¿Nos miramos demasiado el ombligo?

Foto: Jonathan Hoxmark

by Mar Calpena

Hace unos días, cuando se publicaron las nominaciones a Tales of the cocktail, sólo había un bar español, el Two Schmucks de Barcelona (aunque con clientela y personal marcadamente guiris). Al saberse esto se oyó la clásica letanía de quejas y amargura sobre el estatus de eterna aspirante de la coctelería española. Como una suerte de selección de fútbol o de Festival Eurovisión, dice la leyenda que contamos con buenos profesionales, pero que eso no tiene el recorrido que debiera. Pero lo cierto es que para que un proyecto llegue a ser considerado por el jurado de las nominaciones es tan simple como que alguien lo proponga… ¿y ocurrió eso? Daba entender François Monti en su reciente post sobre las listas que igual no.

Otra de las grandes rémoras de la coctelería española es, de siempre, su escasa proyección internacional, fruto del poco o nulo conocimiento de idiomas de muchos profesionales. No ya en listas, pero sí en congresos o, simplemente, en la movilidad y capacitación de los profesionales. Parece mentira que en un sector tan dependiente del turismo haya locales en los que nadie habla un inglés medio decente, primero para entenderse con los clientes, y, segundo pero no menos importante, para lograr ese salto al exterior y enterarse de lo que se cuece en otros mercados.

Levanta la vista del ombligo y mira más allá

¿Sigo? Va, sigo. Los guestbartendings. Hemos pasado de que fueran algo excepcional, con grandes nombres de cuyo trabajo no se podía disfrutar si no era viajando, como si de un concierto de una superestrella del rock se tratara, a que haya tres por semana. Generalmente, a cargo siempre de los mismos, enfocados al cliente que también forma parte de la industria, y comunicados sólo en foros de amigos y colegas. Son eventos a los que difícilmente acudirá –en el caso hipotético de que llegue a enterarse- un cliente, aunque sea habitual, y que quizás aporten algún prestigio en el sector, pero que a base de repetirse en formatos casi clónicos le quitan ese brillo de ser algo especial y tienen una dudosa rentabilidad.

No seas pavo: el centro de atención no debes ser tú, sino los clientes

¿Más aún? La malvada prensa, que no habla de nosotros. Bueno, es que a la canallesca igual le fastidia un poco cuando se anuncia a bombo y platillo la inauguración de un local nuevo con un nombre mediático al timón que desaparece a la que pasan quince días. O que, en general, se entere por casualidad de los ya mentados guestbartendings.  O que se le manden notas de prensa llenas de perogrulladas e incluso falsesdades (cuidado, además: muchos periodistas, es cierto, no saben de cócteles. Pero aún así la mayoría tienen el detector de bullshit activado).

Sé que no son los únicos ejemplos de ombliguismo que podríamos citar; no es intención de este artículo hacer una rajada del sector, al contrario. A mí lo que me gustaría es que tuviéramos coctelerías reconocidas y rentables, que pudieran mirar a los ojos a las de cualquier lugar del mundo. Difícil, si mantenemos la mirada en el ombligo.

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Mar Calpena

Mar Calpena (Una o dos copas) es periodista y bartender, pero pasa más tiempo delante del teclado que detrás de la barra. Escribe para prensa, radio y televisión, sobre gastronomía, cócteles y otras cosas peregrinas y culturetas con poca relación con la comida.

Estudió en la primera promoción del DEU en coctelería y mixología del CETT-UB, y le hicieron repetir, en calidad de profesora, la asignatura de “Historia de la coctelería y el café”.

En la actualidad está a cargo del proyecto Sapiens de los cócteles de la Fundación elBulli.

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