Los ‘guilty pleasures’ de los bartenders: qué beben cuando nadie les ve

by Laura Conde

Parecen intocables en su atalaya de zumos naturales, destilados perfectos y aderezos recién llegados de ultramar. Todo indica que en el olimpo de los bartenders no hay lugar para esos placeres culpables en forma de bebidas azucaradas y combinaciones lamentables que no harían sino acercarles a la mayoría de nosotros. O sí. Porque del mismo modo que el cocinero Sergi Arola asegura que no hay nada en el mundo que le guste más que un dónut (de azúcar, matiza), algunos bartenders también se vuelven locos por tragos tan poco glamurosos como los que vienen a continuación. Sí, ellos también pecan, y al fin han abierto sus corazones para confesar que, como tú y como yo, también tienen guilty pleasures.

Cócteles ‘creamy’

Desde el prestigioso Baobab Cocktail Bar coruñés, su bartender, David Ortiz, se desmarca de la exquisitez para confesarnos que daría su reino por un cóctel creamy. “Están bastante denostados y olvidados, pero es que a mí me rechiflan”, admite, divertido, consciente de que sus compañeros de profesión “lo tachan de guarrindongada”. Para Ortiz, “con la extensión de la coctelería en restauración, estos dessert cocktails volverán a escena, y confieso que a mí me gusta tanto tomarlos como prepararlos”. ¿Sus favoritos? “Desde el Grasshoper al Golden Cadillac”. Pero la cosa no acaba aquí. “Otro de mis vicios es mucho más terrenal, muy extendido en Galicia: el licor café con base de orujo. Una bebida considerada de ámbito rural y nada cool, pero que me sienta genial”.

Cóctel de postre, sí, siempre

Cuba libre

¿Cómo hablar de tragos míticos ahora denostados por la nueva coctelería y olvidar el legendario cubata? “Si no tienen Ginger Ale, suelo beber Ron Cola, e incluso ron con zumo de piña”, admite Alcorac Guedes, de Alma y Mezcla, en Gran Canaria.

Coca Cola light

A Pepe Orts, de Pepe Orts Mixología, en Elche (Alicante), le encontrarás tomándose una Coca Cola Zero o light tras una noche extenuante de trabajo, o en su defecto un vaso de soda con algo de limón exprimido. “Mi plan es convertirme en el primer bartender objetor de conciencia respecto al alcohol, y desarrollar mi carrera únicamente en base a la coctelería sin alcohol, healthy drinks y low alcohol”, explica.

El camino hacia una coctelería más consciente

Nestea

Aitor Landeta, de Residence Café, en Bilbao, se confiesa un fan de las bebidas azucaradas, sobre todo del Nestea. “Lo suelo mezclar con alguna ginebra cítrica para conseguir ese toque ácido-dulce que me parece refrescante”, señala el bartender, quien tampoco hace ascos “a una buena ginebra con zumo de naranja”.

Refresco de cola cero de marca blanca

Alessio Boatta, de Aqua Ocean Club, en Gran Canaria, no pone muchos remilgos con la marca de refresco de cola cero, así que es fácil encontrarle con una de marca blanca entre las manos. “Me encanta beberla acompañada de Bombay Sapphire y un twist de limón”, confiesa.

Licor de arroz

Es uno de los tres guilty pleasures del bartender Carlos Llaves, que suele pedirse uno “cuando salgo a cenar fuera o los domingos después del encuentro familiar: es un licor que se está poniendo muy de moda en la zona de Levante, y si le pones un toque de canela en polvo es mi trago favorito para la sobremesa”. A Llaves le encanta, además, tomar de vez en cuando “una copa de Jagger, un digestivo insuperable aunque muy denostado por los bartenders. Aunque en las grandes comilonas lo suyo es “acabar siempre con una copa de un buen umeshu”.

Un buen guilty pleasure

Negroni para principiantes

¿Cómo debe ser la experiencia de que te prepare un Negroni alguien que no ha hecho uno en la vida? Hay que preguntar a Mike Cruickshank, de XIX Bar, en Barcelona, que suele vivir esa experiencia a menudo. “Cuando voy a un establecimiento no especializado y me encuentro con alguien que no sabe preparar Negronis, a veces le voy dando indicaciones para que me haga uno”, señala el bartender, a quien tampoco es extraño ver con un vermut –“al que añado un chorrito de ginebra”– entre las manos.

Bitter Kas

“¡Me chifla! Es fácil de tomar y a su vez tiene esa complejidad de los amargos”, dice Héctor Henche, de Fizz Bartenders, en Barcelona, y remata: “es un refresco muy top”.

Agua con angostura

Así, a palo seco. Es el elixir que podemos encontrar en el bolsillo del bartender Esteban Pallavicini, de Nahual Cocktails. “Estoy enganchadísimo al santísimo bitter, de manera que siempre llevo en la mochila mini botellitas de angostura, por lo que pueda pasar”, señala. Y lo está no solo por motivos puramente sensoriales, sino también emocionales. “Porque nunca será una bebida, nunca será el ingrediente principal, nunca tendrá la caballerosidad del scotch, la alegría del ron, la pureza del vodka, la feminidad del champán ni el orgullo del mezcal, ni siquiera tendrá un lugar fijo ni se juntará con otras botellas, siempre estará relegada donde no moleste. Nunca será una estrella, nunca estará de moda, pero siempre será la que convierta una bebida cualquiera en un cóctel. Yo no quiero ser Messi ni estar en el centro del escaparate, yo quiero ser esa botella de angostura que mira el mundo detrás de sus hermanas, pero que siempre está allí”. Y es que hay veces –aplíquese a cualquier cosa en la vida– que amamos lo más inverosímil sin ser apenas capaces de explicar por qué. Quizás haya llegado el momento de dejar de asociar el placer a la culpa.

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