivencia que no siempre es fácil. A partir de ciertas horas, es necesaria la seguridad… Además, en los setenta el sexismo estaba vivito y coleando, y a las barmaids se las obliga a llevar unas mallas como uniforme. Naturalmente, en los bares se fuma mucho, y las copas de cóctel conviven con cervezas malas. Es un gustazo jugar a parar la imagen en la televisión y fijarse en las marcas que pueblan la barra del Hi-Hat. Claramente, la dirección de arte de la serie se ha documentado cuidadosamente, porque se ven etiquetas largamente desaparecidas. El bourbon y los licores son los reyes; muchos parroquianos beben con pajita… Pero, y es un “pero” importante, la barra del Hi-Hat parece, a diferencia de lo que pasa en muchos bares del cine y la televisión, totalmente operativa.

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El equipo del Hi-Hat se completa con Paul, quien hacía extras de fin de semana en el mítico Stonewall. Foto: HBO.

No sé si el bar es un decorado o se ha empleado una localización real; sí puedo decir que la barra parece totalmente a punto para ponerse a trabajar en ella, con sus vasos apilados ordenadamente, sus estaciones con twists, su nevera con hielo, las muy americanas “pistolas” de refrescos, sus bolis junto a la caja… Pero un bar no es sólo su barra, ni sus bebidas, es también la gente. En un momento dado Vince le dice a Paul, “la primera vez que te vi supe que eras un buen bartender: estabas recomprobando el inventario”. Pero como dice un policia, “todo el mundo se merece un lugar en el que relajarse sin que lo molesten” y el Hi Hat se trata a todos los clientes por igual, por igual… de bien, sean quienes sean.
El trabajo sigue teniendo problemas que, en mayor o menor medida, continúan dándose hoy, como la conciliación familiar con unos horarios que van al revés de los de la sociedad, cierto clasismo e incomprensión hacia el oficio, sobre todo en el caso de las mujeres. Como postulaba el sociólogo Ray Oldenburg, un bar es un tercer espacio –un hogar lejos del hogar, y un entorno alejado del trabajo- en el que todos somos iguales porque todos podemos hablar mientras bebemos. El bar de The Deuce no es el mejor bar del mundo, ni se localiza en la época más brillante de la coctelería, ni tiene la parroquia más distinguida. Pero cada uno de sus poros respira verdad.

Foto de cabecera: HBO.

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Mar Calpena
Mar Calpena

Periodista y bartender. DEU en coctelería y mixología del CETT-UB. Está a cargo del proyecto Sapiens de los cócteles de la Fundación elBulli.

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