Los secretos de un buen ‘naming’: ¿Sabemos poner nombres a los cócteles?

Foto: Jason Leung

by Laura Conde

En materia de coctelería, no solo es importante saber crear, conceptualizar y preparar un buen trago: también hay que saber nombrarlo. Y no es tarea fácil, pues en muchas ocasiones no tenemos en cuenta una serie de consejos de los que va a depender que el nombre de la criatura acabe cuajando entre el público. “Cuando hablamos de Manhattan, Bloody Mary, Dry Martini o Negroni, nombres conocidos incluso para los no iniciados, hay que tener en cuenta que llevan mucha ventaja a los cócteles de nueva creación”, explica Sonia Fabregat, experta en naming de la agencia Madstudio, de manera que podemos concluir que sí, que son buenos nombres para un cóctel, todos ellos más que presentes en nuestro imaginario colectivo.

“A la hora de valorar un naming, la mejor manera de medirlo si ya lleva un tiempo en el mercado es determinar si funciona, es decir, si es memorable”, explica Fabregat, quien recuerda que, no obstante, “la percepción de los nombres es muy subjetiva, y depende de nuestra historia personal, experiencias, conocimientos, idiomas, etc.”. Dicho esto, y partiendo de la base de que el mismo nombre puede ser tan evocador como un zapato para muchos y pura poesía para otros, Fabregat se ha prestado a valorar el naming de algunos cócteles que hemos visto últimamente en diversos certámenes, aunque recuerda que “para valorar los pros y los contras se debe estudiar un nombre en profundidad, por qué se eligió, historia, origen, etc.”. Como dato curioso, Fabregat destaca que “ninguno de los cócteles de la lista tiene un nombre abstracto”, cosa que resulta curiosa, y sentencia: “un buen naming ayudará a triunfar a un buen cóctel, pero si el coctel no está rico ni un buen naming lo levantará”. Amén.

El Cubanito, de Leticia Arjona
Pese a que es un nombre que “no arriesga”, Fabregat destaca que “es un diminutivo y le coges cariño, es divertido y fácil de recordar y pronunciar”. Además, es profundamente evocador y nos traslada “a Cuba, sol, noches de fiesta y baile, Habana…”. Muy acertado.

Un sueño, de João Damiães
Fabregat destaca el uso de la letra eñe y los problemas que puede ocasionar a la hora de nombrar cualquier cosa. “Hay que pensar bien cuál queremos que sea el área de actuación del cóctel, pues la eñe no se entiende fuera y su uso mayoritario será siempre en castellano”, explica la publicista. Por otra parte, Un sueño es un buen ejemplo de la necesidad de plantearnos siempre las connotaciones y dobles sentidos de algunas palabras. “En este caso, si pensamos que es un cóctel que te hace soñar las connotaciones son positivas, pero cuidado, porque puede que haya quien entienda que te da sueño…”.

Merienda Canaria, de Beatriz Pitti
Esta creación de Beatriz Pitti es un buen ejemplo de un naming funcional, ya que contribuye a explicar un trago
inspirado en un dulce tradicional canario, de manera que es completamente descriptivo. Muy coherente”, señala Fabregat. Lo mismo ocurre con Fresh Oranges, de Claudio Esteves, un nombre que “sugiere al menos parte de su composición y eso ayuda a elegirlo, además de que denota frescura como valor positivo”. En la misma línea, Fabregat destaca Let’s go bananas, de Nicolás Muñoz, un nombre que, además de descriptivo, “es divertido, cosa que puede convertirlo en memorable”.

Merienda Canaria, de Beatriz Pitti

Remember, de Flávio Narciso
Si lo que pretende el cóctel es evocar sabores del pasado, tradicionales, Fabregat considera que este nombre, “que no destaca especialmente sobre otros”, puede funcionar.

La publicista considera, además, que “el idioma no es un tema menor, ya que si un cóctel nace con vocación internacional puede ser interesante que sea en inglés, aunque no hay que olvidar que últimamente lo latino está de moda”. En cualquier caso, es fundamental traducir siempre a otros idiomas para ver qué significa el nombre en otros mercados, pues existen “errores garrafales clásicos de productos que han salido al mercado y que, según dónde, significaban otras cosas, eran malsonantes o tenían connotaciones negativas”. ¿Cómo olvidar el Mitsubishi Pajero?

Happy T, de Tiago Santos
Pese a que sugiere felicidad, este nombre puede dar lugar a equívocos. “No se sabe si viene de happy together o pretende hacer un chascarrillo incorporando la inicial del bartender. En cualquier caso, tiene una sonoridad rara”, señala Fabregat.

All the small things, de Inés Martínez
Pese a ser un nombre interesante por su significado, Fabregat considera que es largo: “el naming cuanto más corto mejor”, sentencia.

Trotamundo, de Andrei Bleze
Aquí el primer diez de la lista en materia de naming, según Fabregat, por diversos motivos. “En primer lugar por lo que tiene de evocador: escucharlo es pensar en viajes y aventuras, de manera que lo asociamos a conceptos positivos. Y, por supuesto, por su sonoridad potente y contundente”. El hecho de que sea un cóctel con creme de cassís, suze, lima y tónica confirma que el nombre cumple con creces las expectativas.

Cariño, de Eric Van Beek
Comparte con Un sueño el problema de la ñ, que sin duda daría lugar a complicaciones en el caso de que se convirtiese en un trago reconocido internacionalmente, pero la elección del término es, según Fabregat, muy acertada. “Con esta palabra tan positiva da la sensación de que el cóctel estará rico”, señala.

Cariño, de Eric Van Beek

1300 millas, de Emmanuel Otero
Este trago es un claro caso de éxito en materia de naming.
1300 millas es la distancia entre Nueva York y La Habana, un dato que puede hacer que el nombre se recuerde fácilmente, además de contar una historia por sí solo”. ¿Acaso hace falta algo más?

Carousel, de Moe Aljatt
“Serio, elegante y con clase”, señala Fabregat sobre uno de sus nombres preferidos del listado, que solo tendría un pero. “Poca gente aquí lo pronunciará como toca y se acabará castellanizando”.

Look for the silver lining, de Loreta Toska
“Look for the silver lining significa que cada contratiempo que causa daño también contiene un potencial para un resultado beneficioso”, señala Fabregat, que se aventura a afirmar que este nombre podría venir de ahí, cosa que le parece un acierto. La experta señala, además, que “más allá de dónde venga, no me parece un mal nombre para un cóctel”.

Look for the silver lining, de Loreta Toska

Libertad, de Tiago Castro
Un buen nombre. “Es evocador, positivo, produce curiosidad y apetece. Poco más se puede pedir a un cóctel”.

El Luchador, de Matías Iriarte
Uno de los hits de la lista para Fabregat. “Es un nombre contundente, que denota que estamos ante un cóctel potente, y el naming aporta diferenciación”, una cualidad fundamental para que un nombre sea extraordinario: “no se parece a otros”.

Elixir Tropical, de Maurizio La Spina
A Fabregat le gusta este nombre “muy sugerente, capaz de crear expectativas”. Lo contrario le ocurre a Wind, de Yeray Monforte, “cuyo aspecto positivo es que es un nombre corto y fácil de recordar, pero le falta distinción, es un poco plano”.

Flight 1862, de Sandro Pimenta
Atención, porque este trago hace referencia a un desastre aéreo. En principio, Fabregat “nunca lo escogería sobre papel”, aunque en ocasiones hay que dejar la puerta abierta a lo imprevisible, y determinados nombres que a priori son inviables acaban irrumpiendo con fuerza sin que se sepa exactamente por qué. Esa es la precisamente la grandeza del naming, una ciencia felizmente inexacta que en ocasiones da resultados inesperados.

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LAURA CONDE
LAURA CONDE

Periodista y cofundadora del portal GASTRONOMISTAS. Escribe y habla sobre gastronomía, coctelería, estilo de vida y tendencias en diversos medios de comunicación.

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